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Déjelo, es su cultura

por 18 junio, 2020

Déjelo, es su cultura
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Según cuenta uno de los tantos mitos de la vida de los chilenos en el extranjero, habría existido alguna vez en Suecia, o quizás en alguna vitrina de España, o en un café de Francia, un cartel que señalaba: “Si ve a un chileno robando déjelo, es su cultura.” Esta frase se me vino a la mente estos últimos días al ver que muchas personas, tal como con los supuestos robos en Europa, atribuían los malos resultados de Chile en materia de control del COVID-19 a la llamada “cultura del chileno”. Según este argumento, lo que estaría detrás de nuestras altas tasas de contagiados y fallecidos no sería la mala gestión del gobierno, sino que una particular forma de ser de los chilenos asociada a no hacer caso a las instrucciones de quienes nos gobiernan. Esta posición vinculada a responsabilizar a la gente de la actual crisis se ha fortalecido últimamente ya que algunas autoridades han señalado también que el coronavirus ha tenido un mayor impacto en nuestro país debido a ciertas de sus características sociodemográficas, tales como altos niveles de hacinamiento y trabajo informal. Dado lo anterior, no son pocos los que estarían culpando de nuestros malos indicadores a cómo viven y son los chilenos.

En este contexto, planteo dos argumentos para rebatir esta postura. Ambos se basan en que, si bien el actuar o las condiciones de la gente podrían estar asociadas a estos malos resultados, los responsables últimos de esta asociación siguen siendo nuestras autoridades, las cuales han actuado desconociendo u omitiendo la realidad de nuestra sociedad e incluso promoviendo un actuar poco cauto de la gente.

El primer argumento emerge sobre todo cuando el ahora ex ministro de salud Jaime Mañalich, en el contexto de explicar las alzas de contagiados, declaró que no tenía conciencia de la magnitud de los niveles de pobreza y hacinamiento de algunos sectores de Santiago. En otras palabras, se reconocía que las políticas implementadas no habían funcionado adecuadamente dado que no se sabía cómo vivían o eran los chilenos. ¿Es posible entonces culpar de este mal funcionamiento a los propios chilenos por vivir o ser de una forma que el gobierno no conocía? Claro que no. El estado gasta muchos recursos para justamente conocer la realidad de nuestra sociedad y desde este mismo conocimiento implementar políticas públicas acordes a esta realidad.

Desde el censo y la CASEN que informan sobre niveles de hacinamiento y pobreza, las encuestas de empleo del INE que por años han alertado del trabajo informal, los estudios del ministerio de vivienda que han descrito la precariedad de la situación habitacional de muchos chilenos, las investigaciones de ENLACES que han destacado la brecha digital existente entre nuestros estudiantes, hasta las encuestas secretas de opinión publica encargadas desde el segundo piso de la Moneda, han entregado una cuantiosa evidencia sobre cómo somos los chilenos y cuáles son nuestras necesidades. Dado esto, no es posible atribuir los actuales malos resultados a la forma en que vive la gente ya que quienes han diseñado las políticas para paliar esta crisis han contado siempre con información de esta realidad. Los responsables de estos malos resultados son nuestras propias autoridades que al parecer han omitido el conocimiento de nuestra realidad a la hora de elaborar políticas para afrontar el actual contexto.

El segundo argumento para rebatir a aquellos que responsabilizan a la propia gente de nuestros malos resultados dice relación con la actitud que tomó el gobierno hace algunas semanas cuando algunos datos parecían indicar cierto aplanamiento de las curvas de contagios. Que esos días Lavín reabriera un centro comercial en vivo en un matinal de televisión, que la subsecretaria Daza hablase de tomarse un café con amigos, que el ministro Figueroa insistiera en apurar los tiempos para volver a clases, e incluso que el presidente Piñera saliera hablando públicamente sin mascarilla, claramente influyó en la forma de actuar y pensar de la gente respecto a cómo comportarse en el contexto de esta pandemia. ¿Es posible culpar entonces a la gente de las alzas de contagios a partir de un posible relajamiento de sus medidas de aislamiento? Nuevamente la respuesta es negativa.

Asumiendo que lo que las autoridades dicen y hacen influye en el actuar de las personas, no sería posible entonces culpar a estas últimas de nuestros actuales indicadores de contagio. Fueron las propias autoridades las que promovieron un falso clima de normalidad desde datos que, si bien en un inicio parecieron indicar que estábamos en una mejor posición para enfrentar el coronavirus, finalmente mostraron que aquéllos que pedían medidas de aislamiento más estrictas estaban en lo correcto.

En definitiva, esperemos que se deje de culpar a cómo somos o actuamos los chilenos de los malos resultados de nuestro país y que las propias autoridades entreguen a la vez un mensaje más cauto cuando se observen algunas mejoras en los indicadores de contagio y mortalidad. La llegada de un nuevo ministro de salud genera en este contexto una pequeña esperanza en aquéllos que esperamos un punto de inflexión en la forma en que el gobierno está manejando la actual crisis sanitaria. Lo anterior, eso sí, solo ocurrirá si éste parte por asumir sus responsabilidades y comienza a promover políticas destinadas a combatir esta crisis que consideren la amplia evidencia disponible sobre nuestra realidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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