Más allá de recordarnos que la Tierra es un sistema activo y dinámico, estas imágenes vuelven a instalar una pregunta incómoda ¿Nos estamos acostumbrando a ver edificios colapsados, comunidades aisladas y personas rescatadas entre los escombros?
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, hora de Hiroshima, el mundo entró en la era atómica. Setsuko Thurlow tenía 13 años y estaba a 1,8 kilómetros del hipocentro. Décadas después, al recibir el Nobel de la Paz en nombre de los sobrevivientes, los hibakusha, lo describió así.
La tormenta de estos días nos da un buen ejemplo, aunque menos partisano. En Santiago han caído, esta temporada, tantas gotas de agua como segundos han transcurrido desde el Big Bang.
Por estos días hablar de algo que no sea fútbol parece una herejía. Incluso en este Universo Paralelo caímos en la inevitable pasión de ese deporte. Por supuesto, solo como una justificación para hablar de otra cosa. De ciencia.
La próxima semana el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) se va a dormir. No para siempre, pero sí por varios años. Cuando despierte, en 2030, será una máquina distinta: el HL-LHC, de alta luminosidad, capaz de producir muchas más colisiones y acumular datos con una precisión que hoy no es posible.
Cada vez que comemos, respiramos aire limpio, tomamos agua, caminamos por una playa, disfrutamos un paisaje, estamos recibiendo algo de la naturaleza. A veces lo llamamos servicios ecosistémicos, contribuciones que hacen posible nuestra vida cotidiana, aunque muchas veces no lo veamos directamente.
Esta edición está dedicada al Día Nacional de la Ingeniería, que se celebra el 14 de mayo. Para ello reunimos las miradas de Jorge Morales, doctor en Ingeniería Mecánica y director de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Mayor.
Este domingo se cumplen 40 años del accidente de la central nuclear de Chernóbil. Un evento que quedó inscrito en nuestra memoria como el mayor símbolo del peligro de la energía nuclear.