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¿Cuál de estos tres es realmente Manuel José Ossandón?

por 17 octubre, 2018

¿Cuál de estos tres es realmente Manuel José Ossandón?
A Manuel José Ossandón se le nota demasiado que está buscando ser candidato presidencial a costa de lo que sea, que quiere tomar la "pole position" tres años antes y, lo que es peor, ya está evidenciando una ruta que se va definiendo por ensayo y error. Pareciera estar apostando por conquistar un nuevo segmento de votantes, pero a costa de abandonar otros, lo que da suma cero. Quienes logran aumentar su base de apoyo lo hacen agregando nuevos temas, abriéndose a otros, pero no borrando lo anterior. Sin duda, las alabanzas a Bolsonaro le restarán adherentes, así como ya es evidente que perdió votantes entre la gente más progresista, al ponerse al alero de Piñera. Hoy Ossandón es apenas el décimo personaje mejor evaluado, según la reciente encuesta de Adimark, pese al alto nivel de exposición que tiene.
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Manuel José Ossandón Irarrázabal es principalmente un hombre impulsivo. Responde rápido, abusa de los ejemplos –ultrasimples, “campechanos”– y arremete contra todo el que se le cruza en su camino, sin vacilaciones. Pareciera que no mide sus palabras y que analiza superficialmente el contexto en que se desenvuelve. Aunque, claro, esa característica le ayudó a posicionarse, ya que proyecta un grado de espontaneidad que la mayoría del mundo político no tiene. Nada de intelectualidad, nada de grandes teorías, cosas concretas y punto. Pero, al mismo tiempo, ese rasgo lo hace cometer errores, tomar riesgos, librar batallas innecesarias, cambiar de opinión radicalmente y, por supuesto, meter la pata. Todo esto, bajo el supuesto de que son deslices atribuibles a su personalidad. ¿O serán parte de una estrategia consciente?

Analicemos a los tres Ossandón que hemos conocido en menos de un año. El que renunció a RN y atacó hasta cansarse a Sebastián Piñera en las primarias, mostrándose como progresista, que luego pasó a ser una especie de escudero del Presidente y se reinscribió en su ex partido, o quien cayó sucumbido por los “valores” –tal cual– de Bolsonaro, al igual que quienes están ubicados en el ala más radical de la derecha como José Antonio Kast o el pastor-diputado Eduardo Durán (RN), los que irán a hacer campaña a Brasil para apoyar al ultraderechista. Lo único que parecen tener en común estas tres almas de Ossandón es una cierta ansiedad por ser candidato presidencial.

Recordemos al primer Ossandón, el del año pasado, ese que se burlaba del programa del hoy Mandatario, incluso saliendo a rebatirlo punto por punto. Dijo que no entendía cómo anunciaba el cambio del servicio de transporte público de Santiago, si durante sus cuatro años de Gobierno no había hecho ni dicho nada. También se burló del estilo refundacional de su contendor al señalar que él sí estaba “a favor de las retroexcavadoras”, pero de aquellas que permitieran eliminar la ley Longueira o la relación entre política y negocios. Llegó incluso a decir que, respecto del fideicomiso ciego, el Jefe de Estado tenía “piso de vidrio”, denunciando que esto solo era parte de una estrategia comunicacional. “Se muestra como un acto de generosidad el tema de sus hijos, cuando todo el mundo sabe que es su plata”. Y coronó con una frase para el bronce: “El Palacio de Gobierno es para gobernar, no para especular”. La verdad, nadie en la ex Nueva Mayoría fue tan duro con Piñera como el senador en la campaña.

Creo que el senador se dio cuenta de que cometió un gran error político y que esto tendrá costos para sus intenciones de llegar a La Moneda, no hoy, sino mañana. Ya lo sabe Mauricio Rojas, que una frase dicha unos años antes puede ser letal. El senador logró el año pasado capturar un voto de centro, incluso a desencantados de la ex Nueva Mayoría que vieron con buenos ojos al modelo 2017 y no las versiones 2018. En Evópoli también deben evaluar positivamente este episodio, porque pueden ser mucho más atractivos para la gente independiente de centroderecha y centroizquierda, esos mismos que Ossandón le arrebató a Felipe Kast en las primarias.

Pero después pasaría a ser un “converso”, tan de moda en estos tiempos. Se sumó con entusiasmo al equipo de aquel a quien había atacado con furia, luego que –según él– Piñera modificara su programa solo para incluir sus propuestas. Verdad bastante a medias, pues, si bien es cierto que la gratuidad fue acogida, solo se consideró la educación técnico profesional. De ahí en adelante, el senador se transformó y se convirtió en el abanderado del piñerismo.

