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Las mujeres y un cuarto propio en cuarentena

por 19 abril, 2020

Las mujeres y un cuarto propio en cuarentena

Créditos: Jesse Yelin / Pexels

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Hace casi un siglo atrás, la escritora inglesa Virginia Woolf publicó su célebre libro “Un cuarto propio”, donde plantea la premisa de que las mujeres necesitamos un lugar cómodo materialmente para poder crear -ella aludía a escribir-. En tiempos de pandemia, podríamos decir que las mujeres necesitamos un cuarto propio, en el sentido de disponer de un lugar físico para estar seguras y también un espacio mental, emocional e íntimo para estar tranquilas y con nosotras mismas. La independencia integral de las mujeres cuestiona el rol femenino clásico que se ha enseñado como algo natural: casarse y ser madres. Históricamente, a las niñas se les inculca el ethos del cuidado hacia las demás personas, por sobre el autocuidado, de allí se derivan atributos como el ser ab-negada o el auto-sacrificio, se enseña a hacerse cargo de las demás personas, ya sea en las familias, los barrios o lugares de trabajo. Sin embargo, esos mandatos están siendo cuestionados.

Por otro lado, durante los últimos días hemos conocido en los medios de comunicación que las denuncias por violencia en contra de las mujeres y las niñas ha aumentado gravemente. A modo de reflexión crítica, me interesa cuestionar qué nos está mostrando el aumento de las denuncias por maltrato y violencia intrafamiliar durante este periodo de emergencia sanitaria. Las cifras se anuncian como si hubiéramos descubierto algo que permanecía oculto o inexistente, por lo tanto, resulta pertinente plantear algunas hipótesis al respecto.

¿Hoy la sociedad chilena está preparada para acoger a las niñas y las mujeres que lloran, gritan y piden protección? ¿Las instituciones del Estado estarán a la altura para responder a esta demanda ética? ¿Qué rol juegan los hombres, en tanto género, en este punto de inflexión?

En primer lugar, las autoridades políticas han interpretado que el aumento de las denuncias demuestra que producto de la cuarentena han ocurrido más ataques en contra de las niñas y las mujeres. En otras palabras, la variable de confinamiento obligatorio sería la causa del aumento de los niveles de violencia de género. Esta interpretación es reduccionista, porque se trata de un compljo fenómeno social que está vinculado a otras variables de corte político e histórico.

Recordemos que durante la última década nuestro país ha vivido reiteradas movilizaciones  sociales en diversas temáticas (educación, pensiones, medio ambiente, etc.); desde el 18 de octubre de 2019 estábamos viviendo una verdadera revuelta social. Asimismo, el movimiento feminista había logrado visibilizar las precarias condiciones de vida para las niñas y las mujeres, logrando una alta aceptación social y la instalación de una agenda feminista en el debate público. Sin duda, estos procesos sociales han tenido un impacto en la sociedad chilena. Entonces, podríamos plantear que el aumento de las denuncias también es un indicador de la toma de conciencia que han hecho las mujeres, después de haber recorrido un largo y difícil camino para reconocer la violencia como tal, perder el miedo y poner en práctica diferentes acciones de liberación, entre las cuales podría estar la búsqueda de ayuda en las redes de apoyo y la denuncia en las instituciones del Estado.

“Las mujeres nos cuidamos solas” decían las feministas que no pidieron permiso a las autoridades para convocar a la marcha del 8 de marzo y nos juntamos dos millones de mujeres en la Alameda y cantamos “el patriarcado va a caer”. Después, producto de la emergencia sanitaria, el Estado nos confina al hogar a cargo de dobles o triples jornadas de trabajo. Luego, niñas y mujeres denuncian la sobrecarga de tareas o que su hogar no es un lugar seguro para hacer cuarentena.

Cuando descubrimos que algunos femicidas ya tenían denuncias previas -incluso con medidas cautelares de alejamiento de sus víctimas- pareciera que algunos hombres se burlan del Estado o el Estado junto a esos hombres femicidas se burlan de los llantos y los gritos de las mujeres y las asesinan en total impunidad, solo por ser mujeres. En esos casos, las instituciones del Estado y la sociedad en su conjunto han fallado.

¿Hoy la sociedad chilena está preparada para acoger a las niñas y las mujeres que lloran, gritan y piden protección? ¿Las instituciones del Estado estarán a la altura para responder a esta demanda ética? ¿Qué rol juegan los hombres, en tanto género, en este punto de inflexión?

Hoy más nunca, las niñas y las mujeres necesitamos un cuarto propio para pasar la cuarentena y así poder cuidarnos, eso significa que debemos estar en lugares donde nos sintamos tranquilas y seguras, sin miedo, para que nuestro sistema inmunológico nos proteja del virus COVID19.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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