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Frente Amplio: ¿exclusión de fuerzas o procesamiento del conflicto?

por 7 septiembre, 2018

Frente Amplio: ¿exclusión de fuerzas o procesamiento del conflicto?
Lo peor que le puede pasar a una coalición política –sobre todo cuando esta es emergente– es que la escalada de un conflicto y la apertura de una crisis manifiesta, no generen los aprendizajes y mecanismos necesarios para procesar las conflictividades que acaecerán en el futuro. La reunión de la Mesa Nacional del Frente Amplio, el pasado 5 de septiembre, pareciera dejar abierto el conflicto, ya que las resoluciones bosquejadas en la declaración pública anteriormente citada, no resuelven el requerimiento presentado en una primera instancia por el MDP respecto a la actuación de Mirosevic en su otrora presidencia de la Comisión de RR.EE., limitándose a solicitar el retorno de las(os) parlamentarias(os) a la presidencia de sus respectivas comisiones.
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El Frente Amplio (FA), en tanto coalición emergente con casi año y medio de creación formal, sigue siendo un organismo en formación. Es necesario añadir: un organismo en formación enfrentado al ambiente sociopolítico más complejo de las últimas décadas, debido a la entrada en vigencia de una crisis orgánica por descomposición que cruza todas las esferas de la vida social.

Por todo esto, el primer reconocimiento analítico y político del FA es que este habita el mundo de las contradicciones: desde las contradicciones generadas por el sistema capitalista a nivel global y su tendencia a la conformación de un mundo multipolar, hasta las conflictividades provocadas por la alteración del sistema de partidos a nivel nacional.

Habitar el mundo de las contradicciones significa, por cierto, asumir las conflictividades internas de un conglomerado que integra a más de 14 partidos, organizaciones y/o movimientos, además de las(os) independientes frenteamplistas sin residencia partidaria, y que mantiene como horizonte estratégico la conformación de una fuerza política y social transformadora cuyo propósito es superar el sistema neoliberal. Asumir las contradicciones no significa homogeneizar las posturas ni, menos aún, agudizar las contradicciones hasta provocar la ruptura de la coalición. Por el contrario, asumir las contradicciones significa generar los mecanismos necesarios para procesar adecuadamente las diferencias, reduciendo significativamente, con ello, las eventuales ‘escaladas de conflicto’ que se originan en el ámbito de la política.

Es un hecho que uno de los asuntos que más ha generado controversias al interior del Frente Amplio es el tema internacional, dimensión que ha sido reducida, la mayoría de las veces, a un único y exclusivo nombre: Venezuela. Secundariamente, se han agregado los nombres de Cuba y Nicaragua.

La autoexclusión de la diputada perteneciente a las filas del Partido Humanista es fruto del altercado que tuvo en abril pasado –precisamente, el mismo día de las votaciones sobre la ratificación del TLC con Uruguay– con el diputado Ignacio Urrutia (UDI), en el que Jiles encaró a Urrutia cuando este se refirió a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura como “terroristas con aguinaldo”, en momentos en que se discutía un proyecto de reparación económica para los afectados. En ese entonces, la actitud de alta estatura moral por parte de la parlamentaria tuvo un respaldo total por parte del frenteamplismo y los sectores situados en el espectro izquierdo de la ex Nueva Mayoría.

El tema claramente no es nuevo. Mencionemos tan solo unos ejemplos ilustrativos. Una de las principales armas que ha utilizado el Partido Popular y los medios de comunicación en general, para desacreditar políticamente a Podemos en España, ha sido instalar recurrentemente en el centro del debate al “régimen de Maduro”. En las últimas elecciones presidenciales en Colombia, el candidato de la extrema derecha colombiana, Iván Duque, acusó sistemáticamente a su principal contrincante, Gustavo Petro, de querer convertir a Colombia en Venezuela. En Chile –es fácil recordarlo– la derecha se impuso en segunda vuelta con un recurso básico y letal: “Chilezuela”. En todos los escenarios la fórmula ha dado buenos réditos para los defensores del statu quo.

Con este contexto de fondo, la presente columna se plantea como un análisis que continúa el esfuerzo explicativo que hemos desarrollado en el libro Frente Amplio en el momento cero (Catalonia, 2017), desplegando en esta oportunidad una serie de antecedentes que, a nuestro juicio, es necesario poner sobre la mesa al momento de explicar el “efecto dominó” provocado por las renuncias de Vlado Mirosevic (Partido Liberal) y Pamela Jiles (Partido Humanista) a sus roles como presidente(a) de las comisiones de RR.EE. y Familia y Adulto Mayor, respectivamente.

