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Cuando denunciar no es suficiente: La deuda institucional con las víctimas de violencia intrafamiliar

por 1 febrero, 2021

Cuando denunciar no es suficiente: La deuda institucional con las víctimas de violencia intrafamiliar

Créditos: Foto de Joanne Adela Low en Pexels

Fernanda Romero está dentro del 15,5% de mujeres que señalan haber sufrido maltrato físico en algún momento de su vida, según una encuesta realizada por la Subsecretaría de Prevención del Delito. Pese a seguir los conductos formales para realizar las denuncias, aseguró nunca haber tenido un respaldo real de parte de las instituciones correspondientes.
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Era febrero de 2018 y se cumplía una semana desde que Fernanda se había ido a vivir con José, su pololo desde hace ya 5 meses. Era la primera vez que ella tomaba la decisión de mudarse con alguien. Habían elegido un departamento en un barrio tranquilo de la ciudad de Santiago. A pesar del poco tiempo que llevaban, la relación era intensa, así lo relata ella. José venía de Venezuela y llevaba poco tiempo viviendo en Chile, por lo que Fernanda se convirtió en su principal apoyo. Su relación era sana, no tenían mayores problemas, hasta que ocurrió la primera pelea. Fue una discusión violenta que terminó en golpes de él hacia ella, hecho que sería el primero de una seguidilla de episodios violentos. Esto no terminó hasta que Fernanda decidió irse de la ciudad que la vio crecer.

Todo comenzó en junio de 2017, cuando Fernanda regresó a Chile luego de pasar un año de un intercambio en China. Las experiencias que tuvo en ese país la tenían emocionada y con una autoestima alta. Cuatro meses después, Fernanda comenzó a chatear por una aplicación de citas, en la que conoció a un “amable y directo joven venezolano”, según lo describe ella, con el que comenzó una relación sentimental.

Primeras señales de advertencia

La joven pareja siguió conociéndose durante unos meses, hasta que Fernanda descubrió que estaba embarazada. Su reacción inmediata fue de no querer continuar con el embarazo, ya que no se sentía preparada para ser madre, por lo que decidió realizarse un aborto durante enero de 2018. En cambio José sí quería ser papá, de manera que le rogó en reiteradas ocasiones de que no llevará a cabo la interrupción del embarazo, pero ella no hizo caso y siguió adelante con su decisión.

Tiempo después de esto, la joven sería víctima del primer acto violento de su pololo. Fernanda quiso ponerle fin a la relación, pero al decírselo a su pareja, se desencadenó una violenta discusión. José la tomó de los hombros, y la zamarreó mientras le decía - Si tú me dejas yo le cuento a tu mamá lo del aborto -. Fernanda asustada, trató de liberarse de los brazos de su agresor sin eficacia, hasta que él la empujó contra un auto. En ese momento, ella decidió ponerle fin a la pelea dejando de forcejear y de esta forma logró tranquilizarlo, retirándose ambos del lugar. Después de este hecho continuaron su relación como si nada hubiese pasado.

Los malos tratos de José siguieron a lo largo de la relación, tanto así que en marzo de 2018, cuando Fernanda se fue de vacaciones a Estados Unidos con su familia, recibió múltiples mensajes de él amenazándola y haciéndole escenas de celos. Al volver de su viaje, nada había cambiado. Con el tiempo los hechos violentos se repetían continuamente, peleas y gritos en el departamento eran cada vez más comunes.

