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El lugar del deseo y los simulacros de poder del Presidente Piñera

por 8 abril, 2020

El lugar del deseo y los simulacros de poder del Presidente Piñera
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Parte importante de la reacción de la gente en las redes sociales, incluyendo la opinión de Carlos Peña en los medios de comunicación, sobre la presencia del presidente Piñera en la Plaza de la Dignidad, aluden a la situación como un acto de provocación, burdo, grotesco, innecesario, sin embargo, desde la biografía de poder que ha expresado el presidente Piñera en diversas situaciones, lo que se evidencia es un reconocimiento en diferido desde su no poder, su no pertenencia a ese lugar.

El presidente Piñera sabe que jamás podrá alcanzar ese poder y que nunca le pertenecerá, ni será primera figura, tampoco apenas miembro de ese lugar de poder. Lo único que le queda es la mueca diseminada, la pose desfasada, la puesta en escena diferida, sus simulacros de ejercicio de poder en el lugar de sus deseos.

La puesta en escena en la Plaza de la Dignidad o ‘Plaza Baquedano’ para el abogado Peña es la misma que hizo en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Piñera, dentro de su dimensión presidencial, no se conforma con sentarse en La Moneda. En un mundo paralelo, le encantaría ser estadounidense y ocupar el sillón presidencial de esta nación imperial. Para sus adentros habrá elucubrado fuera de lugar y raciocinio ‘si pudo Obama, mejor yo que soy un Piñera Echeñique’. En esto consiste la abismal debilidad de su poder y su deseo por lugares que no le pertenecen.

En el fondo, más que provocación, lo que hizo el Presidente Piñera ubicado a los pies de la estatua del General Baquedano (el mismo que acompañó al Presidente Balmaceda en el bando perdedor de la crisis de 1891), fue un gesto de reconocimiento a esa ciudadanía chilena que asumió épicamente el poder vacante un 18 de octubre del 2019. En esos millones de chilenos y chilenas multiplicados en las plazas de las dignidades por todo el país se desató un poder mayor que el del 5 de octubre de 1988 y esa plaza, ante la ausencia de poder del Presidente Piñera representa el lugar del deseo, deseo de sentirse poderoso, aunque sea tan solo en su simulacro.

El lugar del deseo como fuente de poder, sea la plaza del pueblo o el sillón presidencial de la Casa Blanca configuran o constituyen ‘la différance’ a la que alude Jacques Derrida, algo que no se pueda simbolizar porque desborda la representación. Así como Piñera jamás podrá atrapar o alcanzar el sillón presidencial de la nación imperial, tampoco superará el desplazamiento o el tiempo y espacio diferido que ocurre entre su performance del deseo y el ejercicio de nueva ciudadanía que se ha expresado en Chile.

Lo que queda es su homenaje revelado, sacado a la luz por motivación propia, por su deseo de estar ahí, en esa fuente de poder, que tal vez, en tanto homenaje, no sea considerado como un gesto de importancia, ya que el poder pospuesto o diferido del Presidente Piñera, afecta drásticamente el significado de su propio mandato.

El neologismo de Derrida permite pensar el proceso de diferenciación más allá de todo límite. En la plaza desierta, la ‘presencia Piñera’ - ‘ausencia ciudadanía’, genera un movimiento de espaciamiento, un devenir espacio del tiempo, un devenir tiempo del espacio, una referencia a la alteridad. El otro y el mismo, ya que el mismo quiere ser el otro, o bien, como se indica desde la teoría de juegos, ‘el otro del otro es uno mismo’.

La mismidad Piñera se posiciona en modo trono o sillón presidencial a los pies de Baquedano, lo mismo que en la Oficina Oval de la Casa Blanca en presencia de Obama y ya sabemos que, en ese gesto en el lugar de los deseos, Baquedano estatua y Obama en persona dejan de existir. No sabe ni quiere ponerse de otra manera porque así entiende a quienes se ganaron legítimamente ese poder. Si las circunstancias se lo hubiese permitido, también se hubiese sentado o parado arriba de la cápsula que rescató a los 33 mineros en la mina San José el año 2010.

Por eso, más que símbolo de conquista, por sobre los demás, lo que se expresa es su ad-miración por los que habitan el lugar de su deseo. Le encantó estar en el lugar de Obama, le encantó estar lo más cerca posible de la foto icónica del estallido social, así como le hubiese encantado ser rescatado y rescatador real (ingenieros, colaboración internacional, familias) de los mineros en esa cápsula.

En una de esas, ‘la palabra soplada’ del consejero Larroulet al presidente Piñera se resignifica en su antípoda y deviene en reconocimiento y ese reconocimiento -sin querer queriendo- deviene en una valoración de la democracia participativa y ésta deviene en nueva constitución política, por ahora desplazada, diferida por la pandemia y la pandemia deviene en ecosistemas colaborativos en medio de la vida-muerte y la indignidad-humillación para hacerse tejido o texto en nuevos procesos creativos de legitimidad y dignidad impulsados por los que vendrán, por nuevos ejercicios de ciudadanía.

Hoy, tímidamente, lentamente, en tiempo real, están apareciendo otros lugares de deseo que desconoce el presidente Piñera y ocultan las expresiones de individualismo que aún habitan en nuestra chilenidad. Esos lugares se parecen en algo a la otrora casa-castillo de ‘Los Jaivas’ en Francia, un devenir espacio del tiempo y tiempo del espacio, plausible como referencia a la alteridad. Casas-Castillos o lugares de convivencia, solidaridad, creatividad y de reencuentros de amistad familiar en medio del Chile pandémico. La gente está aprendiendo nuevamente a hacer pan en sus casas.

Piñera hombre sufre, sonríe y se afana por el lugar de sus deseos. Desea lo que otros han hecho suyo por la legitimidad de sus méritos. Piñera especulador sabe reconocer una sandía calada para luego ponerle su propio precio, aunque no la haya sembrado ni cosechado y tampoco calado. De eso se trata finalmente la expresión más ultra del neoconservadurismo en Chile, marketeado como neoliberalismo.

Para Piñera vecino, el jardín de al lado siempre será más verde que el suyo. Puede que no lo sea, pero en ello consiste su biografía del poder y todo próximo lugar de sus deseos y sus simulacros de poder que pone de manifiesto su no poder ante los demás en búsqueda de reconocimiento, no haciendo otra cosa que reconocer a los demás ‘en cuerpo y alma’.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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