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Las lecciones aprendidas frente al coronavirus y la crisis climática

por 23 marzo, 2020

Las lecciones aprendidas frente al coronavirus y la crisis climática
Después de años de menospreciar la ciencia, Trump, Bolsonaro, Morrison, Sebastián Piñera y otros más están descubriendo que ella no es solo imprescindible para la supervivencia humana, sino también para su propia supervivencia política. La ciencia es la que desarrollará una vacuna para el COVID-19 y es la que viene hace años intentando convencer a los gobiernos y ciudadanos sobre la urgencia de solucionar la crisis climática. Se ha ocultado por demasiado tiempo la realidad de dicha crisis. Si Chile invierte en ciencia ahora, si invertimos en mantener sistemas de salud pública nacionales y mundiales sólidos, con fuerte apoyo financiero, estaremos mejor preparados para el próximo virus y para detener el cambio climático para el cual, desgraciadamente, no existe vacuna.
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Hoy el COVID-19 nos obliga a reflexionar sobre asuntos que irresponsablemente hemos descuidado en las últimas décadas. Entre ellos, la calidad de los sistemas de salud pública y la crisis climática que están poniendo en peligro a todos los ciudadanos presentes y futuros de este planeta. Si realmente nos preocupamos por la salud de nuestras comunidades y por los bienes comunes de la humanidad, no podemos seguir ignorando deliberadamente a la ciencia y debemos encontrar formas más inteligentes y sostenibles para impulsar el crecimiento económico, sin depender únicamente de los combustibles fósiles. Sería una ironía trágica sobrevivir al coronavirus, pero sucumbir a la alteración climática causada por los humanos. La mejor medida precautoria, evidentemente, nos exige que abordemos simultánamente ambos problemas.

La pandemia por el COVID-19 está invadiendo Chile. En China, países sudasiáticos, Europa y resto del mundo ha provocado más de 315 mil contagiados y cerca de 13.600 muertes. Ha determinado también un tremendo parón económico con un descenso superior al 25% en la quema de combustibles fósiles. Una cifra que no figuraba ni en las más ambiciosas de las metas del Acuerdo de París para este año. Paradójicamente, corresponden al tipo de medidas necesarias para frenar la crisis climática, las que los científicos del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) vienen exigiendo desde 2018, para conseguir que todos los países del mundo antes de 2050 sean carbono neutro.

En España, por ejemplo, la demanda eléctrica ha bajado más de un 10% en las últimas semanas. Gracias al confinamiento el consumo está subiendo en los hogares, pero ha bajado abruptamente en los servicios y en la industria. Igualmente, la baja en la demanda de productos petrolíferos ha sido muy significativa. El combustible que utilizan los aviones se ha reducido más de 70%. Igual sucede con gasolinas y gasóleos, con unas salidas inferiores del 14% de los oleoductos. En gas natural se mantiene el consumo. La tendencia indica que en los próximos días el recorte del consumo de combustible será mayor.

Las contradicciones de la pandemia

Un elemento positivo es que la suspensión del transporte por el confinamiento está ayudando temporalmente a mejorar la calidad del aire en México DF, Roma, París, Berlin, Nueva York, Santiago de Chile. Estas ciudades, que normalmente no respetan los límites de contaminación, hoy son las más beneficiadas. En la provincia de Hubei, China se ha calculado que la mejor calidad del aire puede haber salvado la vida de 4 mil niños menores de 5 años y 73 mil adultos mayores de 70 años. Es obvio, el mejor aire estaría salvando a más personas que las que el coronavirus está matando. Digno de estudio.

Es vergonzoso cuando un líder no acepta su responsabilidad por la ausencia de respuestas tempranas, ya que lo transforma en un actor inicuo que posterga acciones urgentes. También ha quedado claro a los chilenos que algunas autoridades no saben liderar. Son oportunistas. Por el contrario, un líder auténtico dice verdades duras en tiempos de crisis, no asume que tiene experiencia en áreas donde no tiene ninguna, se preocupa por el bienestar de todos los ciudadanos, no por las encuestas, y acepta siempre la responsabilidad tanto por fallas personales como institucionales. Más aún, al verdadero líder le importa más salvar vidas que crear situaciones propicias para ganar un próximo plebiscito o que su coalición gane en las futuras elecciones.

