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Los Piñera en China: ¿qué nos queda cuando la elite pierde la vergüenza?

por 1 mayo, 2019

Los Piñera en China: ¿qué nos queda cuando la elite pierde la vergüenza?
Que se pagaron el pasaje, que costearon sus gastos, que solo tienen inscrito el dominio en la web, que son hijos del Presidente, por tanto, pueden viajar con él por derecho propio -y que para ellos ha sido una gran ocasión para conocer tan interesante país- son algunos de los argumentos que se esgrimieron para justificar esta clara muestra de amor paterno, que se traduce en poner el Estado al servicio de la parentela. Similares razones a las que se escuchan en los más diversos ámbitos, cuando se critica a autoridades públicas que toman decisiones que les benefician a ellos, a su círculo cercano, a sus correligionarios.
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En prensa, radio y obviamente en redes sociales, se elevó la temperatura política por los desaguisados alternos a la gira presidencial de Sebastián Piñera a China. Solo por nombrar algunos:  la promoción del Frei Presidential Wine por parte del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle -funcionario de este gobierno- a $ 900 mil la botella. Que no participaran representantes de Codelco, pero sí uno de sus principales competidores privados como es Antofagasta Minerals, a través del omnipresente Andrónico Luksic, o que no fuera invitado el nuevo ministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Andrés Couve, siendo que parte importante de las reuniones buscarían estrechar lazos en estos ámbitos.

Que fueran protagonistas principalmente las grandes empresas privadas. Las grandes que, también, serían las principales beneficiadas si el TPP11 pasa la votación del Senado programada para junio, ya que aunque en este tratado no están incluidas ni China ni Corea del Sur, son los que tienen posibilidades de exportar quienes ven con buenos ojos estos acuerdos de libre comercio global. No importa que por estos tratados ingresen con mejores posibilidades productos que competirán con los que se extraen y producen en Chile, afectando economías locales basadas en ganadería, artesanía, productos alimenticios. Si el vietnamita pangasius que afecta las pesquerías artesanales llega ya barato a los supermercados de todo el país, precedido por importantes cuestionamientos sanitarios, basta imaginarse lo que pasaría de incluirse en la lista del tratado ad portas de ser definitivamente ratificado.

Como guinda de esta agria torta se ha visibilizado la inclusión en la comitiva de los hijos de Sebastián Piñera, el team Piñera Morel. Que aunque se supone participan por cupo filial, asistieron a una importante reunión oficial con empresas chinas de tecnología. En un mundo tolerante a la corrupción y a justificar cualquier cosa, todavía se podría creer en la legitimidad de este hecho, siendo que Sebastián Jr. y Cristóbal tienen una empresa de tecnología. El problema es que dicha empresa tiene solo un mes de haberse formado. Por una bendita coincidencia, el viaje al gigante asiático les viene de perillas.

Por una parte están quienes justifican a una elite empresarial patronal a la cual no se le puede cuestionar, por estar por sobre el bien y el mal. En ella se incluyen tanto los partidarios del actual gobierno -militantes, funcionarios públicos- como quienes, sin considerarse ideológicamente de derecha, comparten la idea que el Estado es el espacio de los más vivos. Se echa de menos aquí a la centroderecha republicana, para la cual la probidad era un principio relevante.

Que se pagaron el pasaje, que costearon sus gastos, que solo tienen inscrito el dominio en la web, que son hijos del Presidente, por tanto, pueden viajar con él por derecho propio -y que para ellos ha sido una gran ocasión para conocer tan interesante país- son algunos de los argumentos que se esgrimieron para justificar esta clara muestra de amor paterno, que se traduce en poner el Estado al servicio de la parentela. Similares razones a las que se escuchan en los más diversos ámbitos, cuando se critica a autoridades públicas que toman decisiones que les benefician a ellos, a su círculo cercano, a sus correligionarios.

Una arista de esta discusión es ideológica. No técnica.

La liberalización de los mercados es una decisión política, donde se privilegia el comercio a todo evento sin importar muchas veces los que quedan en el camino: pueblos originarios, campesinos, la industria nacional en su globalidad. En el pasado quedó esa campaña que decía “si es chileno es bueno”, que para los adalides del neoliberalismo es añeja, en circunstancias que hoy en Australia el fomento del consumo de productos nacionales es ya una política pública, como recordara una columnista recientemente.

Pero hay otro espacio. El de la ética de lo público. De eso que nos pertenece a todos y a todas. Y aunque ahí no debieran haber dobles lecturas, sí las hay.

Por una parte están quienes justifican a una elite empresarial patronal a la cual no se le puede cuestionar, por estar por sobre el bien y el mal. En ella se incluyen tanto los partidarios del actual gobierno -militantes, funcionarios públicos- como quienes, sin considerarse ideológicamente de derecha, comparten la idea que el Estado es el espacio de los más vivos. Se echa de menos aquí a la centroderecha republicana, para la cual la probidad era un principio relevante.

Y por la otra, está la propia elite, desatada, intentando arrasar en múltiples territorios con ríos, bosques, glaciares, subsuelo. Incluido, era que no, el mar. Y todas las especies que de estos ecosistemas dependen, considerando también las personas, cuya salud es afectada por decisiones en pos de una productividad eminentemente extractiva. Que hace gárgaras con el calentamiento global, pero que no quiere ni le interesa vincular esta crisis civilizatoria con el modelo de producción y consumo a gran escala que fomentan.

Esa elite es la que ha perdido la vergüenza. Quizás nunca la tuvo, pero hoy actúa con una desfachatez propia de las películas que nos muestran un futuro regentado por corporaciones trasnacionales y gobernantes descarados. El chiste del Sebastián Piñera al informar que habría castigado a sus hijos luego del cuestionamiento público por el privilegio de participar en la gira presidencial para hacer sus negocios, es un botón de aquello. No les hace mella la crítica.

Y no les hace mella porque es probable que luego del vendaval esto no tenga costo alguno. Muchos seguirán votando por ellos y continuarán saliendo electos quienes justifican este tipo de acciones. Es probable que Sebastián Jr. y Cristóbal concreten a futuro muy buenos negocios gracias a este viaje y el padre algunas líneas tendrá en la historia de Chile, donde sus seguidores intentarán borrar estas nimiedades. Lo ocurrido, ante ese promisorio futuro, no será más que un tropezón en su desbocada carrera por el beneficio personal.

Porque cuando no hay consciencia pública, son solo los costos los que pueden parar la marea voraz. La pregunta es: ¿cuáles serán los que pagará este gobierno ante tanta falta de cívica responsabilidad?

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