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Fatiga cognitiva: ¿qué nos hace sentir más cansados y desmotivados durante el confinamiento?

por 8 septiembre, 2020

Fatiga cognitiva: ¿qué nos hace sentir más cansados y desmotivados durante el confinamiento?
En instancias de alta tensión y estrés es normal sentirse más desconcentrado y con menos motivación para realizar las actividades diarias. La crisis sanitaria de Covid-19 ha hecho que estas sensaciones se potencien y se presenten más a menudo, esto producto de la irrupción de nuestra rutina y de la incertidumbre con respecto al futuro, entre otras cosas. Expertos recomiendan generar una nueva rutina adaptada al confinamiento, mantener pensamientos positivos y establecer diferencias claras entre el día y la noche, el trabajo y el relajo.
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A medida que van pasando los días con cuarentena, las posibilidades de sentirnos sobrepasados también pueden ir aumentando. La angustia y el estrés se ven reflejados en un mayor cansancio al momento de realizar actividades cotidianas que antes realizábamos sin mayores problemas. ¿Por qué ahora que estamos más en casa, nos sentimos más agotados para hacer nuestras tareas?

Esta sensación se suele conocer como fatiga cognitiva. Aparece en momentos de alta tensión y afecta tanto la vida personal como social de una persona. En situaciones de crisis, como la crisis sanitaria de Covid-19, puede sentirse de manera más constante en ámbitos cognitivos como la falta de concentración, la memoria, la concentración, entre otros. Y, por otro lado, a nivel fisiológico: trastornos alimenticios, trastornos del sueño, jaqueca constante, dolores psicosomáticos, etc.

“En el contexto Covid el concepto de fatiga cognitiva tiene que ver principalmente con que estamos frente a una situación de amenaza constante para nuestra salud, después viene la amenaza económica, con harta incertidumbre. Frente a la amenaza, la respuesta usual es la huída; y bueno, los humanos nos arrancamos. Entonces estamos en un constante estado de tensión e hipervigilantes frente a la amenaza, eso hace que todos nuestros pensamientos, nuestra atención y concentración está centrada en la amenaza”, afirmó Isabel Puga Young, vicepresidenta y coordinadora del Departamento de Comunicaciones del Colegio de Psicólogos de Chile.

Es frente a este contexto que, según lo mencionado por la especialista, uno está con mayor tensión de la normal, “hiperactivo, hiperatento, hipervigilante, hiperreactivo”. Lo cual termina afectando nuestra productividad y también nuestro ánimo.

“Lo cierto es que, si bien uno puede pensar que la cuarentena nos llevó a una reducción de nuestros esfuerzos físicos, nuestra mente se enfrentó con nuevas demandas de alta atención prolongadas en el tiempo. Además, los momentos de trabajo y descanso en la modalidad remota han perdido la frontera clara que tenían antes, provocando también una sensación de sobrecarga constante y dificultades para desconectarse”, indicó Pablo López, psicólogo y director académico de Fundación Ineco, a Infobae.

Problema mundial

Según se indica en este medio, el experto aseguró que en el contexto actual se debe entender “la fatiga mental como aquel esfuerzo atencional o cognitivo prolongado que lleva a una sobrecarga o agotamiento”. Esta se ve potenciada debido a que es una situación que está fuera del control de las personas, lo que hace que para muchos, una crisis con estas características, sobrepase los recursos que se tienen para manejarla.

En vez de tener certezas -como se solía tener antes de la pandemia, principalmente debido a las rutinas diarias- tenemos una incertidumbre constante: “Se pierde la sensación de control, la sensación de libertad y la de seguridad. Digo sensaciones porque son subjetivas, pero las vivimos como si fueran objetivas. Nosotros vivimos en un mundo que pensamos que es predecible, por las rutinas, por las capacidades y por las oportunidades. Y de repente como que todo eso se acabó, tenemos que estar confinados, no podemos movernos y además, no tenemos herramientas para enfrentar esta amenaza, más que quedarnos en casa, no salir y no relacionarnos con otros”, expresó Isabel Puga.

