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Dice que existen “personajes porfiados” que lo niegan

Villegas reafirma tesis de que Chile vive una “revolución” y cuestiona a quienes hablan de meras “demandas ciudadanas”

por 24 abril, 2013

Villegas reafirma tesis de que Chile vive una “revolución” y cuestiona a quienes hablan de meras “demandas ciudadanas”
Un factor que incide a su juicio es la deslegitimación de “todos los componente esenciales del sistema de ideas y valores que sostiene el actual orden social: el lucro, el éxito medido por el dinero y la posición social, el deterioro en credibilidad de su principal confesión religiosa, el virtual desmoronamiento en la fe pública de instituciones vitales como las de la política y la justicia, el rechazo a los sistemas de salud y previsionales, por cierto al sistema educacional, a las tradiciones valóricas relativas al sexo y al género, a las normas de comportamiento cotidiano”.
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El columnista y sociólogo, Fernando Villegas, reafirmó su tesis respecto a que en el país se vive una “revolución” por todas las señales que existen, cuestionando de paso a quienes hablan de meras “demandas ciudadanas” que responden a una sociedad que está cada día más empoderada.

Así lo expone en su columna en La Tercera, en donde sostiene que hay señales claras de una “revolución que se ha echado a la boca y “está en trance de aprestarse a comérsela y digerirla”.

Sin embargo, el también escritor cuestiona a quienes no creen en estas señales, afirmando que hay “quienes no desean ni siquiera oír hablar de eso se obstinan en decir que no, que cómo se le ocurre decir eso, que se está exagerando, que todo no es sino “la demanda ciudadana de un pueblo empoderado””.

En ese sentido, Villegas recurre a su conocido sarcasmo y expresa que “estos personajes porfiados podrían decir lo siguiente: “es verdad que hay una enorme mayoría de jóvenes deseando cambiar o incluso demoler el modelo, un gran contingente de gente de izquierda redescubriendo sus aspiraciones, clichés y tropismos adolescentes, partidos y/o movimientos y/o sectas que agitan todo lo que puede agitarse, un Estado débil al cual le cuesta un mundo o hasta le resulta imposible imponer el orden, un discurso ideológico deslegitimando todas las instituciones del actual sistema, valores novedosos y “progresistas” imponiendo su devocionario con cierta violencia verbal y conceptual y echando a empujones del escenario a los antiguos, un elevado grado de crispamiento político y emocional dividiendo ya incluso las familias, amen de etnias y comunidades aspirando a la autonomía y otras acercándose a lo mismo, poderes paralelos –la calle y los movimientos sociales- atreviéndose a todo, incluso a bailar zapateado americano sobre la mesa de los Honorables, en fin, que hay eso y mucho más, pero aun así eso es sólo “la demanda ciudadana de un pueblo empoderado…”.

Villegas para explicar las razones por las que algunos no aceptan lo que está sucediendo en el país, señala que un sector de la población de 50 años, que experimentó “los años de beligerancia primero, de encarnizamiento después y al final de asfixia vividos entre 1971 y 1990”.

Asimismo, agrega que otro punto es el cine que “ha ayudado  a distorsionar el entendimiento del fenómeno. A la voz “revolución” asaltan la mente imágenes sacadas de una producción dde la Metro-Goldwyn-Mayer con desquiciadas turbas callejeras asaltando la Bastilla. O la clásica y muy latinoamericana de barbudos de uniformes verde oliva entrando a la capital, ya victoriosos, montados en jeeps y disparando al aire mientras un tirano de opereta huye tras bamabilas”.

En ese sentido, el columnista explica que todas las revoluciones muestran una matriz mucho más complejas que la que muestra el cine.

Añade que en todas las revoluciones existe violencia física, pero advierte que estas son menos, ya que en el 99% de la violencia que se ejerce “en escala mayor y abarca a toda o a una gran parte de la población es más bien verbal, simbólica e institucional; consiste no en golpes, disparos o guillotinas, sino en quiebres de costumbres, liquidación de intereses y prácticas y deslegitimación de los valores y normas de comportamiento del “antiguo régimen”, todo lo cual genera cambios de fortuna personal, cierre o apertura de oportunidades, comportamientos bruscos, acciones forzadas, quiebres emocionales, desconcierto y confusión”.

Respecto al tiempo cuando una sociedad comienza a transitar por un periodo de conflicto social, Villegas expone que en el país se presentan todas.

Al respecto explica que hay una generación joven que está involucrada no sólo en marchas por la calidad de la educación o por el no al lucro, sino que “en su inmensa mayoría, aunque hijos del modelo, son hijos pródigos que no tienen interés en regresar al alero parterno”.

También sostiene que una “proporción abrumadora de la población chilena entre los 15 y 30 años aproximadamente tiene cero apego al modelo, considera necesario modificarlo radicalmente o lisa y llanamente destruirlo”.

Otro factor es la deslegitimación de “todos los componente esenciales del sistema de ideas y valores que sostiene el actual orden social: el lucro, el éxito medido por el dinero y la posición social, el deterioro en credibilidad de su principal confesión religiosa, el virtual desmoronamiento en la fe pública de instituciones vitales como las de la política y la justicia, el rechazo a los sistemas de salud y previsionales, por cierto al sistema educacional, a las tradiciones valóricas relativas al sexo y al género, a las normas de comportamiento cotidiano”.

“¿Puede realmente creerse que cuando se han juntado todos esos ingredientes, dignos de una enorme y contundente cazuela, de ellos sólo emergerá un pálido caldo de hospital? La palabra “revolución” –o etapa prerrevolucionaria, si lo prefieren- puede ser innombrable, pero no parece haber otra que se ajuste mejor a lo que se siente, se huele y se ve en el aire”.

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