Ha recorrido el país “evangelizando” y haciendo talleres que resaltan las bondades del Gobierno. También está atento de las intervenciones del Presidente, saliendo constantemente a reforzar las propuestas y relatos del Mandatario. Retomó también su agenda valórica ultraconservadora –había bajado el tono durante las primarias para captar un voto de centro–, dando la impresión de un senador que no ha entendido la separación de Estado e Iglesia. Incluso llegó a decir que era un “pecado grave” no haber transmitido el Tedeum.

Las críticas hacia él se han hecho sentir fuertemente desde la UDI y el propio partido RN, porque entienden que detrás de este giro hay una evidente intención de tomar ventaja con miras a las presidenciales del 2021, al ganarse el apoyo de Sebastián Piñera.

La tercera versión de Manuel José Ossandón es la que conocimos el lunes de la semana pasada. El parlamentario expresó que se alegraba del triunfo de Jair Bolsonaro, tanto por los temas de seguridad como por sus “valores”. Si hay algo de lo que se ha tratado de desligar una parte del mundo político de derecha –como Jaime Bellolio–, e incluso manifestado su rechazo, son precisamente las frases xenófobas, discriminatorias y brutales pronunciadas por el brasileño, en distintos momentos y ámbitos. Nadie puede pensar que son “valores” quien le dice a una parlamentaria que no la viola porque no se lo merece, que afirma estar a favor de la tortura y la pena de muerte, que piensa que los afrodescendientes no sirven ni para procrear, entre muchas otras barbaridades. El Ossandón pro Bolsonaro se parece más a ese hombre de la elite conservadora del siglo XX.

Y, sospechosamente, el senador desapareció desde ese día. No volvió a referirse más al tema en su Twitter ni por ninguna otra vía, a diferencia de dos personajes que salieron rápidamente a valorar el triunfo del ultraconservador y que luego intentaron relativizar su reacción inicial, incluyendo al Presidente y ni más ni menos que JA Kast, claro que este último es el espejo natural de Bolsonaro para las elecciones de 2021, en ese espacio nadie le puede competir en Chile.

Creo que el senador se dio cuenta de que cometió un gran error político y que esto tendrá costos para sus intenciones de llegar a La Moneda, no hoy, sino mañana. Ya lo sabe Mauricio Rojas, que una frase dicha unos años antes puede ser letal. El senador logró el año pasado capturar un voto de centro, incluso a desencantados de la ex Nueva Mayoría que vieron con buenos ojos al modelo 2017 y no las versiones 2018. En Evópoli también deben evaluar positivamente este episodio, porque pueden ser mucho más atractivos para la gente independiente de centroderecha y centroizquierda, esos mismos que Ossandón le arrebató a Felipe Kast en las primarias.

Estos cambios radicales de Manuel José Ossandón, en tan poco tiempo, han implicado que se desdibujara. Perdió la diferenciación que lo posicionó en las primarias como un hombre de derecha más moderna, crítico al sistema económico e incluso a algunos poderes fácticos. La llamada "derecha social", que él mismo bautizó así, se la arrebató Lavín este año. Además, gran parte de esa imagen la construyó a costa de atacar al propio Piñera. La verdad es que sus giros repentinos y abruptos lo hacen ver muy poco consistente.

Se nota demasiado que está buscando ser candidato presidencial a costa de lo que sea, que quiere tomar la pole position tres años antes y, lo que es peor, ya está evidenciando una ruta que se va definiendo por ensayo y error. Pareciera estar apostando por conquistar un nuevo segmento de votantes, pero a costa de abandonar otros, lo que da suma cero. Quienes logran aumentar su base de apoyo lo hacen agregando nuevos temas, abriéndose a otros, pero no borrando lo anterior. Sin duda, las alabanzas a Bolsonaro le restarán adherentes, así como ya es evidente que perdió votantes entre la gente más progresista, al ponerse al alero de Piñera. Hoy Ossandón es apenas el décimo personaje mejor evaluado, según la reciente encuesta de Adimark, pese al alto nivel de exposición que tiene.

Manuel José Ossandón tiene que tranquilizarse y controlar su ansiedad presidencial. Queda mucho tiempo por delante y, más que tratar de tomar la punta, su foco debe estar en definir la identidad que quiere proyectar, así como qué públicos quiere conquistar. Un modelo ambiguo y contradictorio es un mal negocio electoral. No por mucho madrugar, amanece más temprano, senador

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