En una sociedad donde solemos estar en contacto con otros, no estamos acostumbrados a esto. Según lo expresado por la experta, las dificultades aumentan debido a que solemos superar las crisis acompañados de otros, con el apoyo social presencial y sintiéndonos parte de un grupo. Esta contención ha debido adaptarse al formato online, las videollamadas y el contacto por redes sociales.

Sobre todo los trabajadores de salud que se enfrentan día a día al virus, pueden sentir en mayores niveles y en menor tiempo este agote mental, llegando a producirse los burn out o desgastes emocionales. Tanto la presión de realizar un buen trabajo, como la tensión de enfrentarse día a día al Covid-19 y los casos más graves, significan una gran carga cognitiva y emocional.

Puga aseguró que es difícil medir el real efecto que ha tenido la pandemia en los ciudadanos: “Es difícil de pesquisar, porque como hay otros problemas asociados, lo que se ha observado por ejemplo, es el burn out que se está dando en los equipos de trabajo. Un aumento en estrés post traumático, eso tiene que ver con las licencias médicas, hay un aumento en estas, por depresión y por estrés, (...) como un 25% más. Investigaciones que le han preguntado a las personas cómo se han sentido, (...) se ve que hay como un 76% de personas que manifiestan que la pandemia sí les ha afectado, desde una cantidad hasta un extremo”.

¿Cómo percibirla?

La fatiga mental se nota cuando el rendimiento disminuye, pero al mismo tiempo el cansancio aumenta. Se perciben más problemas a la hora de concentrarse en el trabajo o en las tareas diarias, por lo que la motivación también puede verse reducida. Al mismo tiempo, la tasa de accidentabilidad puede aumentar, ya sea en cosas simples, como equivocarse al cocinar, o en incidentes como caídas por desconcentración.

En el ámbito emocional, un problema que conlleva es que muchas veces se ve acompañada de pensamientos intrusivos y negativos. Esta falta de energía y de rendición, afecta a nivel personal. Se ve dañada la exigencia de autoeficiencia, llevando a sentimientos de ansiedad y frustración.

“El desempeño afecta también la evaluación que se hace de uno mismo, que es como el autoconcepto, la autoestima, porque está asociado a la expectativa de autoeficacia. A la sensación de lo que yo puedo o no puedo hacer. Entonces resulta que ya no puedo hacer lo que antes sí podía”, afirmó la psicóloga. “Me siento incapaz, incompetente, no me relaciono. Esto incide también en la vida social, en las relaciones que establezco con los demás y en la adaptación a la situación en la que me encuentro”.

Recomendaciones

El especialista de Ineco consultado por Infobae e Isabel Puga, vicepresidenta del Colegio de Psicólogos de Chile, recomiendan intentar formarse una nueva rutina con horarios definidos, tratar de mantener el contacto de manera virtual con amigos y familiares, guardar las instancias de relajo y de entretenimiento, mantener las diferencias entre el día y la noche.

  • Tener una nueva rutina. Establecer horarios fijos de alimentación para mantener todos los días, los que más se acomoden al ritmo de cada persona. Entre estos tiempos dejar espacios determinados para el entretenimiento, ejercicio, alimentación y meditación.
  • Regular las horas de sueño. Sumado a esto, mantener las diferencias claras entre el día y la noche. Algo esencial es cambiar la ropa de cuando se está despierto y cuando se está durmiendo.
  • Tratar de evitar y eliminar los pensamientos negativos y la preocupación. Intentar que por cada pensamiento negativo, haya tres o cuatro positivos, por más simples que sean. Para esto puede ayudar la meditación o los tiempos de relajo.
  • Buscar terapia o apoyo en amigos y familia cuando la sensación de agobio aumenta.
  • Mantener momentos de distracción. Continuar socializando con las personas cercanas, a pesar de que sea de manera online. Si se está en la casa con alguien, generar instancias de actividades que distraigan y entretengan. “Esto contrarresta un poco el otro desgaste, que es el estar siempre atento e hipervigilante y en este estado de que estoy en peligro constante. Posiblemente estamos bajo esta amenaza, pero estoy con otros, y hay otros que están conmigo. Ese es como el secreto para resolver estos temas. El gran desafío es cómo hacerlo de forma no presencial”, concluyó Puga.

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