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¿Cuánto daño puede causarle JA Kast a Chile Vamos?

por 2 julio, 2019

¿Cuánto daño puede causarle JA Kast a Chile Vamos?
El excandidato presidencial ya está demostrando que no tendrá problemas en atacar duro al oficialismo y provocar un quiebre interno. Por el contrario, ese será su objetivo durante estos años electorales. Si su referente es Vox, acabamos de ver cómo su dura posición provocó la derrota del PP. De seguro, el juego de Kast será competir “por fuera” y, en ese caso, se puede dar la paradoja de que la oposición termine ganando pese a que, si las elecciones fueran hoy, Lavín tendría muchas posibilidades. Si solo repite el 8% del 2017, el daño a la coalición de derecha será letal y es probable que aumente a los dos dígitos.
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En diciembre del año pasado, José Antonio Kast envió una carta al Gobierno y a todos los parlamentarios de Chile Vamos para pedirles que dejaran de “perseguir” a sus militantes. En la  misiva, criticó duramente a esa derecha que considera “liviana y acomplejada” y anunció que el 2019 sería un año clave para él. Luego, prácticamente desapareció del mapa durante varios meses.

Sus exaliados ahora entendieron el objetivo que tuvo el prolongado retiro del excandidato presidencial: preparaba el lanzamiento de su Partido Republicano. Pero también fueron notificados por JAK respecto  que estaba dispuesto a tirar el mantel y darle un golpe en el mentón al oficialismo y en particular al Presidente Sebastián Piñera.

Estas dos semanas, Kast ha dejado en evidencia que no tiene ningún interés en ser políticamente correcto. No busca agradar a la derecha en el poder ni le importa decir cosas que llegan a sacar ronchas en casi todo el espectro político, incluido Evópoli. Tampoco disimula su desprecio por las minorías. Sigue alabando a Bolsonaro, pese a que el ultraderechista brasileño está teniendo graves dificultades apenas a siete meses de llegar al poder, porque otra cosa es con guitarra, dicen. Tampoco oculta su simpatía por Pinochet, en momentos en que la derecha chilena intenta borrar sus culpas del pasado hablando contra Nicolás Maduro, como si no hubieran aplaudido de pie a nuestro propio dictador.

Republicano es un partido calcado de esos movimientos y también su estrategia y relato político parecen una copia de ellos: homofóbicos, antiinmigración, defensores de la familia tradicional y los “valores” católicos del siglo pasado, amigos de las armas personales para combatir la delincuencia, promotores de la baja de impuestos a los más ricos y críticos de un Estado protector de los más pobres. Vox incluso propuso en su programa la eliminación de la Ley de Género en España.

Pero convengamos que JAK tuvo que adelantar el anuncio de su Partido Republicano. De seguro estaba planificado para unos meses más, pero la súbita baja en las encuestas debe haber encendido las alertas en su entorno. Y, claro, el principal detonante fue que lo sobrepasó con comodidad Joaquín Lavín.

El largo silencio le pasó la cuenta y en la última encuesta de Criteria quedó en evidencia que Kast fue gradualmente bajando en su respaldo en los últimos seis meses, hasta perder el segundo lugar que ostentaba frente a Beatriz Sánchez, de hecho, cayó de 12% en diciembre a 9% en mayo, mientras que el alcalde de Las Condes, por su parte, en el mismo período subió de 6% a 11%. Además, en el sondeo del CEP, el líder del Partido Republicano ocupó el puesto 18 en la evaluación de personajes públicos versus el primer lugar obtenido por Lavín.

Sin duda, la puesta en escena del debut de Republicano estuvo inspirada en los múltiples grupos de extrema derecha que han brotado en los últimos años en el mundo, como Le Pen con su Agrupación Nacional –23,4% en las últimas elecciones de Francia–, Vox en España –hace unos meses obtuvo el 10.25% de los votos versus el 0.2% que alcanzó en 2016– o Alternativa para Alemania, que irrumpió en 2017 con un alarmante 13,2%.