El caso de Fernanda no es un hecho aislado. En Chile cerca de 15,5% de las mujeres ha sufrido alguna vez violencia física según el último sondeo de la Subsecretaría de Prevención del Delito. Entre las consecuencias físicas del maltrato se encuentra lo siguiente:

La primera denuncia

La primera vez que Fernanda decidió interponer una denuncia fue un proceso engorroso e incómodo. El 26 de mayo de 2018, luego de recibir constantes quejas por parte de los vecinos, carabineros llegó a su domicilio. Dentro de la casa, José la estaba ahorcando con una mano, mientras que con la otra la asfixiaba con una almohada. Con la llegada de los policías, el agresor se hizo el desentendido, e incluso llegó a bromear. La joven decidió no pasar la noche en ese lugar y al otro día se trasladó a una comisaría en la comuna de Santiago para interponer la acusación por violencia intrafamiliar. “La primera denuncia fue un proceso horrible, porque el carabinero que estaba al lado del que me estaba tomando la declaración, se puso a acosarme. Imagínate, yo toda moreteada, asustada, con los pelos de punta y el carabinero joteándome”, narra Fernanda recordando lo incómodo de su primera denuncia.

La teniente de carabineros, Jessica González, quien trabaja en la 48ª Comisaría Familia e Infancia de la Región Metropolitana, explicó que Carabineros debería tener un cuidado especial cuando llegan denuncias por violencia intrafamiliar. “Nosotros compatibilizamos mucho, somos bien empáticos en el trato a la víctima. Está establecido a nivel institucional ciertas modalidades de cómo atender a una víctima de violencia intrafamiliar desde que llega a la unidad hasta que se retira. Aplicamos nosotros todo eso acá, y obviamente en las comisarías que son territoriales se trata de hacer lo mismo. Ante una víctima de VIF, la amabilidad y preocupación es lo que debe primar”, dijo la teniente González.

Carabineros evalúa las denuncias por violencia intrafamiliar con una tabla conocida como Pauta de Riesgo VIF. Sin embargo, este protocolo no siempre se cumple, como fue el caso de Fernanda. Luego de denunciar, el tribunal sentenció que José debía asistir a un centro de rehabilitación, pero el joven nunca concurrió, ya que tenían horas disponibles para un año más.

La segunda denuncia

A pesar de la denuncia, Fernanda decidió volver a vivir con José ya que pensaba que las cosas se podían arreglar. Pero las peleas continuaron. En julio de 2018, Fernanda decidió dejar el departamento que compartía con su pololo, lo que le dio mayor estabilidad a la relación durante unas semanas, sin embargo, cuenta que las agresiones hacia ella no se detuvieron. “Una vez discutiendo me rompió la nariz, me rompió parkas, celulares entre otras cosas”. Estos hechos llevaron a la joven a realizar una segunda denuncia en la 18ª Comisaría de Ñuñoa, esta vez luego de que José le mordiera un dedo, dejándole marcas y moretones. El carabinero que le tomó la declaración la cuestionó y la dejó en ridículo por continuar en esa relación, si ya había una denuncia anterior, según cuenta.

Josefa Araya, encargada de comunicaciones de la Fundación Antonia, institución que se dedica a realizar terapias de acompañamiento a víctimas de violencia en el pololeo, relató lo complicado que es para las víctimas denunciar. “Es horrible el proceso de denuncias en el país, demoran muchos los casos, la fundación está hecha para ayudar a las víctimas a enfrentar este proceso, pero sí o sí se debe cambiar el sistema legal para que se deje de revictimizar a las personas que deciden denunciar”, relata.

En una encuesta dada a conocer a través de un conversatorio organizado por la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres, entre junio y septiembre de este año, se recopilaron datos de mujeres de todas las edades, quienes respondieron preguntas acerca de violencia intrafamiliar. Con respecto a la percepción en el intento o en la denuncia efectiva ante carabineros, un 81% señaló tener una percepción negativa, mientras que un 14% dijo tener una percepción positiva (el otro 5% no supo qué responder o no respondió).

Alejandra Matus (@alejandramatus en Twitter), periodista especializada en investigación derechos humanos, comentó acerca de la percepción del proceso de denuncias arrojado en la encuesta. “Estos datos dan una sensación muy reveladora, existe una cadena de interacción entre la policía, fiscalía, tribunales que no se activa ante este tipo de denuncias, y deja esta sensación de que es al azar, de que te ganas la lotería si la denuncia progresa” dijo la también académica de la UDP en el conversatorio.

