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Las preguntas pendientes para desfosilizar la matriz eléctrica Opinión

Las preguntas pendientes para desfosilizar la matriz eléctrica

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Danilo Zurita
Por : Danilo Zurita Director Ejecutivo de GPM AG
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Una de las tareas más importantes antes de emprender un viaje, cualquiera que sea, tiene relación con la preparación del mismo y la consideración de variables que de alguna manera van a influir en los preparativos a realizar. El clima de mi destino definirá el vestuario que debo llevar, así como el tiempo de estadía determinará el volumen de mi equipaje.

Parece un ejercicio obvio, casi de perogrullo, pero la verdad es que es imprescindible y por sobre todo aplicable a cualquier emprendimiento, proyecto o meta.

Para llegar a ese objetivo, tanto la meta (viaje de vacaciones o trabajo), trayecto (la distancia al destino me determina si voy en avión o en transporte terrestre) son de extrema importancia. Pero hay otro punto importante que a veces dejamos pasar, que son las condiciones iniciales, el “diagnóstico” para este viaje. ¿Tengo recursos? ¿tengo tiempo libre para hacerlo? ¿tengo el equipaje adecuado? Muchas ganas puedo tener de subir el K2, por ejemplo, e incluso sé cómo llegar y tengo los recursos, pero si no tengo la preparación y el equipamiento adecuado, seguramente no será una buena experiencia.

Este mismo dilema estamos viviendo en el sector energético nacional. Aunque el ejemplo anterior puede parecer pedestre, es perfectamente aplicable a lo que estamos experimentando hoy como sociedad en materia energética. Queremos y sabemos, con bastante consenso, que debemos tener una matriz energética renovable y ser carbono neutrales: nuestras acciones no son sostenibles en el tiempo, y debemos hacer el giro de timón a la brevedad posible.

Pero el trayecto para llegar a esta meta está fuertemente definido por nuestro punto de origen, y esto es un hecho esencial para poder responder la pregunta de cuanto tiempo emplearemos (y que debemos hacer) para llegar a nuestra meta.

Durante los últimos años se han establecido diferentes instancias de trabajo y análisis que han buscado definir esa trayectoria y la meta que queremos alcanzar, pero no hemos sido efectivos en establecer el inicio del camino.

No hemos considerado la nueva normalidad pluviométrica de nuestro país, ni tampoco el efecto que tiene en el sistema el cambio climático y las decisiones que hemos tomado para ir mitigando su consecuencia. Bajo nivel de precipitaciones, escasez hídrica, retiro de centrales de generación y restricciones al sistema de transmisión (por nombrar algunos), son fenómenos que nos acompañarán en el futuro cercano, y que deben ser incorporados a la planificación energética.

En discusiones recientes mucho se ha hablado de una posible sobreinstalación de capacidad de generación en nuestra matriz, y el rol que jugarán las tecnologías en base a combustibles fósiles en el corto y mediano plazo. Incluso se llegó a definir herramientas a nivel reglamentario que desincentivan la operación (no solo la construcción) de unidades térmicas. Esto, que suena razonable a simple vista, fue desmitificado por la realidad misma: sendos episodios de abastecimiento crítico durante el año 2021, y episodios de este mismo 2022 que no solo se traducen en altos costos de suministro, sino en el peligro latente de racionamiento eléctrico.

¿Podemos desfosilizar la matriz? Por supuesto. ¿Cuándo? Cuando evaluemos de manera precisa el parque actual que tenemos, la necesidad de complemento y flexibilidad que necesitan las energías renovables variables, y por supuesto, que esta etapa de transición no afecte la economía y seguridad de suministro a nuestra población.

Queda poco tiempo, pero es preciso hacerlo bien.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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