Republicano es un partido calcado de esos movimientos y también su estrategia y relato político parecen una copia de ellos: homofóbicos, antiinmigración, defensores de la familia tradicional y los “valores” católicos del siglo pasado, amigos de las armas personales para combatir la delincuencia, promotores de la baja de impuestos a los más ricos y críticos de un Estado protector de los más pobres. Vox incluso propuso en su programa la eliminación de la Ley de Género en España.

La estrategia de Kast en estas semanas ha apuntado principalmente a generar dudas en un sector de la derecha que está claramente incómodo con la administración de Piñera. Provocó a los empresarios al lanzar su programa económico, afirmando que él sí se atreverá a bajar los impuestos y que uno de sus ejes será aumentar la edad de jubilación, ironizando con la incapacidad de este Gobierno de asumir las ideas de la derecha.

Pero también aprovechó su gira a España –en que fue recibido con entusiasmo por Vox– para apuntar sus dardos contra el Mandatario. Sus críticas fueron ácidas –especialmente en sus declaraciones en el programa “Gato al Agua”– y llegó a decir que el actual Gobierno no tiene carácter. Hizo un llamado directo a los desencantados que votaron por Piñera, que –para él– fueron engañados. Las reacciones en el oficialismo no se hicieron esperar, apuntando a la deslealtad de ventilar, en el extranjero, sus críticas: “Le está haciendo daño al país”, manifestaron desde la propia UDI, sus aliados más cercanos en la derecha.

Pero Kast sabe que el único espacio de crecimiento que tiene es quitándole electores a Chile Vamos. De hecho, en los días previos a presentar en sociedad su nuevo partido, circularon muchos rumores acerca de varios parlamentarios de Renovación Nacional y la UDI que abandonarían esa tienda para seguirlo. Sin embargo, y momentáneamente, los partidos lograron construir un dique.

Y aunque el mayor riesgo de que un porcentaje de sus militantes migre a Republicano está en la UDI, en RN también existe un grupo de derecha más ultra, del que salieron diputados en 2017, ya que al parecer no hubo filtro a la hora de asignarles un cupo y competir por ese partido. O pensaban que tenían nula posibilidad de ser electos, pero les ayudarían a sumar votos o, bien, son la expresión de una corriente interna que no molesta en esa colectividad, eso que Cecilia Pérez denominó el año pasado como “diversidad”, para calificar a los nostálgicos de Pinochet y su dictadura. Partiendo por la bancada evangélica, que criticó duramente a Piñera por aprobar la Ley de Identidad de Género y es liderada por un pastor investigado junto a su padre por enriquecimiento ilícito.

Lo cierto es que el Partido Republicano es una mala noticia para Chile Vamos. Kast ya está demostrando que no tendrá problemas en atacar duro al conglomerado de derecha y provocar un quiebre interno. Por el contrario, ese será su objetivo durante estos años electorales. Si su referente es Vox, acabamos de ver cómo su dura posición provocó la derrota del PP. De seguro, el juego de Kast será competir “por fuera” y, en ese caso, se puede dar la paradoja de que la oposición termine ganando pese a que, si las elecciones fueran hoy, Lavín tendría muchas posibilidades. Si solo repite el 8% del 2017, el daño a Chile Vamos será letal y es probable que aumente a los dos dígitos.

Definitivamente José Antonio Kast ya se convirtió en un dolor de cabeza para La Moneda y Sebastián Piñera. De seguro logrará atraer a varios de los díscolos y pinochetistas, como ya lo hizo con Ignacio Urrutia o "Rojo" Edwards. De seguro, también, tensionará las relaciones al interior de Chile Vamos, poniendo en una posición cada vez más incómoda a Evópoli. Es un hecho que ambos partidos no son compatibles en el conglomerado.

Y, por supuesto, su discurso radical podría ser una oportunidad para que la centroizquierda salga de su letargo, cada vez más confundida y que ahora suma a un PS en una crisis profunda. Está demostrado que, cada vez que se polarizan las posiciones –del tipo Sí y No–, la actual oposición logra rearticularse y conseguir una unidad basada en la visión del pasado, sin tener que plantear nada de futuro. Camino fácil, aunque carente de contenidos. Tampoco podemos esperar mucho más de la política chilena.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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