También es posible que los gobiernos a futuro podrían inclinarse a cambios estructurales en la economía, tomando en cuenta la importancia de mantener servicios de salud pública de excelencia, modernizar las cadenas de suministro, además de los cambios de comportamiento en la población resultantes de la educación a distancia y el trabajo remoto. Todas son experiencias que deberían ser aprovechadas por la acción climática una vez que haya pasado lo peor de esta crisis de salud.

Entre los aspectos negativos para la acción climática figura la desviación del capital político y financiero: los gobiernos están obligados a priorizar la salud pública y los bancos en dificultades pueden cambiar sus criterios de préstamo y utilizar la crisis para postergar los objetivos de la acción climática. Otra cuestión es que el uso de energía en los hogares ha aumentado en las últimas semanas, ya que más personas trabajan desde el hogar, y por mayor demanda de entretenimientos, las plataformas de interconexión de Internet están alcanzando rendimientos récord de datos.

Otro efecto nefasto es que en los países más afectados están apareciendo montañas de desechos domiciliarios y hospitalarios. En el futuro inmediato, para las bebidas en cafés y restaurantes veremos un incremento en el uso de elementos desechables no reciclables. China y en menor medida Italia y España están saturados con desechos médicos (a menudo artículos de un solo uso por necesidad). En la ciudad de Wuhan, se cuadruplicó a más de 200 toneladas por día.

Tampoco hay que olvidar que, cuando las recesiones cesan, comienzan a aumentar rápidamente las emisiones. Después de la crisis de 2008, las emisiones globales de CO2 de la combustión de combustibles fósiles y la producción de cemento crecieron un 5,9 por ciento en 2010, muy por encima de la disminución del 1,4 por ciento ocurrida en 2009. Por tal razón, los planes de recuperación bajos en carbono tienen que ser una prioridad en cualquier paquete de estímulos a medida que las economías se recuperan.

Sistemas complejos y perturbaciones

Después de años de menospreciar la ciencia, Trump, Bolsonaro, Morrison, Sebastián Piñera y otros más están descubriendo que ella no es solo imprescindible para la supervivencia humana, sino también para su propia supervivencia política. La ciencia es la que desarrollará una vacuna para el COVID-19 y es la que viene hace años intentando convencer a los gobiernos y ciudadanos sobre la urgencia de solucionar la crisis climática. Se ha ocultado por demasiado tiempo la realidad de dicha crisis. Si Chile invierte en ciencia ahora, si invertimos en mantener sistemas de salud pública nacionales y mundiales sólidos, con fuerte apoyo financiero, estaremos mejor preparados para el próximo virus y para detener el cambio climático para el cual, desgraciadamente, no existe vacuna.

El combate al COVID-19 está renovando el interés en la pregunta ¿cómo responden los “sistemas complejos” a grandes “perturbaciones”? Esta interrogante es vital en el trabajo de ecólogos, climatólogos, físicos, químicos, economistas, océanologos y sociólogos, entre otros. Aplicada a la crisis climática, trata de predecir las respuestas sistémicas, atmosféricas y oceánicas ante diferentes "estímulos fuerza", como son las erupciones volcánicas, grandes cambios en la producción de energía proveniente del sol o un ascenso constante de los niveles de CO2 en la atmosféra. ¿Qué sudederá en las sociedades humanas con el aumento permanente de las emisiones de CO2, sobrecalentamiento global de la atmósfera, cuando los desastres climáticos se hagan más frecuentes y severos?

En el caso del COVID-19, observamos que está provocando caos social, pánico sanitario, miedo generalizado por el desempleo, bancarrota o frenazo económico. Es decir, se ha convertido en una “perturbación” importante. Por las respuestas erráticas que se han dado en Chile, salta a la vista que la ignorancia científica ha sido la más inexcusable, ya que empieza por la autoridad máxima y se extiende hacia todos los estamentos de la administración pública. Se ha intentado reemplazar lo científico por la codicia y anteponer consideraciones económicas por sobre la salud y la vida de las personas. No en el discurso, pero sí en los hechos. ¿De qué otra manera se explica, entonces, que hasta hoy se resistan a declarar cuarentena nacional obligatoria para frenar la propagación del virus?

