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Las zapatillas de Marty McFly: imaginación cristalizada

por 2 octubre, 2016

Las zapatillas de Marty McFly: imaginación cristalizada
En las sociedades abiertas todas las personas están expuestas a enormes fuentes de información y conocimiento, que en las últimas cinco décadas ha significado una mejora sustancial al bienestar de las personas. Donde uno mire, todo lo artificial, el paisaje antrópico, que rodea se da cuenta de que está hecho de pedazos de imaginación que han sido cristalizados.
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En 1989 se rodó la famosa película de ciencia ficción “Volver al futuro II”. Si no la has visto te cuento que la trama toma su argumento principal cuando el doctor Emmett Brown le dice a Marty McFly y a su novia Jennifer que deben ir con él al futuro, debido que sus hijos corren peligro. Marty, el Doc y Jennifer suben al DeLorean del tiempo para viajar desde el año 1985 al 21 de octubre del 2015.  Al llegar al futuro, dentro de lo mucho que ocurre, Marty usa unas tecnológicas zapatillas del futuro que se amarraban por si solas ajustándose a sus pies.

La mayoría de los que vimos esa escena quedamos fascinado con aquellas zapatillas, e incluso con ganas de tener un par para lucirlas. Es sorprendente como la ficción hecha película permitió plasmar lo que mentes futuristas habían imaginado. Pero más sorprendente aún es que casi 30 años después Nike lance la primera versión de zapatillas HyperAdapt 1.0. conocidas popularmente como “las zapatillas de Marty McFly”. Es decir, la imaginación a través de la película se hizo ficción, y hoy la imaginación a través de un proceso productivo se hizo realidad. Esto es absolutamente sorprendente. La compañía en el mes de marzo anunció su invento, recientemente dio a conocer sus detalles a través de un vídeo y se espera que a fin de este año se puedan comprar.

Algunas personas buscan una explicación a este fenómeno. Desean una respuesta que les permita entender como aquel invento o desarrollo ficticio, por muy descabellado que sea, se pueda volver realidad en algún momento de la historia o del porvenir. Lo mismo ha ocurrido con objetos o desarrollos ficticios, para la época, mencionados en obras distópicas por escritores como Julio Verne, Aldous Huxley o Herbert George Wells.

Personas más místicas hablan de que estos autores hicieron predicciones y presagios. Los más poéticos y románticos afirman que la ficción futurista sirvió de inspiración a personas creativas. No obstante, científicos como el destacado César Hidalgo, profesor del MIT Media Lab, dirían que este fenómeno no es otra que “imaginación cristalizada”.

"Lo relevante es que las sociedades que están abiertas al intercambio y a la libre interacción permiten que las ideas, creatividad e imaginación que existen se puedan conectar con el conocimiento productivo y la tecnología necesaria para su implementación. Tal como lo hizo Jorge Zúñiga, el científico chileno que está beneficiando al mundo con prótesis elaboradas en impresión 3D".

Eso que Hidalgo llama “imaginación cristalizada”, lo explica de modo muy didáctico en la segunda parte de su libro “Why Information Grows”. Usa un ejemplo muy ilustrativo relacionado a dos tipos de “manzanas”. Primero existe la manzana que uno toma de un árbol, la que es un producto que existe primero en el mundo y luego en la cabeza de alguien. Es decir, había una manzana antes de que tuviéramos un valor o un nombre para ella. La segunda “manzana” (la tecnológica), la que se usa para consultar e-mail, comunicarse o simplemente entretenerse, existió primero en la cabeza de alguien y luego se cristalizó en el mundo. Así que esta “manzana” es algo que se generó primero como una ficción y luego pasó a convertirse en realidad. La primera, la del árbol, se produjo a través de la evolución, mediante procesos de biológicos naturales, pero no fue engendrada en el sistema nervioso de una persona. Efectivamente las dos terminan siendo un producto, pero la segunda “manzana”, la tecnológica, es producto de “imaginación cristalizada”.

