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Lobos, corderos y la Constitución del 80

por 7 enero, 2015

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La falsa democracia y la ausencia de ética política y humana en la Constitución de 1980 ha dividido a la sociedad chilena en dos clases de ciudadanos: los que mantienen el poder político y económico y lo usufructúan y aquellos marginados de éste, sin posibilidad legal de alterar el sistema. Como hemos dicho en otros artículos, una sociedad con algunos miles de mandantes y muchos millones de mandados. Una sociedad de lobos y corderos. Proporcionalmente, una sociedad de pocos lobos, pero muchos, muchísimos corderos.

La contumaz hegemonía de los lobos, signada ésta por su individualismo extremo y su grandiosa insolvencia de carácter ético, señala que la realidad social exige un cambio drástico en el modo político de ejercer el poder. Nuestro país requiere de una urgente revolución de carácter ético y moral. Es necesario restablecer el valor de la vida humana y el de una auténtica democracia, consideradas ambas en todas su dimensiones. Por tanto, reasumir los principios éticos que deben regular la vida de toda sociedad, principios tan pisoteados y destruidos durante los últimos 40 años de nuestra historia nacional. Invalidados los caminos legales para esta lucha, cabe inventar nuevos recursos democráticos para modificar una situación insostenible.

Aceptarás que el sistema de organización democrática basado en la delegación de poderes y la representatividad política ha cumplido su ciclo histórico y ha devenido disfuncional en relación al nuevo marco tecnológico de las relaciones sociales que surgen de los tiempos nuevos. La resistencia e incapacidad inherentes de los partidos políticos para representar el pensamiento ciudadano ha eliminado toda legitimidad en ellos.

Quizás haya que empezar enfrentando a nuestra propia conciencia. Para reforzarla, creemos que se justifica enunciar ciertos conceptos básicos y adjudicarles el valor de una apelación dirigida a cada hombre, a cada mujer y cada joven de nuestro país, para avanzar en el objetivo de la subversión ética y política. A saber:

Primero:

Amarás y harás valer tu propio poder soberano por encima de toda consideración de orden político, sin otra restricción que el respeto por el derecho de otros, como miembros igualitarios de esta agrupación humana llamada Chile.

Tu poder político como ciudadano no es un regalo ni se origina fuera de ti. Tu poder político nace contigo y es, por tanto, propio, connatural, inclaudicable e inalienable. Nada ni nadie tiene facultad legítima para dificultar o impedir, bajo ningún pretexto o artimaña, tu derecho a determinar libre y democráticamente cómo tu vida y la de los demás miembros de la sociedad debe ser organizada y cuáles prerrogativas y deberes ello conlleva. Tu derecho a la expresión política, tu derecho a votar y a ser elegido, tu derecho a invocar y a participar en plebiscitos y elecciones de toda índole son el derecho sagrado de todo ciudadano. La única y fidedigna delegación de tu soberanía personal tiene lugar al realizarse una “asamblea constituyente”, reunión de ciudadanos que asume y ejerce el poder político propio de toda la comunidad. Por ello, es la máxima expresión de la soberanía nacional. Es este poder soberano –el tuyo– el único facultado para determinar la organización del Estado y de la vida en sociedad, a través de la elaboración de una Constitución Política, de sus leyes y reglamentos. Hasta ahora, en Chile jamás se ha realizado “asamblea constituyente” alguna y, por tanto, tu poder de decisión como ciudadano ha sido suplantado arbitrariamente por el de otros, durante nada menos que doscientos años. Es necesario tener clara conciencia de que ésta es una situación absolutamente anómala e inaceptable. Jamás aceptarás sustitución alguna de tu soberanía y poder político que no haya sido acordado por ti.

Segundo:

Comprenderás que la existencia de la Constitución de 1980 y del Sistema Binominal de Elecciones son la negación concreta y destructiva de toda democracia y bien común.

Creadas por lobos para beneficio exclusivo de lobos, fuera de toda legalidad y Estado de Derecho. Ellas impiden la realización de todo aquello por lo que luchan la mayoría de los chilenos. Su vigencia reviste todo aquello que ocurre en la vida política del país de un espíritu de falsedad, de impostura e ineficacia que son palpables. Los discursos de los políticos y las promesas electorales, de antemano revelan su carencia de sentido, su hipocresía y el aserto de que no conducirán a ninguna parte,  por el simple hecho de que carecen de toda autoridad moral y no representan el pensamiento ciudadano. Ambas son origen y ocasión para la injusticia, la desigualdad social, la corrupción. Consecuentemente, la lucha por un Chile políticamente sano y democrático, comienza por la instauración de una nueva Constitución Política, elaborada por una asamblea constituyente de la propia ciudadanía.

