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Cómo proteger la piel ante un sol cada vez más peligroso para la salud

por 5 enero, 2020

Cómo proteger la piel ante un sol cada vez más peligroso para la salud
La exposición al sol durante la temporada de verano es sinónimo de vacaciones pero también de quemaduras y manchas en la piel. El daño acumulativo por la radiación ultravioleta puede desencadenar también en cáncer.
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Llegó el verano y las actividades al aire libre. Pero hay que tener en cuenta los riesgos de una exposición al sol prolongada o sin protección.

Que los rayos UV penetren en la epidermis no solo provocan quemaduras de distinto grado, sino que la alta exposición en verano no solo deshidrata la piel, también potencia el fotoenvejecimiento, acelera la aparición de arrugas y de manchas.

Además del daño progresivo, la acumulación de radiación solar aumenta las posibilidades de desarrollar cáncer de piel. Por ello, es esencial saber protegerla antes, durante y después del sol, durante todo el año y especialmente en verano. Es un cuidado que no se debe postergar.

Estos daños provocados por exposiciones al sol sin la protección adecuada, pueden verse acentuados en pieles sensibles como las de fototipo más claro, blanquecino y en las pieles secas. Las personas con estas características tienen menor cantidad de melanina (principal pigmento responsable del color de la piel y el cabello) y se encuentran más expuestas por la falta de pigmentos que protegen la piel.

Por ende, al contar con menor cantidad de melanina, pieles más claras se encuentran menos protegidas ante los efectos del sol y los filtros que la protegen se minimizan al incrementar la exposición a estos rayos UV. A su vez, las pieles secas también sufren durante el verano, esto a consecuencia del viento, la arena, la sal del mar, el cloro de piscinas y el sol que provocan mayor resequedad, provocando un aspecto más envejecido.

Uso adecuado de protector solar

1. Factor de protección

Cuanto mayor sea el factor de protección solar, mayores serán las posibilidades de estar protegido adecuadamente. La sensibilidad a la radiación varía con los diferentes tipos de piel, pero se recomienda usar al menos SPF 30, especialmente para pieles claras.

El ideal es un factor SPF50 mientras se toma sol, pero es necesario tener en cuenta el tiempo máximo de exposición, no más de 30 minutos y fuera del horario de las 14 y 16 horas. Posteriormente se debe nutrir y refrescar la piel.

2. Uso adecuado

Los protectores solares comienzan a hacer efecto inmediatamente después de la aplicación, pero es importante aplicar la cantidad adecuada del producto, por ejemplo, para la cara es el equivalente a una cucharadita. Hay estudios que indican que, en la práctica, las personas usan la mitad de la cantidad que se utilizó al realizar las pruebas. Esto refuerza la importancia de aplicarlo de la manera más uniforme posible para garantizar la protección y evitar quemaduras y manchas en la piel. También es importante seguir la información en la etiqueta del protector. En la playa o la piscina, donde la exposición es más directa y durante un período más largo, debemos realizar una nueva aplicación, porque perdemos protección por el sudor o después de un baño.

3. El mejor producto

Hay varios productos, fórmulas y texturas disponibles en el mercado, como geles, cremas, lociones, aerosoles. Acá los consumidores deben buscar protectores que les provoquen la mejor sensación. Esto se debe a que es fundamental que el usuario disfrute el producto y se sienta cómodo de incluirlo como parte de sus hábitos diarios de cuidado personal.

4. Días nublados

Más del 80% de la radiación ultravioleta (UVA) pasa a través de las nubes. Por lo tanto, es necesario usar protector solar incluso en días nublados, especialmente para proteger de este tipo de radiación que penetra más profundamente en la piel, causando fotoenvejecimiento.

5. Entornos cerrados

Es de destacar que el uso del fotoprotector es importante incluso en interiores. En estos lugares estamos expuestos, además de los rayos UVA que pasan a través de los cristales de las ventanas y continúan actuando sobre nuestra piel, también a fuentes de luz artificial que emiten otra radiación, como la luz visible, que contribuye al fotoenvejecimiento.

Recomendaciones generales para hidratar la piel

Pero ante las intensas olas de calor de los últimos días también hay cuidar y proteger la piel, por dentro y por fuera. Una ayuda son los suplementos naturales que contengan antioxidantes son capaces de atrapar los radicales libres que aumentan por la reacción química de la luz del sol en la piel.

“Las cápsulas de Maqui y Goji, ambos ricos en antocianinas y polifenoles son una importante fuente de antioxidantes. Junto al Betacaroteno, son la alternativa preferida para verano, ya que el pigmento liposoluble de color amarillento del betacaroteno, prolonga el efecto bronceado por más tiempo, sin embargo, no sustituyen los protectores solares, son complementos de protección”, explica María Elena Rudolphi, químico farmacéutica de Farmacias Knop.

  • Beber agua antes, durante y después de la exposición al sol, ya que con las altas temperaturas el cuerpo compensa el calor a través de la sudoración y esto puede generar deshidratación e inclusive marearnos. Llevar siempre una botella de agua es ideal.
  • Ducharse con agua templada, al salir del baño se hará de forma más fresca y así el cuerpo se adaptará más rápido al contraste con el calor del ambiente.
  • Proteger por medio de los alimentos, varios apoyan la restauración de los niveles de hidratación al consumir frutas jugosas, como melones y sandías. Otras frutas bloquean la acción de los radicales libres y los daños producidos en las células cutáneas con los ricos en antioxidantes, tales como guindas, frutillas, frambuesas, maquis, damascos, mangos además de las clásicas naranjas, ricas en vitamina c. No se debe dejar de lado las verduras con altos niveles de betacaroteno, como son las zanahoria, zapallo y espinacas entre otras.
  • Aplicar al cuerpo Aloe Vera es fundamental para terapias posteriores a la toma de sol, porque ofrece un efecto frío y al mismo tiempo cuida la piel. Además, ayuda a aliviar los daños de las elevadas temperaturas a las que se somete el cuerpo, se provoca una gran pérdida de agua cutánea y vasodilatación.

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