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Un largo sueño o el inicio de la República Opinión

Un largo sueño o el inicio de la República

Francisco Maffioletti Celedón
Por : Francisco Maffioletti Celedón Docente Facultad de Psicología UDP
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Hace ya varias semanas venimos escuchando que Chile Despertó!…

Pero ¿cuál es la real dimensión de esa expresión? ¿acaso Chile estaba dormido?

Chile despertó significa que, por primera vez en la historia Republicana del Estado de Chile, se ha generado una identidad de pueblo de la cual sentirse orgulloso, que tiene una forma de ser y comportarse que se valida, y que produce sensación de pertenencia.

Chile despertó implica la asunción del criollismo sin complejos, y la exigencia de protagonismo en una patria que nos pertenece, ya no como ciudadanos grises, pasivos, indiferentes y desesperanzados respecto a su propio futuro, sino que, por el contrario, como protagonistas de un mundo posible. Ya no se está simplemente como cliente que recibe un producto que no lo deja totalmente satisfecho, y que murmura callado su disconformidad, en voz baja para que lo escuche solo el del lado, sino que hoy asistimos a la asunción de una posición de ciudadano, de sujeto activo de su bienestar presente, como insubordinados guerreros que buscan revelarse ante tanta injusticia e inequidad, decididos a tomar el rumbo y liderar esta cambio tan necesario como urgente.

Chile despertó!!! Se escucha en las calles, veredas y plazas… así como un mantra identitario que exhibir y gritar a los cuatro vientos, reivindicando lo autóctono, lo simple, lo natural, como nuestra tierra y sus paisajes agrestes, en contraposición a la cultura arribista, “emprendedora”, propia del neoliberalismo individualista del chicago boy chilensis.

Chile despertó, como algo más que una consigna, como una forma honesta de pararse ante el destino y decir, si es chileno es bueno, pero sin esa farsa de la chupalla y el poncho, del curadito de la fonda dieciochera, del huasito inculto, humilde y simplón de ojotas, sin la careta de lo típicamente chileno.

El Chile despertó, de un genuino espíritu nacional, sin arrogancia ni disfraz, donde lo propio será mejor que la impostura tercermundista de creernos los europeos de Latinoamérica. Chile despertó para validar lo propio por sobre lo impuesto, mediante la identificación con la bandera mapuche, con el derecho a vivir en paz de Víctor Jara, de asumirnos pisoteados y decir “el agresor eres tú”, así sin complejos, reconociéndonos en nuestra fragilidad de víctimas, de pueblo históricamente maltratado, de pobres pero honrados, de lo justo en la medida de lo posible, y de la constante amenaza de un alzamiento militar que nuevamente destruya nuestras vidas y todos nuestros sueños, tan costosamente recuperados.

Chile despertó como nación, que ya no será más gobernada por el patrón, sino por una dignidad emergente y castiza, una mezcla nativa de orgullo nacional sin chovinismo, que está dispuesta a dejar ese falso  y prometedor sueño neoliberal de trabajo, bienestar y chorreo, exigiendo un nuevo pacto social constituyente, que instaure de una vez por todas un nuevo orden, porque Chile Despertó para quedarse!!!.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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