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Boric, el enemigo inmediato y algunas amenazas

por 6 agosto, 2021

Boric, el enemigo inmediato y algunas amenazas
El categórico triunfo de Gabriel Boric en las primarias de Apruebo Dignidad (AD) ha abierto la posibilidad cierta de instalar un gobierno de transformaciones en nuestro país. Terminó la indiferencia ante lo injusto y ya no podrán seguir jugando con la inocencia de la gente. El neoliberalismo, enemigo inmediato del pueblo chileno, está a las puertas de la muerte.
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Gracias al 18-O, se hicieron evidentes las demandas sociales, económicas y políticas de la ciudadanía, las que se encuentran claramente contenidas en el programa de Gabriel Boric, con propuestas no muy diferentes a las planteadas por Daniel Jadue: un nuevo modelo productivo, la defensa del medio ambiente, feminismo, descentralización y profundización democrática. Hasta aquí íbamos bien.

Sin embargo, Boric se enfrenta a algunas preocupantes amenazas. Los dolores de la derrota de Daniel Jadue, sorpresiva para sus partidarios, ha desatado cuestionamientos y enfrentamientos al interior de AD, que lamentablemente se han externalizado a algunos personeros de la Lista del Pueblo. El candidato triunfador ha sido calificado de “centrista” y cercano a la ex Concertación e incluso enemigo de los presos de la revuelta. Los enojos se convirtieron en violencia cuando Boric visitó el penal Santiago 1 y recibió agresiones de algunos jóvenes allí detenidos.

El resultado de las primarias ha puesto de manifiesto un cambio generacional en la política chilena. Los partidos y dirigentes que llevaron a cabo el tránsito de la dictadura a la democracia no fueron capaces de terminar con el neoliberalismo (y tampoco quisieron); por el contrario, lo consolidaron. Fueron los jóvenes, primero los de la enseñanza media y luego los universitarios, quienes prendieron la chispa de las transformaciones. Las movilizaciones en favor de una educación gratuita y digna se extendieron a demandas feministas, medioambientalistas, contra las AFP y por una salud decente. Y, no hay que olvidar, en la primera línea de estas luchas estuvieron Gabriel Boric, Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Karol Cariola.

Nosotros, los de entonces, que fuimos parte de la Concertación, pero que nos rebelamos ante una transición subordinada a los grupos económicos, y agotamos nuestra paciencia con la corrupción político empresarial, solo tenemos agradecimientos con esa juventud que anunció el camino de las transformaciones de nuestro país.

Así las cosas, resulta comprensible que la ciudadanía haya depositado en Boric su confianza para encabezar la candidatura presidencial de AD. Pero su camino no está sembrado de rosas. La derecha y los grupos económicos, acorralados en la Constitucional y en las elecciones regionales, intentan mostrar una cara más amable con la candidatura presidencial de Sichel: el gatopardismo al acecho. Y, por cierto, se resisten a la propuesta de cambios que representa Boric.

Pero, también, hay resistencias a la candidatura de Boric en el campo de la izquierda. Resistencias bien aprovechadas por los medios de comunicación del establishment, y que ayudan bastante a la derecha. Algunos dirigentes del PC no se reponen de la derrota de Daniel Jadue en las primarias y despliegan acusaciones sobre el comportamiento político de Boric: el acuerdo del 15 noviembre, la ley antisaqueos, la taza de té con Paula Narváez y la molestia que les provoca su defensa de los derechos humanos, independiente de regímenes políticos. Estos cuatro temas han sido debidamente fundamentados por el candidato e incluso él mismo se ha hecho una autocrítica sobre la controvertida ley antisaqueos.

Nunca hay que olvidar que el blanco y el negro están siempre presentes en política, como en la vida misma. Sobre las críticas a Boric, ¿quién puede tirar la primera piedra? Bien lo sabe la dirección de Partido Comunista, que no puede eludir su participación en lo bueno y malo del gobierno Bachelet y, sobre todo, lo saben las jóvenes comunistas, como Karol Cariola y Camila Vallejo, las que valoran a Boric y han depositado su confianza en él.

Una izquierda unida es necesaria para que Boric sea presidente y posteriormente para dar gobernabilidad al país. Porque terminar con el neoliberalismo exige desafiar a fuerzas poderosas: los grupos económicos nacionales y extranjeros, los economistas neoliberales, el duopolio de los medios de comunicación y la derecha de siempre. No será fácil tampoco reestructurar los aparatos represivos, así como terminar con la corrupción del Ejército y Carabineros.

El neoliberalismo es el enemigo inmediato y la derecha el adversario permanente. No hay que olvidarlo. Por ello preocupan las declaraciones poco afortunadas de algunos dirigentes del PC contra Boric, como también expresiones del alcalde Sharp, cuya propuesta de “levantar un candidato independiente” tiene más cara de personalismo que la búsqueda de una alternativa seria frente al candidato de AD. Finalmente, está la presencia de la Lista del Pueblo, que ha sostenido su independencia frente a todo el sistema político, pero que no puede eludir su compromiso con las transformaciones. Por cierto, será necesario un diálogo entre los adherentes a esta lista y AD para converger en posturas comunes y garantizar así el triunfo de la izquierda en noviembre.

La candidatura presidencial de Boric, como ha señalado Ernesto Águila, no necesita buscar su éxito en el centro Porque su programa tiene ejes en el ecologismo, feminismo, la regionalización, la precarización social y el cambio productivo, temas que trascienden largamente una geometría basada en representaciones políticas tradicionales (The Clinic, 20-07-2021). Por tanto, la consolidación de este programa asegurará un apoyo transversal de la ciudadanía chilena a esta candidatura.

La izquierda ha logrado un gran éxito en las primarias frente a la derecha. Este es un activo que abre camino a la formación de un gobierno transformador en el país. Sin embargo, las disputas al interior de Apruebo Dignidad y eventualmente con otros sectores más radicales pueden facilitar el triunfo de la derecha e impedir la muerte del neoliberalismo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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