Con respecto a la “imaginación cristalizada” es necesario señalar que para cristalizar imaginación es indispensable tener la o las ideas junto con el conocimiento productivo necesario para implementarlas y llevarlas a cabo. Por tanto, en un mundo de diversos productos de carácter complejo se necesita tener una gran cantidad de conocimiento productivo, tan grande que es imposible que una sola persona en un solo lugar lo posea. Por eso, para cristalizar una sola idea se requiere una gran red de personas conectadas, de interacción libre, intencionada o no intencionada, de intercambio de información y conocimiento directo e indirecto, que está totalmente disperso, pero resuelve necesidades, donde existe la posibilidad cooperación sin coerción.

En este sentido, surge una pertinente pregunta ¿Qué tipos de sociedades son las que propician los espacios para cristalizar imaginación? O dicho de otro modo ¿cuáles son las sociedades en las que personas no solamente tienen ideas sino también el conocimiento productivo para implementarlas? Con respecto a esto, recientemente el Martin Prosperity Institute de la Universidad de Toronto dio a conocer su famoso estudio Índice Global de Creatividad 2015. Este estudio ordena en una lista a los 139 países más creativos del mundo. Para medir esta cualidad, el índice se basó en tres ejes principales: talento, tecnología y tolerancia. Lo que se concluye en este estudio es que el talento, la tecnología y tolerancia propician sociedades creativas, y todo esto está vinculado con el desarrollo económico y social de cada país.

Los diez países más creativos del mundo según este estudio son: Australia, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Islandia, Singapur y los Países Bajos. Esto países con frecuencia sobresalen en variados índices favorables de crecimiento, desarrollo y bienestar. Destacan por ser países abiertos, de economías libres, de bajos índices de corrupción y de estabilidad democrática. Algunos de ellos vienen con una larga tradición cultural e institucional que los hace destacar, y otro vienen realizando en los últimos cincuenta años reformas de apertura y de mayor participación democrática.

En fin, el tema de “cristalización de imaginación” da para largo y a cualquier sociedad que no se caracteriza por su desarrollo y solidez institucional le ofrece una profunda reflexión en cuanto a la necesidad de abrirse al mundo para ser beneficiario del bienestar ofrecido por la sociedad del conocimiento y la información.

En definitiva, son las sociedades abiertas; las de economías libres; las tolerantes y diversas, ricas en inmigración y con apertura a la emigración; que permiten a sus individuos moverse, expresarse y emprender. Son estas sociedades las que están a un lado o al otro de una gran red; exportando ideas para cristalizar o importando ideas ya cristalizada. Una sociedad pacífica de intercambio libre y voluntario.

Esta mirada debiera hacer reflexionar al mundo entero, pues no da lugar a la discriminación, al cierre de fronteras, a las guerras por intereses nacionales, ni siquiera al sentir nacionalista, ni a las sociedades cerradas, ni a gobierno tiránicos y totalitarios, ni a privilegios y regalías para algunos.

En las sociedades abiertas todas las personas están expuestas a enormes fuentes de información y conocimiento, que en las últimas cinco décadas ha significado una mejora sustancial al bienestar de las personas. Donde uno mire, todo lo artificial, el paisaje antrópico, que rodea se da cuenta de que está hecho de pedazos de imaginación que han sido cristalizados.

Nosotros vivimos ahora en un mundo que está hecho de imaginación cristalizada, así como las recientemente cristalizadas zapatillas de Marty McFly. Ahora bien, que sean zapatillas lo que se ha haya cristalizado puede parecer superficial habiendo necesidades más importantes en el mundo. No obstante, lo relevante es que las sociedades que están abiertas al intercambio y a la libre interacción permiten que las ideas, creatividad e imaginación que existen se puedan conectar con el conocimiento productivo y la tecnología necesaria para su implementación. Tal como lo hizo Jorge Zúñiga, el científico chileno que está beneficiando al mundo con prótesis elaboradas en impresión 3D. Eso es cristalización de imaginación.

 

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