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La excepcionalidad de Marco Enríquez-Ominami

por 8 septiembre, 2021

La excepcionalidad de Marco Enríquez-Ominami

Crédito: Vía Twitter @marcoporchile

Cuando Germán Silva Cuadra argumenta que Marco debiera obtener un récord Guinness por postularse cuatro veces a la Presidencia, probablemente, no se enteró de las campañas de Allende y Lula. Los tres, además, igualmente perseguidos por los medios de comunicación tradicionales y las instituciones conservadoras, y además Lula, así como Marco, también enfrentaron años de injusticia y lawfare. Por eso el expresidente brasileño ha enviado siempre su cariñoso apoyo al progresista. Pero Lula le gana a Marco. El está, ahora mismo, en plena campaña por sexta vez, aunque, claro, con mejor fortuna. No es obsesión buscar el poder cuando lo que quieres es cambiar tu país. Es tenacidad.
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Germán Silva Cuadra ha escrito recientemente una columna describiendo la excepcionalidad de Marco, lo llama incluso a postular a un récord Guinness, con argumentos que compartimos en el fondo, pero no en los hechos. ¿Cuál es el fondo de esa excepcionalidad que compartimos? Que, en efecto, pocas personas en este país han tenido el coraje y la resiliencia para enfrentar una y otra vez a los poderes fácticos y las élites. Lo que pasa es que ahí donde nosotros vemos un don, Silva Cuadra ve un vicio. ¿Qué les enseñamos a nuestros hijos? Que no se rindan, que sigan, que no se den por vencidos. Porque la persistencia es un valor, no un vicio. Silva Cuadra ve claro un vicio, ve obsesión.

La otra excepcionalidad que bien apunta Silva Cuadra es que, en efecto, el nuestro, a diferencia del de Yasna y Gabriel, no es un programa nuevo. Nosotros desde hace 10 años que pedimos asamblea constituyente, fin de las AFP, educación pública y gratuita, y todo lo que se está discutiendo en la Convención. Lo que pasa es que, mientras los partidos de la Concertación se oponían a la legalización del divorcio y del aborto, y defendían la propiedad privada de los mares y del agua, nosotros ya estábamos por la nacionalización de los recursos y por la defensa de los derechos plenos de las mujeres. Por eso Silva Cuadra nos trata de añejos, porque permanentemente nos vemos en la obligación de arrancarles, a los voceros de los partidos del orden como él, de su resignación y cansancio, el cambio político de Chile. Son el Rey Midas del conformismo, porque lo que tocan lo convierten en transa. Por eso es que a lo nuevo le llaman añejo.

Por otro lado, Silva Cuadra, cuyo fuerte no es la originalidad, asume como genialidad propia, el "habérsele ocurrido" como argumento, lo siguiente: un candidato busca una mejor posición para negociar con sus contrincantes, para derrotar a sus enemigos. Esa “chispeza” que tuvo Silva Cuadra se llama, desde hace algunos cientos de años al menos, "hacer política", y eso es algo a lo que nosotros, los progresistas, al revés de muchos otros y otras, nunca nos hemos negado. Somos y hacemos política y buscamos la mejor posición para empujar los cambios.

Silva Cuadra también insinúa en su columna, como excepcionalidad, que un candidato o candidata desconozca los manejos de platas de una campaña, y que su encargado administrativo sea condenado, y él o ella, no. Pero si Silva Cuadra tuviese la costumbre de leer los diarios, seguramente se hubiese enterado que Giorgio Martelli, recaudador de Bachelet (PS), reconoció haber participado de financiamiento irregular en la campaña de la ex-Presidenta, y que la actual alcaldesa de Santiago, Irací Hassler (PC), cuando le preguntaron por los financiamientos de su campaña, declaró que ella no maneja el detalle de la información, y que mejor le pregunten a su administrador. No quiero ni por un segundo insinuar que Bachelet o la alcaldesa Hassler son culpables de algo. Al revés, ellas son tan inocentes como Marco.

