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Voces disidentes

por 15 mayo, 2020

Voces disidentes
Una parte de los dirigentes nacionales se conforma solo con la presencia en los medios de comunicación y mantener un porcentaje de adhesión que es cada vez menos influyente, ocupando como argumentación encuestas hechas con dudosa rigurosidad. También llama la atención la indiferencia demostrada, cuando renuncian parlamentarios, disminuyendo así también su votación en el Congreso. Pareciera ser que el objetivo es constituirse en una minoría, uniforme y útil a intereses individuales, porque de esta forma se renuncia a gobernar, sacrificando poner en la práctica el humanismo cristiano en las políticas públicas y, en cambio, se opta por una política de transacción con quien está en el poder –Gobierno, Parlamento, empresariado–, creyendo que de esa forma se puede influir.
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Hace un tiempo ya que un grupo de democratacristianos –que han sido honrados con altos cargos tanto de representación popular por sistema binominal como en el Ejecutivo– vienen haciendo denodados esfuerzos para que ese partido se sitúe en la derecha, cambiando su rumbo histórico y fundacional.

No es secreto que personajes como Jorge Burgos e Ignacio Walker, entre otros, han insistido groseramente, por medio de declaraciones y entrevistas, en apegarse al Gobierno de Sebastián Piñera y a Chile Vamos, para mostrar una autonomía respecto de la izquierda, debido a que consideran que la DC chilena se ha desdibujado por esta alianza y ha perdido electorado.

Misma tesis sostenida por varios otros exmilitantes, algunos hoy trabajando para el Gobierno de Piñera, defendiendo así este cuestionado modelo de desarrollo que, sabemos, no contribuye a la justicia social y, si aún piensan que lo es, se debe a que no entendieron el mensaje de la gente desde el 18 de octubre.

Lo complejo de la DC es observar cómo una parte de sus dirigentes se acercan a esa tesis, argumentando ser oposición colaborativa, apoyando las políticas impulsadas por estos sectores que tanto han dañado a Chile o callan, cuando los personajes más conservadores de la falange señalan que el camino es despegarse de la izquierda y hacer alianza con la derecha chilena, a pesar de no existir ninguna similitud ni de historia ni de principios con los partidos de Chile Vamos. Esto hace suponer que ese acercamiento poco natural tiene otros intereses, mucho menos nobles que los que impulsaron a la Democracia Cristiana a situarse como un partido coherente, robusto y popular.

Lo cierto es que esta intención de ser un partido situado a la derecha incomoda a muchos de nosotros, que ingresamos a la DC por su doctrina basada en el humanismo cristiano, ese que promovió la sindicalización campesina cuando los trabajadores de la tierra eran explotados por sus patrones y que lideró la Reforma Agraria que entregó tierras a los campesinos expropiando paños de tierra no explotadas por sus dueños. A esa Democracia Cristiana que luchó contra la dictadura, a diferencia de muchos de los adherentes y militantes de Chile Vamos que fueron defensores de esta sin mostrar ningún arrepentimiento y, es más, que aún justifican el golpe de Estado, afirmando que no hubo otra alternativa.

Eso representa la derecha en Chile, defensora del capitalismo salvaje e individualista, que pasa por encima de los derechos básicos de las personas, como salud, educación o pensiones, donde es común hoy ver viejos que mueren pobres después de entregar una vida al país.

Lo complejo de la DC es observar cómo una parte de sus dirigentes se acercan a esa tesis, argumentando ser oposición colaborativa, apoyando las políticas impulsadas por estos sectores que tanto han dañado a Chile o callan, cuando los personajes más conservadores de la falange señalan que el camino es despegarse de la izquierda y hacer alianza con la derecha chilena, a pesar de no existir ninguna similitud ni de historia ni de principios con los partidos de Chile Vamos. Esto hace suponer que ese acercamiento poco natural tiene otros intereses, mucho menos nobles que los que impulsaron a la Democracia Cristiana a situarse como un partido coherente, robusto y popular.

Una parte de los dirigentes nacionales se conforma solo con la presencia en los medios de comunicación y mantener un porcentaje de adhesión que es cada vez menos influyente, ocupando como argumentación encuestas hechas con dudosa rigurosidad. También llama la atención la indiferencia demostrada, cuando renuncian parlamentarios, disminuyendo así también su votación en el Congreso. Pareciera ser que el objetivo es constituirse en una minoría, uniforme y útil a intereses individuales, porque de esta forma se renuncia a gobernar, sacrificando poner en la práctica el humanismo cristiano en las políticas públicas y, en cambio, se opta por una política de transacción con quien está en el poder –Gobierno, Parlamento, empresariado–, creyendo que de esa forma se puede influir.

Debo decir que siento el deber, como vicepresidenta nacional del PDC, de entregar mi opinión disidente a esta estrategia desplegada en los medios por Burgos y Walker, que no tienen ninguna representación de la Democracia Cristiana, pues tengo la certeza de que aún existe el espíritu de los fundadores del partido desde Arica hasta Tierra del Fuego. Aún existen militantes y dirigentes territoriales, que han hecho todo para que la DC chilena sea una colectividad coherente, confiable y apegada a sus principios y doctrina humanista.

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