Situando el dilema

Durante las últimas semanas, la pugna al interior del Frente Amplio se ha vuelto a instalar con fuerza.

En una primera instancia –y a partir del debate abierto por el ajuste ministerial que instaló en la testera del Ministerio de Cultura a Mauricio Rojas, el “breve”, obligado a renunciar por el movimiento artístico, cultural y social que se originó en rechazo a sus declaraciones negacionistas, ancladas al rol histórico que cumple el Museo de la Memoria–, Gabriel Boric publicó un texto en su blog a propósito de los debates que enfrentaba nuestra sociedad sobre la violación de los derechos humanos (“La izquierda y nuestra obligación de un solo estándar en derechos humanos”), trasladando del debate al interior del Frente Amplio, y que encontraría una respuesta semanas después por parte de uno de los autores de esta columna a través de un texto aparecido en The Clinic (“El ángel Gabriel, el ácido bórico y la banalidad del bien”).  

Mientras esta legítima discusión se desarrollaba de manera pública, en la interna del Frente Amplio el Movimiento Democrático Popular (MDP) presentó la semana pasada un requerimiento a la Mesa Nacional del Frente Amplio, con el objetivo de revisar el rol que ha tenido el diputado del Partido Liberal, Vlado Mirosevic, en la conducción de la testera de la Comisión de RR.EE. de la Cámara de Diputados, ya que –a juicio del movimiento– existen antecedentes de que las acciones llevadas a cabo por el diputado liberal no serían representativas de los lineamientos que el bloque había consensuado y levantado durante las elecciones presidenciales pasadas en materia internacional, las que van mucho más allá de la “defensa universal a los derechos humanos”, cuestión que –por cierto– merece una discusión mucho más acabada y profunda que el levantamiento de consignas que impiden realizar una análisis detallado de las violaciones de los derechos humanos y los crímenes de lesa humanidad ejecutados tanto en Chile como en otras latitudes del orbe.

En efecto, si se revisan algunos de los antecedentes por los cuales se llama a revisar la conducción de Mirosevic en la conducción de la Comisión de RR.EE., habrá que considerar que el día 19 de abril se votó en la Cámara la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Uruguay, donde el Frente Amplio no participó de la votación, debido a que algunos diputados decidieron participar de la marcha por la educación pública convocada para ese mismo día.

El “error de principiante” se repitió a propósito de las votaciones que permitieron ratificar el TLC Canadá el pasado 9 de mayo. En dicha oportunidad, el FA votó dividido. Los parlamentarios pertenecientes a las filas de Revolución Democrática, Partido Liberal y Partido Ecologista Verde votaron a favor del TLC con el país norteamericano, mientras el resto de los parlamentarios votó en contra.

En el Programa de Muchos liderado por Beatriz Sánchez, se estableció explícitamente que no se promoverían dichos tratados, al menos, hasta que se hayan revisado los alcances de los TLC suscritos por Chile. En el capítulo: “Mejor democracia y un nuevo Estado”, Punto 6, “Chile más integrado al mundo y a la región: relaciones internacionales y política exterior”, Propuesta número 3 relativa a “Tratados Comerciales” (p. 64), se destaca lo siguiente: “Revisaremos y revaluaremos los actuales tratados de libre comercio suscritos por Chile, a fin de reconocer, compatibilizar o modificar aquellas normas que impiden o dificultan a nuestro país hacerse parte del MERCOSUR y de otros procesos de integración de América Latina. No firmaremos más tratados de libre comercio hasta que no se actualicen sus criterios de suscripción, debiéndose considerar para ello la democratización de los procesos, la integración regional a nivel político y económico, como también el efecto de dichos tratados en particular”.

Anteriormente, a fines de marzo, Vlado Mirosevic se sumaría acríticamente a la delegación chilena en los alegatos del diferendo marítimo con Bolivia en el Tribunal de Justicia de La Haya, acoplándose a la postura del canciller de Sebastián Piñera, Roberto Ampuero, que han llevado a cabo una táctica diametralmente opuesta a la salida política que ofrecía el programa frenteamplista (revisar el Capítulo 1, Punto 6, Propuesta 4: “Cooperación con Bolivia y Perú”, pp. 64-65). En dicha oportunidad, Mirosevic había establecido que su viaje “en ningún caso es en representación del Frente Amplio, en donde no tenemos la pretensión de estar de acuerdo en todo. Yo hablo a título personal y no como Frente Amplio".