Además, Silva Cuadra, cuyo fuerte, al parecer, tampoco es la historia latinoamericana, cuando argumenta que Marco debiera obtener un récord Guinness por postularse cuatro veces a la Presidencia, probablemente, no se enteró de las campañas de Allende y Lula. Los tres, además, igualmente perseguidos por los medios de comunicación tradicionales y las instituciones conservadoras, y además Lula, así como Marco, también enfrentaron años de injusticia y lawfare. Por eso el expresidente brasileño ha enviado siempre su cariñoso apoyo al progresista. Pero Lula le gana a Marco. El está, ahora mismo, en plena campaña por sexta vez, aunque, claro, con mejor fortuna. No es obsesión buscar el poder cuando lo que quieres es cambiar tu país. Es tenacidad.

Silva Cuadra también insinúa en su columna, como excepcionalidad, que un candidato o candidata desconozca los manejos de platas de una campaña, y que su encargado administrativo sea condenado, y él o ella, no. Pero si Silva Cuadra tuviese la costumbre de leer los diarios, seguramente se hubiese enterado que Giorgio Martelli, recaudador de Bachelet (PS), reconoció haber participado de financiamiento irregular en la campaña de la ex-Presidenta, y que la actual alcaldesa de Santiago, Irací Hassler (PC), cuando le preguntaron por los financiamientos de su campaña, declaró que ella no maneja el detalle de la información, y que mejor le pregunten a su administrador. No quiero ni por un segundo insinuar que Bachelet o la alcaldesa Hassler son culpables de algo. Al revés, ellas son tan inocentes, como Marco, de las decisiones administrativas de sus campañas, sobre todo cuando estas son presidenciales, y por tanto gigantes, y se hacen a puro ñeque, como las 4 nuestras, porque son, todas las campañas, efectivamente, un caos.

Pero Silva Cuadra sí que tiene un fuerte, y es la pasión por citar sus propias novelas como fuente para el análisis político, y recurre a ellas para describir –aunque con errores– el devenir histórico de las campañas de Marco. No es cierto, por ejemplo, que el concepto de duopolio haya nacido en la campaña de 2017 contra Guillier. Nació el 2009, cuando el entonces presidente del PS acusó a los radicales de “estar quebrando la Concertación, conchetumare” (sic), y a nosotros de "fumadores de opio" por pedir cambiar la Constitución. Tampoco es cierto que le impedimos ganar a Bachelet en primera vuelta. Ella es un fenómeno de cariño y, si quería, ganaba trotando de espaldas esa elección. Por eso apoyamos a Alejandro, pese a nuestras duras peleas en campaña, con todas nuestras fuerzas en segunda vuelta en contra de Piñera. Para nosotros, que leemos esto no desde la obviedad de las cifras, sino que desde la complejidad de la política, ese 11% en contra de Bachelet es mucho más significativo, por el carisma de la ex-Presidenta, que el 20% en contra de Frei. Pero, claro, el análisis de Silva Cuadra es tan complejo como sumar y restar desde el futuro. No le estamos pidiendo peras al olmo, ni consideración del contexto al analista.

Silva Cuadra, finalmente, hace una apuesta, le dedica un guarismo al resultado de la elección, que seguramente, le acierte o no, citará como fuente también en alguna próxima columna. Pero cierra con algo tremendamente peligroso. Cierra su columna tirándole leños al fuego de la antipolítica, insinuando que los candidatos y las candidatas entran a las campañas porque ganan plata con ellas. Claro, después de citar sus novelas como fuente, no sorprende que use el condicional como antecedente para lanzar una acusación tan grave: "Tendría un interés económico".

Nadie gana plata con las campañas, señor Silva, porque no son un negocio ni una empresa. Es imposible hacerlo porque la revisión de gastos del Servel es prolija hasta el encono, sobre todo con nosotros. Recordará, el señor Silva Cuadra, cómo a un candidato, algunas elecciones atrás, le objetaron hasta el gasto de unas boletas de algo así como 20 mil pesos en calzoncillos. Una campaña es pasión y un salto en bungee, y nosotros felicitamos la valentía de todos y todas las que se atreven a lanzarse, especialmente a los que lo hacen desde el lado del pueblo y a contrapelo de los medios y los grandes poderes, como nosotros.

Por eso, lo que sorprende de la columna de Silva Cuadra es su pasión por la barbarie. Esas ganas, que se puede leer en todo caso en muchos analistas políticos de la plaza, que están dispuestos a ver todo arder, desde sus cómodos púlpitos, con tal de tener la razón.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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