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CEP, la encuesta más representativa del machismo chileno

por 6 junio, 2017

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Cada vez que se publica una nueva versión de la encuesta CEP, la élite, sus partidos, medios de comunicación, intelectuales y dirigentes políticos, nos recuerdan que debemos reconocerla como la encuesta más representativa del país. Sin embargo, y pese al revuelo que genera, poco se habla de sus sesgos ideológicos fuertemente ligados al patriarcado y sus principales agentes: a la derecha y la oligarquía chilena.

Hoy lamentamos la machista formulación de las preguntas relativas a las tareas domésticas y de cuidado. Afirmaciones del estilo “ser dueña de casa es tan gratificante como tener un trabajo remunerado”; “tener un trabajo está bien pero lo que la mayoría de las mujeres desea es un hogar e hijos”; o “es posible que un niño de edad parvularia sufra si su madre trabaja”; sin preguntarse lo mismo respecto de los hombres -o preguntando sin atribuirle un género al sujeto- refuerza que las labores domésticas y de cuidados le corresponden a las mujeres sólo por el hecho de ser mujeres y que salir al trabajo remunerado es dejar de hacer algo importante y propio de su género.

En un Chile azotado por la violencia de género, fomentar y reproducir estos roles y estereotipos debe ser fuertemente condenado. La violencia machista es una respuesta que tiene por objeto castigar a toda persona que haya desobedecido su mandato de género. En el caso de las mujeres, transgredir con: mujer-madre, mujer-sumisa, mujer-espacio privado, mujer-cuidadora, mujer-heterosexual, mujer-fiel, entre otros. Un rasgo específico de esta respuesta, en tanto machista, es que es violenta, simbólica o físicamente; autoritaria y sancionatoria.

Propongo el ejercicio de cambiar al sujeto de la pregunta. Observemos alguna de esas afirmaciones sin género, por ejemplo, “considerando todo lo bueno y todo lo malo, la vida familiar se resiente cuando la mujer [cambiar por padres o cuidadores] trabajan a tiempo completo.” La pregunta cambia su cariz y abre otro tipo de discusiones: jornada laboral, jornada escolar, distribución social de las tareas de cuidado y crianza. Es más interesante todavía hacer las mismas preguntas pero ahora respecto de los hombres. Seguro que nos resultan incómodas y hasta ridículas las siguiente afirmaciones: “tener un trabajo está bien pero lo que la mayoría de las mujeres [cambiar por hombres] desea es un hogar e hijos” o “para la mujer [cambiar por hombre] ser dueño de casa es tan gratificante como tener un trabajo remunerado”.

En un Chile azotado por la violencia de género, fomentar y reproducir estos roles y estereotipos debe ser fuertemente condenado. La violencia machista es una respuesta que tiene por objeto castigar a toda persona que haya desobedecido su mandato de género. En el caso de las mujeres, transgredir con: mujer-madre, mujer-sumisa, mujer-espacio privado, mujer-cuidadora, mujer-heterosexual, mujer-fiel, entre otros. Un rasgo específico de esta respuesta, en tanto machista, es que es violenta, simbólica o físicamente; autoritaria y sancionatoria. Por tanto, resulta especialmente grave que el Estado, los medios de comunicación y, ahora, la “encuesta más representativa” refuercen estos mandatos de género, cuando sus resultados son tristemente conocidos.

Para avanzar en una sociedad democrática y libre de violencia, un mínimo será la corresponsabilidad, es decir, que dentro del hogar nos repartamos equitativamente las tareas. Sin embargo, el contexto nos obliga a ir un poco más allá. Ante la crisis del SENAME, el envejecimiento de la población, y un contexto generalizado de extrema privatización de la vida, habría que preguntarse si basta con resolver esto de manera individual, cada uno/a dentro de sus casas, o si lo mejor sea ir por más y pensar soluciones comunitarias para que la vida de niños y niñas, adultos mayores y personas enfermas no dependa sólo de un par de individuos y el tamaño de sus bolsillos, sino que sea la sociedad en su conjunto, las comunidades y el Estado los que nos hagamos responsables. Para que así la pregunta nunca más sea si los niños sufren si su madre los abandona y construyamos una sociedad donde nos preguntemos si los niños y adultos mayores sufren si la sociedad los abandona.

Resulta necesario que el trabajo de ir midiendo los sentires y opiniones de la sociedad chilena respecto de los más variados temas se haga en espacios verdaderamente públicos para que no se sigan reproduciendo afirmaciones sesgadas como “lo real” para luego atribuir dicho ejercicio como el más representativo del país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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