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Historias de profesionales que renunciaron a la capital para vivir una vida más sustentable

por 6 mayo, 2016

Historias de profesionales que renunciaron a la capital para vivir una vida más sustentable
Mauricio Cortés y Diego Larraín resolvieron , por distintas razones, cambiar el ritmo acelerado de la capital por una vida distinta en la playa. De hecho ambos llevan varios años en Zapallar, donde encontraron no sólo tranquilidad, sino que también nuevas causas en las cuales embarcarse.
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Dos vivencias distintas pero con algo en común: la necesidad de escapar de la vorágine de la ciudad para reencontrar el sentido a la propia existencia logrando una mayor conexión con el entorno y al ritmo de la pasividad estacional que caracteriza a balnearios como Zapallar y Cachagua.

Es la historia Mauricio Cortés y Diego Larraín, quienes en un momento de sus vidas tomaron sus maletas y se fueron a vivir a la playa con la íntima misión de reinventarse.

Pintor de botes y surfista

Luego de egresar del colegio, Mauricio Cortés viajó a Estados Unidos a estudiar arte y regresó a Chile con el objetivo de buscar un sello propio que fue construyendo luego de empaparse de la cultura que conoció en distintos lugares del mundo.

Fue así como se instaló como artesano, primero en Licanray, después en Pucón, en Cachagua y Zapallar. Y aunque en un comienzo no fue fácil que su trabajo fuera valorado, el reconocimiento llegó de la mano de su idea de construir y pintar botes.

“Existe una transición en el concepto de los botes, ya que empieza como arte, sigue como artesanía y finaliza nuevamente en el arte”, dice sobre su proceso creativo, que se repite también con sus pinturas.

Vivió 16 años en Cachagua y lleva otros 10 en Zapallar, donde tiene una tienda que se caracteriza por la diversidad de sus productos que, asegura, se venden por sí solos. Allí trabaja sólo con un ayudante. Entre sus clientes hay restoranes y hoteles del sector como Coirones, Las Cujas, Chiringuito, Hotel Isla Seca, entre otros, a los que presta servicios de decoración y paisajismo.

Su estilo de vida, que combina con otra de sus pasiones, el surf, le ha significado un alto costo familiar, ya que el hecho de que su mayor actividad sea en la temporada alta estival, le ha impedido por años disfrutar de los veranos con los suyos. Pero asegura que todo se compensa. “Aquí hay cultura, están los medios para crecer como artista, desarrollar una visión y arte sabiendo que existe una respuesta”.

Un remezón en 2010

El terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010 caló hondo en Diego Larraín, al punto que no lo pensó dos veces y partió a sumarse a las tareas de ayuda a los damnificados del devastado balneario de Pelluhue. Fue allí donde conoció a Felipe Cubillos, el empresario que murió en el accidente aéreo de Juan Fernández dos años después, pero que dejó como legado un nuevo modelo que incorporó a los privados en la tarea de reconstrucción del país y que dio origen a la fundación Desafío Levantemos Chile.

Este ingeniero comercial siguió a Cubillos a Iloca y estuvo los siguientes cuatro años recorriendo el país como parte de la organización, llegando incluso a formar parte de su directorio durante dos años.

Es un vínculo que todavía mantiene. Prueba de ello es que hace pocos días viajó a Ecuador para replicar la experiencia de la Fundación en las ciudades costeras del norte de ese país que resultaron devastadas por el terremoto de 7.8 grados que se registró el pasado de abril y que dejó un saldo de más de medio millar de víctimas fatales.

Todo esto lo complementa con la nueva vida que inició en Zapallar, donde se instaló para apoyar el trabajo en el mercado inmobiliario que lleva adelante su padre, y donde encontró nuevas causas, como la necesidad de velar por el medio ambiente en esa zona, cuestión que impulsa como parte de la Corporación Bosques de Zapallar.

No está solo. De hecho forma parte de un grupo de Whatsapp integrado por profesionales de distintas áreas que comparten su pasión por el lugar. Y pese a la tranquilidad que encontró, siente que todavía hay muchas cosas que resolver, como el deficiente sistema de salud en la zona que impide a muchas personas, sobre todo mayores, irse a vivir al balneario, o  la ausencia de transporte intraprovincial. También espera que mejore la oferta educacional, para que no sea necesario que los niños y niños que crecen en la zona deban ira a estudiar a Viña del Mar.

Por ahora está empeñado en sacar adelante junto a otros vecinos un punto limpio con que espera enfrentar de mejor manera la acumulación de desechos durante la época de vacaciones. “La idea es reciclar y reutilizar todo. El grupo de vecinos tiene la idea de lograr un ‘Zapallar sustentable’, ser abiertos y comprometidos a educar tanto a los colegios como ancianos, municipalidad, etc”, dijo.

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