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Las falacias del "Apruebo" desde la opción "Rechazo"

por 24 febrero, 2020

Las falacias del
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La campaña del “Apruebo” enarbola tres argumentos centrales para atacar a quienes están a favor del “Rechazo”. Primero, las encuestas indicarían que existe una aplastante mayoría a favor de una Constitución completamente nueva. Segundo, que quienes voten “Rechazo” no quieren cambios y defienden el legado de la dictadura. Tercero, solo el “Apruebo” garantizaría paz social y gobernabilidad, es decir, fin a la violencia. En esta columna sostengo que todos esos argumentos son falaces.

Desmitifiquemos primero el tema de las encuestas. Hasta la fecha, las encuestas le imputan una abrumadora mayoría a la opción “Apruebo” en el plebiscito del 26-A. ¿Es una campaña testimonial para quienes apoyan al “Rechazo”? La respuesta es no, de ningún modo.

Para empezar, no sabemos si la tasa de no respuesta de los encuestados pro “Rechazo” es igual a la de quienes aprueban iniciar un proceso constituyente. Es absolutamente razonable pensar que la tasa de no respuesta es mucho más alta entre quienes rechazan. Luego tenemos el fenómeno de “la espiral del silencio” en las respuestas de los entrevistados. Como bien documentó décadas atrás la alemana Elisabeth Noelle-Neumann, la opinión pública puede transformarse en un mecanismo de control social sobre los individuos, quienes adaptan sus preferencias declaradas, en las encuestas, a lo que sería socialmente aceptable, por miedo al aislamiento (hoy a la funa).

Ejemplos abundan. Para el referéndum del Brexit en Reino Unido, todas las encuestas dieron por ganadora la opción de permanecer en la Unión Europea hasta último momento. En Colombia, para el plebiscito sobre los acuerdos de paz de 2016, también se produjo este fenómeno de voto silencioso. Hasta último momento, las encuestas subestimaron por un grueso margen a la opción “No” que, finalmente, se impuso en un apretado resultado. De hecho, una encuesta Ipsos inmediatamente anterior al plebiscito colombiano, le otorgó al “No” apenas un 34% de las preferencias, lejos del 50,2% obtenido en las urnas. ¿La lección? mirar menos las encuestas y observar con atención y empatía el dolor de miles de ciudadanos que se han visto afectados por la violencia desquiciada de estos meses, de quienes han quedado sin empleo y quienes sienten temor ante la posibilidad de perder todo lo que han avanzado en las últimas décadas, con mucho por mejorar aún ciertamente.

Veamos ahora la segunda falacia. Desde el variopinto campo del “Apruebo”, con predominio progresista, acusan que aquellos que están a favor del “Rechazo” tendrían una mentalidad ultraconservadora y de querer quedarse en un pasado que ya no existe. “Chile despertó”, argumentan, y una nueva Constitución escrita desde cero sería una suerte de imperativo moral. Pero están equivocados. El verdadero imperativo moral son las pensiones dignas para nuestros adultos mayores, salud y educación de calidad para todos, no solo para unos pocos. El imperativo moral es enfrentar de modo más frontal la desigualdad y los abusos.

Ahora bien, estas tres demandas nada tienen que ver con la carta fundamental. Quienes estamos por el “Rechazo Para Reformar” sí creemos que es necesario hacer cambios importantes a la Constitución, como terminar con el híper presidencialismo y avanzar de verdad en la descentralización, entre otros. “Rechazo para Reformar” es un voto constructivo. No significa dejar la carta fundamental, firmada por Ricardo Lagos y sus ministros, tal como está actualmente. Por el contrario, significa construir y mejorar muchas cosas, pero tomando como piso lo que existe, sin saltos refundacionales. Todo eso se puede hacer con una alta participación ciudadana por los canales institucionales que existen y los representantes electos por millones de votos en 2017.   

La tercera falacia es que, si gana el “Rechazo”, tendremos violencia y caos social, como incluso ha señalado nada menos que el presidente del PPD, Heraldo Muñoz. Totalmente alejado de la realidad, toda vez que quienes promueven y practican la violencia irracional no están interesados en iniciar un gran diálogo constitucional con tolerancia y pluralismo. Solo quieren destruir.

Nadie puede creer que quienes queman calles y edificios, atacan a Carabineros, rayan paredes con amenazas y siglas ACAB, los anarcos y los narcos, buscan sentarse a escuchar con respeto las posturas de quienes piensan distinto. Ese argumento es, en el mejor de los casos, ingenuo. Por otro lado, quitarle por secretaría la legitimidad a la opción “Rechazo” es negar la esencia de la democracia. Es decirle a las chilenas y chilenos que votan por esa opción que son ellos quienes atizarán la violencia.

Hasta ahora, sectores del “Apruebo” de cara al 26-A han buscado reposicionar artificialmente el clivaje del “SÍ” y el “NO” de 1988. Lo hacen buscando una polarización entre buenos (por el “Apruebo”) y malos (“Rechazo”). Creo que precisamente ese discurso hará crecer el voto del “Rechazo”, sobre todo porque muchas chilenas y chilenos no quieren derrumbar la casa, porque en esa casa, con sus problemas y defectos ya señalados, han progresado como nunca antes en la historia de nuestro país.

“Rechazar para Reformar” es construir una sociedad de oportunidades reales, no de cartón, con mayores seguridades y combate frontal a los abusos. Pero sobre todo, de tolerancia y respeto a quienes piensan distinto, cuestión que es olvidada por muchos hoy en día…

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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