Tercero:

Respetarás de una manera real y efectiva el derecho de todos y cada uno de tus conciudadanos a la vida, al ejercicio de sus derechos humanos, políticos y sociales, a su realización personal, al bienestar y a la felicidad individual y familiar.

Este es tu deber ético fundamental, propio de todo ciudadano observante de un mínimo de respeto por sí mismo y por los demás, que aspira a hacer realidad la sociedad del Bien Común.

En el año 1973, la derecha política levantada en armas, arremetió violentamente contra la legalidad y la Constitución, contra las vidas humanas, contra las familias, contra los derechos civiles y humanos de los chilenos, para crear la situación política y social actual, en la que rigen sólo aquellas prerrogativas que favorecen y multiplican los beneficios políticos y la riqueza material de quienes detentan el poder. La ciudadanía, condenada a la servidumbre del sistema, ha sido hasta ahora sólo una comparsa humana sin posibilidad ninguna de modificar las reglas de juego. La desigualdad social es el principal producto de este sistema derechista y neoliberal de poder. Y es a la vez la prueba fundamental de la ausencia de valores éticos y morales que lo caracteriza. El origen profundo de esta desigualdad no está en la fatalidad, ni siquiera en las leyes del mercado, sino en la existencia tras de éstas, de un egoísmo perverso, destructivo y planificado. No hay causales técnicas, económicas o sociales, sólo morales.

El respeto irrestricto por los derechos del otro sólo puede actuar en beneficio de los propios y son el fundamento filosófico y práctico para una vida comunitaria en armonía y propicia para el progreso de todos por igual. Pero no bastará sólo con otorgarles nuestro respeto, también te asegurarás de que este principio se consolide en el corazón y en la ley de la comunidad nacional. Por tanto, velarás por que tal respeto sea expresado constitucionalmente de manera explícita e inequívoca para que jamás pueda ser objeto de interpretaciones ambiguas o tendenciosas, a la vez que su enunciado debe referir a los principios y a las políticas generales que aplicará el Estado para que dichos derechos ciudadanos se hagan efectivos de modo irrestricto.

Cuarto:

Abogarás en cada momento, con el pensamiento y los actos de tu vida ciudadana, por el predominio de lo racional, de lo justo y de lo ético en la praxis política y social.

Bien sabemos que en un país dominado por lobos, los corderos sobreviven apenas esquivando las dentelladas de políticos rapaces, de la sinrazón y del abuso, del costo de la vida, de la precariedad salarial, de las isapres, de las AFP y de tantas otras argucias creadas para el despojo exhaustivo del ciudadano. Las leyes imperantes, tanto escritas como no escritas, propician la depredación y la corrupción desatadas y no hay espacio ni voluntad para la cordura, la decencia moral o la solidaridad humana. Lo que ocurre en nuestro país no es simplemente un drama político y social, es una monumental tragedia de carácter ético-moral. Ir en contra de esta corriente aniquiladora es, por tanto, tu deber ciudadano, es tu obligación, es tu propia ley de sobrevivencia y la de tus hijos. Es tu sagrada forma de crear futuro y, aunque te parezca que no haces nada, cuando rechazas toda mentira y todo latrocinio desde el sólo margen de tu conciencia, estás fabricando ladrillos para una realidad venidera más justa. Los lobos temen a la conciencia de los humillados porque es allí donde florece la justicia, se consolida la razón y desde donde una nueva moral se expande.

Quinto:

Adoptarás el sentido común general como directriz fundamental de tu pensamiento y de tu acción política y lo orientarás a la edificación del bien nacional por encima de todo interés particular o de grupo. (Utilizamos aquí la acepción ordinaria del concepto, no su categoría de carácter sociológico o filosófico).