La última declaración pública del FA emitida el día miércoles, ¿no favorece y legitima el requerimiento interno levantado la semana pasada por el MDP? En el cierre de dicha declaración se establece lo siguiente: “La ciudadanía ha depositado su confianza en nuestra bancada para que impulse nuestro programa de transformaciones desde todos los lugares de incidencia en los que estamos en el Congreso. Hacemos un llamado a todos nuestros parlamentarios y parlamentarias a que retomen los roles acordados en sus respectivas comisiones y defiendan el mandato de la ciudadanía desde dichos espacios”.

“Efecto dominó”: renuncia Mirosevic, renuncia Jiles

Un día antes de que la Mesa Nacional del Frente Amplio discutiera este abanico de antecedentes vinculados al tratamiento que ha tenido el bloque sobre el ámbito internacional, y al rol que ha ejercido en la presidencia de la Comisión de RR.EE. de la Cámara el principal referente del PL, renuncia a dicha testera en particular, acusando presiones por parte de ciertos movimientos del FA, específicamente, del partido Poder y el MDP.

El día jueves, Mirosevic –en un intenso periplo por diversos medios– emplazó al FA, estableciendo que quienes relativicen los derechos humanos no puede seguir siendo parte de la coalición. Horas después, la postura de Mirosevic se vuelve contra sí mismo, agudizada por la renuncia de la diputada Jiles a la presidencia de la Comisión de Familia y Adulto Mayor.

La autoexclusión de la diputada perteneciente a las filas del Partido Humanista es fruto del altercado que tuvo en abril pasado –precisamente, el mismo día de las votaciones sobre la ratificación del TLC con Uruguay– con el diputado Ignacio Urrutia (UDI), en el que Jiles encaró a Urrutia cuando este se refirió a las víctimas de las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura como “terroristas con aguinaldo”, en momentos en que se discutía un proyecto de reparación económica para los afectados. En ese entonces, la actitud de alta estatura moral por parte de la parlamentaria tuvo un respaldo total por parte del frenteamplismo y los sectores situados en el espectro izquierdo de la ex Nueva Mayoría.

Cuatro meses después, de manera unánime y con los votos frenteamplistas de Vlado Mirosevic y Renato Garín (RD), la Comisión de Ética acordó multar a la diputada del PH con un 0.2% de su dieta. Ante la evidente contradicción suscitada, el diputado Mirosevic se vio en la obligación de pedir disculpas públicas a la diputada Pamela Jiles, cuestión que también realizó el diputado Garín. A pesar de esto, las dudas persisten a partir de la renuncia del diputado Tucapel Jiménez (PPD) como miembro de la Comisión de Ética, quien explicó –mediante una declaración pública– que se sintió engañado, pues creía que había un acuerdo con el Frente Amplio, que incluía a Jiles, para aplicarle a ella una sanción baja, versión que habría sido transmitida por los representantes frenteamplistas que formaban parte de la mencionada comisión (Mirosevic y Garín).

Lo peor que le puede pasar a una coalición política –sobre todo cuando esta es emergente– es que la escalada de un conflicto y la apertura de una crisis manifiesta, no generen los aprendizajes y mecanismos necesarios para procesar las conflictividades que acaecerán en el futuro. La reunión de la Mesa Nacional del Frente Amplio, el pasado 5 de septiembre, pareciera dejar abierto el conflicto, ya que las resoluciones bosquejadas en la declaración pública anteriormente citada, no resuelve el requerimiento presentado en una primera instancia por el MDP respecto a la actuación de Mirosevic en su otrora presidencia de la Comisión de RR.EE., limitándose a solicitar el retorno de las(os) parlamentarias(os) a la presidencia de sus respectivas comisiones.

Allanar la resolución del conflicto de manera más consistente pareciera ser un imperativo si es que el objetivo es liderar, en los próximos meses, una agenda política que vuelve a mostrar tanto las fisuras de un modelo insostenible en el tiempo como los problemas de conducción de un Ejecutivo torpedeado por múltiples frentes.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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