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Sexo después de los 60

por 18 noviembre, 2017

Sexo después de los 60
Sí, aunque usted no lo crea y muchos se nieguen a reconocerlo, lo cierto es que las personas mayores, de 60 y más años, tienen sexo.
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Así lo demuestra una reciente investigación chilena denominada “Sexo después de los 60”, que fue presentada la semana pasada en el VII Congreso Latinoamericano de PsicoGerontología realizado en Santiago, y que analizó una muestra representativa de más de 2.000 personas mayores. La investigación muestra que el 64% de las personas de 60 y más tiene vida sexual y que cerca del 80% la evalúa igual o incluso mejor que la de sus pares. Es decir, no solo tienen sexo, sino que también están satisfechos con ello.

La autora de la investigación, Ma. Paz Carvajal, puso de manifiesto que la sexualidad después de los 60 años es una dimensión poco abordada por las políticas públicas y las investigaciones académicas puesto que consideran, erróneamente, que las personas mayores son asexuadas, cuando paradójicamente el contagio de infecciones de transmisión sexual en la población mayor ha ido en sostenido aumento.

El estudio arroja otros datos interesantes, como que los hombres tienen más posibilidades de mantenerse activos sexualmente que las mujeres y es que, probablemente, en una sociedad machista no se discute que un hombre mayor tenga pareja y goce del ejercicio de su sexualidad, pero sí se cuestiona, y a veces muy severamente, el que una mujer, tal vez o separada o viuda, quiera tener una práctica libre de su sexualidad.

Otro dato interesante, es que los hombres de mayores ingresos y con mejores habilidades sociales mejoran sus posibilidades de mantenerse activos sexualmente. Quizá el tener los recursos para salir a comer, a carretear e invitar a alguien aumenta las posibilidades de concretar la conquista. En tanto, las mujeres que participan en organizaciones sociales, evalúan mejor su vida sexual al compararse con sus pares y es que el compartir con pares y enterarse de cómo las otras personas viven esta dimensión en sus vidas, a veces mejor o peor que uno, hace que uno se sienta más conforme y satisfecha con el cómo se ejerce la sexualidad en esta etapa.

Pero, pese a que los estudios demuestran que los viejos no son asexuados y que, de hecho, ejercen su sexualidad, lo cierto es que este sigue siendo un tema tabú. Los más jóvenes nos negamos a entender que las prácticas sexuales van cambiando con los años, pero están lejos de extinguirse por el solo hecho de cumplir 60 o más años. El ímpetu y vigor de la juventud puede que vaya gradualmente disminuyendo con el tiempo, pero ir adecuando los mecanismos y formas de acercamiento de acuerdo con las necesidades de cada uno permitirán seguir disfrutando en esta etapa de la vida.

La sexualidad no es solo genitalidad. Es también sensualidad, afectividad, erotismo. Y es aquí donde el autoconocimiento, una buena comunicación con la pareja, así como la generosidad de ambos para aceptar los cambios del cuerpo son esenciales para ir avanzando hacia un pleno disfrute de la actividad sexual.

Y en este aspecto, las políticas públicas están al debe. Cómo las personas mayores van a prolongar su vida sexual si, por ejemplo, el ginecólogo deja de preguntarle a la mujer si tiene o no actividad sexual frecuente solo porque considera que ya no está para esos trotes. Si en los exámenes para las personas mayores que se practican en la atención primaria de salud no se pregunta por este tema, ni si quiera por morbo o si a ningún profesional de la salud se le ocurre recomendar el uso de lubricantes íntimos para facilitar el coito.

Tal como nos preocupamos del embarazo adolescente y de educar a los jóvenes para que sean sexualmente responsables, ahora, dado el envejecimiento de la población, debemos comenzar a preocuparnos de los más viejos, para que ellos también sean sexualmente responsables, se examinen para detectar tempranamente las enfermedades de transmisión sexual y ejerzan libre y satisfactoriamente su sexualidad.

El deseo sexual no se pierde con los años, solo va cambiando y hay que saber adecuarse a ese cambio.

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