La gravitación del sentido común en la comprensión y solución de problemas que atañen a la vida en sociedad está fuera de toda discusión y permite soslayar cualquier interés ideológico o político particular. Lleva en sí mismo el sentido de comunidad, por tanto, sólo puede aceptar aquello que es bueno para todos. Es inclusivo, es igualitario. Una decisión adoptada por la fuerza del sentido común es, por lo general, certera, aséptica, imparcial, irrebatible, eficaz. En el terreno político, ésta ofrece rasgos propicios al respeto de los derechos ciudadanos y al beneficio colectivo nacional. Ejemplo: otorgar la propiedad privada sobre un bien natural y público como el agua, puede ser –como lo es también: irracional, injusto e idiota– una excelente idea comercial para el beneficio de algunos privilegiados, pero es contraria al más mínimo sentido de conveniencia para la vida biológica y social de la comunidad y se demuestra, en su misma concepción, como ajena a la razón y a los intereses estratégicos del país. Basta el elemental sentido común para comprenderlo y rechazarlo.

El sentido común permite evaluar de modo automático aquello que posee o no auténtico valor o interés para el Bien de los individuos y de la Nación en su conjunto, haciendo abstracción de los matices ideológicos, políticos o privados que interesadamente pudieran serle adjudicados. Es por naturaleza contrapuesto a toda discriminación, a todo ocultamiento y a toda corrupción en la esfera política y de servicio público. Si un país fuera gobernado utilizando sólo los dictados del sentido común, se produciría automáticamente una revolución social.

Sexto:

 Aceptarás que el sistema de organización democrática basado en la delegación de poderes y la representatividad política ha cumplido su ciclo histórico y ha devenido disfuncional en relación al nuevo marco tecnológico de las relaciones sociales que surgen de los tiempos nuevos. La resistencia e incapacidad inherentes de los partidos políticos para representar el pensamiento ciudadano ha eliminado toda legitimidad en ellos.

Esto ocurre no sólo en Chile sino a nivel mundial. La separación y la lejanía entre ciudadanos electores y ciudadanos representantes es un hecho notable e irreductible. Una de las consecuencias inmediatas de ello ha sido la debilitación del Estado como organismo regulador de la vida política, social y económica y el consecuente predominio y exaltación de los intereses de los lobos, con su natural secuela de desigualdad, injusticia y abuso. En Chile los representantes políticos, incluso aquellos considerados en algún momento ajenos al poder dictatorial, se identificaron crecientemente con los intereses del poder político y económico, al grado de abjurar totalmente de los intereses de quienes representaban y eligieron adscribir al bando de los lobos, salvo alguna rara excepción. Lo que implica que los partidos políticos, como expresión orgánica de un determinado contenido ideológico, devinieron falsos o se han anulado a sí mismos. Los ciudadanos comunes han quedado privados de opinión y de participación en el ejercicio del poder.

La ciudadanía exige ahora y de modo perentorio una mayor participación en las decisiones que competen a su propia vida, a su bienestar y a su desarrollo. El momento de un nuevo tipo de organización política parece haber llegado y corresponde a la propia ciudadanía decidir sobre ello. Se hace necesario pasar a alguna nueva forma de organización política, basada en la participación directa de los ciudadanos. Una alternativa que todavía no existe y que requiere de la reflexión previa, individual y colectiva, de todos los ciudadanos/as, lo que significa reconocer en el hombre y la mujer común, la capacidad y el poder de determinar por sí mismos qué quieren de la vida y cómo quieren organizarla y vivirla. Es decir, reconocerles el poder soberano que la derecha levantada en armas y, luego, la Constitución Antidemocrática y la clase política que la resguarda, les han denegado durante 40 años.

En resumen:

La batalla por el cambio político y social en Chile, es fundamentalmente una batalla de carácter ético y moral. En el clima de degradación reinante, las imposiciones del derecho soberano original y las necesidades de la supervivencia no permiten otro camino que la subversión moral y la insurrección política. Los estudiantes ya le dieron comienzo en el 2006 y el 2011 con sus demandas y protestas callejeras. Ahora es necesario descubrir nuevas formas de lucha pacífica en contra de la anomia ética y moral que está destruyendo al país y al presente y futuro de las nuevas generaciones.

Son ineludibles el deber y la misión de cada cordero/a de la masa ciudadana –no sólo de los estudiantes– de incorporarse a esta lucha y empoderar sus conciencias con la certeza de que son ellos/as –nosotros– los únicos agentes de su propia historia y los únicos destinatarios del proceso de renovación que puede conducirlos hacia una nueva realidad y una mejor vida.

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