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El peor gobierno de la Concertación

por 5 julio, 2011

El presidente no puede culpar de la incapacidad para llevar a cabo el programa de gobierno ofrecido al pueblo, las trabas a sus políticas públicas y la aprobación de las leyes, ni al terremoto de febrero de 2010, tampoco a la descoordinación de los partidos que lo apoyan.
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Entre los veinte años de gobiernos de la Concertación y los cerca de dieciocho meses del presidente Sebastián Piñera hay una continuidad, salvo la diferencia en el personal político y, por cierto, las características de los partidos que componen las dos combinaciones. Para ser justo, en el mundo de hoy cuesta mucho diferenciar un gobierno de otro pues, efectivamente, quienes mandan son los bancos, las empresas y el FMI.

Menciono el gobierno de Sebastián Piñera como el último de la  Concertación, pues la derecha, a partir de 1938, sólo gobernó, con Jorge Alessandri, en una oportunidad, provocando un verdadero desastre, cuya consecuencia inmediata fue el fin de los  partidos Liberal y Conservador. El del Presidente actual es tan o más desastroso que el del hijo del León de Tarapacá.

El presidente no puede culpar de la incapacidad para llevar a cabo el programa de gobierno ofrecido al pueblo, las trabas a sus políticas públicas y la aprobación de las leyes, ni al terremoto  de febrero de 2010, tampoco a la descoordinación de los partidos que lo apoyan –estas dos situaciones también caracterizaron el gobierno de Jorge Alessandri – a lo mejor, sería una exageración sostener que la derecha chilena es incapaz de gobernar en democracia y sólo es exitosa en dictaduras de larga duración.

El presidente no puede culpar de la incapacidad para llevar a cabo el programa de gobierno ofrecido al pueblo, las trabas a sus políticas públicas y la aprobación de las leyes, ni al terremoto  de febrero de 2010, tampoco a la descoordinación de los partidos que lo apoyan.

Respecto al terremoto, el actual gobierno ha tenido cien veces más recursos que de los que disponía don Jorge, sin embargo ha sido cientos de veces más incapaz que el de su predecesor de la derecha democrática, (considere el lector que el terremoto y maremoto de 1960 fue el más destructor de la historia sísmica del mundo). Tanto en la Región Metropolitana, como en las zonas devastadas, la mayoría de los damnificados tendrán que afrontar y padecer los rigores del segundo invierno, bien como allegados o habitantes de mediaguas.

Al igual que Michelle Bachelet, su antecesora, Sebastián Piñera intentó gobernar prescindiendo de los partidos políticos o tratando a sus dirigentes como edecanes; en el caso del Presidente de derecha, conformando gabinetes con sólo empresarios amigos, sin considerar el desprestigio en que han caído, especialmente por los “fríos Polares”.

Seamos francos: RN es una verdadera sumatoria de ambiciones personales, donde conviven conservadores y liberales, viudos de Pinochet y miembros de la “pandilla juvenil”, como también algunos díscolos, por consiguiente, el partido del Presidente de la República le ha ofrecido a su gobierno poco peso político. Quien verdaderamente debiera mandar en este gobierno es la UDI, partido que se puede caracterizar de mil maneras: una especie de Falange  a la española, una derecha católica, un leninismo de derecha cuya organización interna es la antítesis de la democracia partidaria.

El candidato Sebastián Piñera, en la campaña a la presidencia, prometió que en su gobierno no se producirían los escándalos de toda índole que terminaron por arruinar a la Concertación; como en política todo es relativo, si compara los veinte años de la Concertación con los dieciocho meses de Piñera, el segundo saldría bastante mal parado: es un  verdadero récord de corrupción, donde nadie sale limpio – la ministra de la Vivienda, que se salvó de la acusación constitucional, especialmente por el caso Kodama; lo mismo ocurrió con la intendenta de Bío Bío; ahora con los alcaldes de Colina y Concepción, ambos de la UDI -.

En Educación y Salud se nota mucho activismo de ambos ministros, personas muy mediáticas, pero en ambos sectores predomina el “cosismo” por sobre las reformas de fondo y la solución verdadera a los problemas que aquejan a los ciudadanos.

Tiene suerte este gobierno, pues su derrumbe es equivalente al de la Concertación. Es muy triste que el duopolio de arrogantes termine en una crisis de representación que, finalmente, lleve al populismo.

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