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La postura pragmática de Merkel. Poner el foco en lo positivo

por 4 octubre, 2015

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Dentro del debate actual en Alemania frente a la crisis de refugiados, se están configurando claramente dos sensibilidades sociales, los que defienden la idea de un Willkommen (Gobierno, grupos y movimientos democráticos) y los que defienden la idea de un Nicht willkommen (Grupos Neonazi y de Extrema derecha Populista). Entre estas dos grandes orientaciones o movimientos sociales, hay una enorme masa de ciudadanos alemanes, en todo el espectro socioeconómico y sociocultural, que todavía no tienen una posición clara y que por lo mismo son un espacio a ser disputado, por las corrientes democráticas y no democráticas, en los próximos años.

Por lo pronto, el gobierno de Merkel, ha optado pragmáticamente por hacer frente a esta crisis de refugiados, enfatizando las oportunidades y no en los riesgos. Es decir, el discurso oficial reitera que la llegada de nuevos inmigrantes, representa una oportunidad para Alemania, dada la enorme necesidad de mano de obra en el sector industrial. Por eso para el gobierno de coalición, formado por los social cristianos (CDU/CSU) y socialdemócratas (SPD), lo importante es guiar el eje de la discusión actual hacia un foco positivo. No hacer referencia a lo negativo de la polarización de la ciudadanía, reacciones violentas de grupos de extrema derecha, y miedo y estrés frente a futuros conflictos interculturales, sino que destacar la necesidad y urgencia de nuevos inmigrantes para el país. Priorizando por aquellos cambios que faciliten la integración de los refugiados en el sistema de salud, educación, trabajo y cultura de la sociedad local.

Por lo tanto se trata de hacer entender a la opinión pública alemana, que la inmigración puede ayudar a este país a hacer a los problemas que generará en el futuro el cambio demográfico. Especialmente debido a las bajas tasas de natalidad y el envejecimiento de la población alemana. Dos factores que esta provocando consecuencias muy negativas en el mercado laboral, la economía interna y en todo el sistema de protección social alemán (seguros de empleo, pensiones, salud).

En consecuencia, desde el punto de vista del Gobierno, la sociedad local debe aceptar, le guste o no le guste, que necesita para su futuro la llegada de nuevos inmigrantes. Es decir, nuevos niños, jóvenes y adultos que contribuyan en la economía, el progreso social, material y cultural de Alemania. Principalmente, por esta razón, los refugiados son ahora “Bienvenidos”.

La Willkommenskultur que le ha permitido al gobierno y a sectores de la economía mostrar una imagen más blanda, humana y solidaria frente al mundo. En especial, luego de haber sido fuertemente criticados como duros, inhumanos e insensibles frente a la crisis económica que afecta a Grecia y a otros países Europeos.

Las expresiones de alegría y apoyo ante la llegada de nuevos extranjeros, también le ha permitido a la elite intelectual, económica y política de Alemania, mantener el foco de atención de la prensa en el lado dulce o chocolate de la realidad. Es decir, en las expresiones de amistad, generosidad, humanidad frente a las victimas de la guerra, sin tener que tocar en profundidad, las causas que han originado a esas guerras. Por un lado, el fracaso internacional de las políticas de desarrollo en los llamados países del tercer mundo, con inversiones millonarias durante décadas, y por el otro, los enormes volúmenes de dinero que Alemania y otros países industrializados generan a través de la venta de armas en regiones altamente conflictivas y en muchos países donde gobiernan regimenes corruptos, autoritarios y antidemocráticos. La venta de armas y los intereses económicos ocultos, en muchos de los lugares en crisis, es un tema casi tabú y que es raro de escuchar en los debates públicos y políticos en Alemania.

 Este clima de entusiasmo y solidaridad, ha mantenido, además a los políticos locales ocupados en ayudar a los refugiados y sin tener que dar explicaciones respecto a la incapacidad de los gobiernos occidentales, especialmente USA, Europa y Rusia de resolver el conflicto en Irak, Siria, Libia e Irán y que está provocado la desestabilización total de la región y la expansión del autodenominado Estado Islámico que sigue expandiéndose y consolidándose peligrosamente.

