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Pedir, dar y recibir en tiempos de pandemia: el desafío es adaptativo

por 11 mayo, 2020

Pedir, dar y recibir en tiempos de pandemia: el desafío es adaptativo
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"En una crisis inédita como esta, nadie tiene certezas. Las autoridades avanzan a tientas, a ensayo y error, en medio de datos precarios y cambiantes. Por supuesto que pueden equivocarse."

La cita es de la columna de Daniel Matamala publicada hace dos semanas, y es relevante porque nos permite entender la dimensión adaptativa del desafío que estamos enfrentando. Lo han dicho varias autoridades de distintos colores: el contexto cambió y es necesario adaptarse. El tema central de este tipo de desafíos es que, frente a un contexto nuevo y desconocido todos necesitamos aprender -también las autoridades-, porque obviamente y aunque nos desilusione, ellas no tienen todas las respuestas.

He hecho talleres sobre liderazgo adaptativo (teoría desarrollada por R. Heifetz en Harvard) en Chile, Colombia y Argentina, y siempre veo algo parecido: en las personas persiste la idea de que los desafíos adaptativos “son un problema que deben resolver las autoridades, son ellas las que necesitan desarrollar capacidades”. El problema entonces está allá lejos, en las altas esferas tanto públicas como privadas. Cuando la paradoja es justamente esa: en los desafíos adaptativos las autoridades no tienen todas las respuestas, ni saben bien cómo resolver el problema al que nos enfrentamos. Necesitamos aprender a generar nuevas respuestas en conjunto y en todos los niveles.

En la misma edición del diario me encontré también con una entrevista a una mujer que en su desesperación puso un tuit pidiendo ayuda (tanto ella como su marido están cesantes y tienen hijos y padres con discapacidad que mantener). Tras este tuit recibió aportes anónimos que le han permitido subsistir durante abril. Sin embargo, relata que cuando le contó a su marido, él se molestó porque le daba vergüenza recibir aportes anónimos. Relato este ejemplo porque creo que nos puede ayudar a pensar en un desafío que tenemos en común.

En un mundo individualista, donde la identidad se ha construido en base al esfuerzo personal, este contexto tan diferente nos enfrenta con una realidad nueva: nos necesitamos unos a otros y lo más probable es que los recursos fiscales no alcancen para cubrir las necesidades más básicas de mucha gente. Un desafío real y cotidiano para muchos de nosotros va a ser cómo pedir y recibir ayuda sin sentirnos avergonzados, o en su otra cara, cómo ofrecer y dar ayuda, resguardando la dignidad de quien recibe.

¿Cómo se hace algo así? Es algo que usted no sabe y yo tampoco, y eso se debe a la naturaleza adaptativa del desafío al que nos enfrenta esta pandemia. Necesitaremos ir probando como pedir ayuda sin sentir vergüenza, cómo recibir ayuda disfrutando y agradeciendo el regalo, cómo ofrecer ayuda sin humillar al otro y cómo darla resguardando la dignidad de quién la está recibiendo.

Los desafíos adaptativos nos ponen a todos (autoridades y ciudadanos/as) en un lugar incómodo, que a su vez es el lugar de la creatividad desde donde pueden emerger nuevas formas de convivencia. Formas de convivencia que reconozcan nuestra interdependencia. Que reconozcan que nos necesitamos unos a otros para seguir adelante en un contexto que solo va a ir aumentando en complejidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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