Es vergonzoso cuando un líder no acepta su responsabilidad por la ausencia de respuestas tempranas, ya que lo transforma en un actor inicuo que posterga acciones urgentes. También ha quedado claro a los chilenos que algunas autoridades no saben liderar. Son oportunistas. Por el contrario, un líder auténtico dice verdades duras en tiempos de crisis, no asume que tiene experiencia en áreas donde no tiene ninguna, se preocupa por el bienestar de todos los ciudadanos, no por las encuestas, y acepta siempre la responsabilidad tanto por fallas personales como institucionales. Más aún, al verdadero líder le importa más salvar vidas que crear situaciones propicias para ganar un próximo plebiscito o que su coalición gane en las futuras elecciones.

Debido a la ineptitud de nuestras autoridades para enfrentar la crisis del COVID-19 vamos muy atrasados respecto a las acciones que la administración pública debería haber comenzado en enero 2020. La desidia facilitó que los contagiados llegarán a nuestros puertos y aeropuertos e ingresaran sin ser examinados ni detectados a tiempo. Otro conjunto de factores negativos ha sido la falta de mensajes claros a los ciudadanos, la ausencia de informes educativos, científicamente correctos y precisos, junto con la preparación de estrategias para la coordinación nacional e internacional de los esfuerzos de respuesta. La infraestructura para realizar test a miles de ciudadanos debió estar lista hace semanas en todo el país, no solo en Santiago o capitales de las regiones.

Resumiendo, el Gobierno le ha fallado a Chile, no ha sido capaz de poner en acción una verdadera preocupación por la salud pública. También los especialistas y los medios deberían haber corregido, desde el día uno, las declaraciones erróneas sobre la gravedad del coronavirus. En cambio, en gran parte permanecieron en silencio. Hasta hace una semana, la población chilena tuvo que acudir a Internet y a las redes sociales para informarse, corriendo el enorme riesgo de ser mal orientada.

La mejor estrategia de supervivencia para la humanidad es pensar y actuar de acuerdo al “bien común”. Ningún país es una fortaleza inexpugnable contra un agente microscópico, un virus que puede engancharse en ropa, barco, tren o automóvil, ni a los desastres extremos provocados por el cambio climático. Son problemas globales que requieren soluciones globales. Apoyar organizaciones internacionales como la ONU y alianzas regionales y globales es una forma mucho más efectiva, para sobrevivir a la crisis climática o al COVID-19, que hacerlo solo.

Esta pandemia es una de esas crisis globales y nos está demostrando por la vía difícil que, cuando se movilizan los gobiernos y la gente actúa unida, se puede. Sí, se puede actuar solidariamente para vencer un problema global. Todos tenemos una inversión en el futuro: en nuestros hijos y nietos, y en “nuestra-una-sola-Tierra” que es nuestro único hogar. Por lo mismo, no podemos ignorar la realidad del sistema-Tierra que sufre un sobrecalentamiento sin precedentes en nuestra historia, niveles del mar en aumento, nieve y hielo en retirada, y cambios en la intensidad y frecuencia de eventos climáticos extremos como las sequías, incendios forestales, temporales, aluviones, huracanes, inundaciones, entre muchos otros. Asimismo, no podemos ignorar que las acciones humanas son parte importante de la crisis climática y, por lo tanto, deben ser parte de la solución. Continuar ignorando esta realidad no es una estrategia de supervivencia viable.

Nuestro principal obstáculo hoy es la “ignorancia deliberada” de muchos gobernantes, políticos, empresarios y poder financiero, que privilegian lo económico y las ganancias por sobre el bien común y la vida de las personas, tanto en la crisis climática como en el combate a la pandemia del COVID-19. Es un obstáculo potente que amenaza la vida, los ecosistemas y la salud de cada chileno, ahora y en el futuro. Tiene que ser superado. El plebiscito, la Constituyente y la próxima elección presidencial, son las vías propicias para conseguirlo. Ni más ni menos.

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