Este clima de entusiasmo y solidaridad, ha mantenido, además a los políticos locales ocupados en ayudar a los refugiados y sin tener que dar explicaciones respecto a la incapacidad de los gobiernos occidentales, especialmente USA, Europa y Rusia de resolver el conflicto en Irak, Siria, Libia e Irán y que está provocado la desestabilización total de la región y la expansión del autodenominado Estado Islámico que sigue expandiéndose y consolidándose peligrosamente.

Escepticismo entre algunos antiguos inmigrantes

Este grupo radical (cortador de cabezas), autodenominado IS, posee una identidad religiosa y cultural cada vez más sólida, y esta provocando una catástrofe humana que los espectadores europeos ya se estaban acostumbrando a ver a través de Internet y la Televisión. Pero ahora el fenómeno de la guerra con todas sus miserias comienza a llegar en vivo a sus propias calles, escuelas y hogares. Por esta razón, también se produce un clima de escepticismo y preocupación en algunos extranjeros, que llevan tiempo viviendo en Alemania, y que conocen de cerca la guerra y la pobreza. Algunos de ellos se preguntan hasta qué punto estas reacciones de solidaridad de la llamada Willkommeskultur, tendrá la capacidad de transformarse efectivamente en una estructura social, legal y política en Alemania, capaz de asegurar una convivencia interétnica, mutuamente tolerante, de largo plazo y no en un fenómeno pasajero.

Este punto de vista, crítico y escéptico, lo expresan algunos inmigrantes de larga data en este país, que son concientes, por experiencia propia, de algunas de las dificultades que ha tenido la cultura local para integrar a varias generaciones de inmigrantes que llegaron a Alemania, como trabajadores invitados, a partir de la década del ’50 y ‘60. Algunos de estos extranjeros que llevan más de una década en Alemania se preguntan: ¿cómo van a integrar ahora a un millón o más de nuevos extranjeros si ya en el pasado, la cultura alemana, ha tenido dificultades importantes (legales, políticas y de identidad social) para integrar a inmigrantes de primera, segunda e incluso tercera generación? Sin duda Alemania, sobre todo en la última década ha hecho avances importantes en materia de integración, sin embargo el desafío de la integración cultural, de las nuevas minorías étnicas en el país, será uno de los temas que ocupara, irremediablemente al gobierno y a la sociedad durante las próximas décadas del siglo XXI.

Por el momento lo que sí se puede afirmar con relativa seguridad, es que como suele ocurrir con estas reacciones de euforia y solidaridad colectiva, luego de un tiempo relativamente corto, el entusiasmo, la curiosidad y el encanto por el extranjero suele diluirse en el aire.

Esto es así porque si bien es un hecho que determinados acontecimientos, nacionales e internacionales, extraordinarios y puntuales, como catástrofes naturales o humanas (incluso eventos deportivos como un campeonato de football) son capaces de liberar y canalizar profundos estados emocionales colectivos. También es un hecho de que una vez que dichas emociones de amor, empatía o compasión, que estaban reprimidas, son liberadas, poco a poco, el individuo y el grupo social, comienza a cambiar su estado emocional. Pasada la fase de encantamiento, de regreso en la vida cotidiana con sus rutinas y su automatismo, comienzan a disolverse aquellos vínculos emocionales, que parecían, por un instante, como algo sólido y duradero. Estamos, por lo tanto, frente a fenómenos masivos pero poco duraderos. Por esta razón es plausible sostener, que la llamada Willkommeskultur, tal como ha ocurrido en otras ocasiones se disolverá, inevitablemente, y será llevada por el viento.

Frente a la pregunta de si ¿Alemania logrará integrar culturalmente a sus nuevos ciudadanos extranjeros? La única respuesta posible es: ¡Es de esperar! Porque la propuesta (y apuesta) del Gobierno de Merkel demorará dos o más generaciones antes de poder ser contestada.

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