Un aspecto importante durante el desarrollo de una denuncia, corresponde al contacto que tienen las instituciones con las víctimas después de iniciado el proceso, ya que muchas veces estas no prosperan por diferentes motivos. Según la Subsecretaría de Prevención del Delito un 40,6% de las mujeres que han sufrido violencia dicen que fueron citadas a un tribunal, un 26,3% asegura que fue contactada por la Fiscalía, y un 10,4% fueron contactadas por Carabineros y/o Policías de Investigaciones.

Fin de la relación

Luego de tres meses desde que Fernanda dejó el departamento, y cuando se cumplía un año de relación, en octubre de 2018, sucedió el hecho que alejó a la joven definitivamente de José. Todo ocurrió luego de que asistieron a una fiesta juntos y al llegar a la casa él la violó. A la mañana siguiente, Fernanda al darse cuenta de lo ocurrido, le recriminó el hecho a José, quien solo se puso a reír. Esto generó que la víctima se fuera inmediatamente del lugar y de la Región Metropolitana, radicandose en el sur. Mientras estaba en el proceso de cambio de domicilio, Fernanda recibía mensajes por redes sociales de José amenazándola de muerte si es que no volvían a estar juntos.

Después de este distanciamiento total de todo lo relacionado a su ex pareja, la joven relata que vivió un proceso muy difícil, que incluyó depresión, crisis de pánico y mucha angustia. Estos síntomas son comunes entre mujeres que sufrieron este tipo de maltrato. Según la encuesta realizada por la Subsecretaría de Prevención del Delito, un 59,6% de las mujeres que dice haber sufrido violencia física, padecen angustia o miedo, otro 51,2% asegura tener tristeza, aflicción y depresión, mientras que otro 45,3% señala tener problemas nerviosos, tal como se puede ver en la siguiente imagen.

Para superar este trauma, Fernanda decidió unirse a un grupo de terapia y acompañamiento para víctimas de violencia de género llamado Fundación Anita, una institución no gubernamental dirigida por mujeres voluntarias que luchan para sanar y terminar con la violencia hacia la mujer.

Luego de 10 meses de terapia, Fernanda se enteró que la ex pareja de José había realizado una funa hacia él en redes sociales, contando una experiencia muy similar a la violencia que ella había vivido. “Durante mucho tiempo me sentí culpable por lo que me pasó, pero cuando me di cuenta que había otras víctimas, me di cuenta que yo no tenía la culpa, si no que él era la persona que tenía problemas.”

En septiembre de 2019 Fernanda tomó el valor para contar su historia a través de redes sociales, después de años de haber intentado protegerse a través de denuncias que no funcionaron y de la constante revictimización que tuvo que sufrir al hacerlo público de manera formal. La joven comenta que exponer su historia públicamente fue una de las únicas cosas que le dio seguridad.

Su testimonio se replicó cientos de veces, lo que generó que recibiera el apoyo de muchas personas, incluso algunas que no conocía. El impacto que tuvo su publicación hizo que José decidiera dejar Santiago e irse a vivir a Melipilla.

Finalmente, Fernanda tuvo la seguridad para regresar a Santiago después de un año desde que decidió hacer público su caso. Actualmente es publicista y tiene entre sus planes irse a vivir fuera del país. Asegura que no ha sido fácil para ella, aún quedan muchas heridas que le dejó su relación pasada, pero está determinada en que este hecho no la defina. “Esa Fer de la funa ya no soy yo, no quiero que la primera cosa que vea la gente en mí sea la mujer que fue violentada, porque yo soy mucho más que eso”.

  • (*) Las autoras son alumnas de la Universidad Diego Portales. Este trabajo lo realizaron en el curso de Redacción Digital, dirigido por la periodista Yanara Barra.

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