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Gracias Sofía por denunciar tu primera situación de acoso a tus tiernos 10 años, gracias por darnos esperanza

por 2 marzo, 2017

Gracias Sofía por denunciar tu primera situación de acoso a tus tiernos 10 años, gracias por darnos esperanza
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No dan ganas de escribir cuando piensas que esto le pasó a casi todas. Casi todas tus amigas, hermanas, vecinas y compañeras del colegio y de trabajo. Ese “casi” resuena en nuestros oídos, casi como una tortura. Aquel porcentaje de mujeres que no han sufrido acoso en su más tierna infancia es una de las múltiples e inverosímiles excusas que algunos tienen para decir que el problema no existe. Que estamos exagerando, que pensemos en los niños que mueren de hambre o en el calentamiento global. Transformas tu historia de acoso en la vía pública en un problema del primer mundo y te lo guardas como si fuera un papelito con mensajes secretos, de esos que iban acompañados de un golpecito en la espalda de nuestra amiga en el colegio, y que reemplazaban lo que hoy hacemos con nuestros celulares cada cinco minutos.

Como si estuviésemos imposibilitadas de pronunciar palabra, decidimos no contar sobre aquel hombre que nos interceptó con una mirada lasciva en la calle y preferimos subir el volumen y ajustarnos los audífonos cuando atravesamos la ciudad. Pareciera ser una batalla perdida, pero Sofía, una niña de diez años que alzó la voz frente a su primera situación de acoso, nos trae una ambigua sensación de esperanza frente a una víctima que toma acción, al tiempo que nos provoca asco y rabia que esto siga ocurriendo, que más infancias se manchen así.

Revisa aquí lo que escribió Sofía

Lo anterior está propiciado por el accionar de hombres que no cuestionan sus privilegios ni nos consideran personas, porque perder el trono duele mucho. Desligarse de algo que siempre han tenido debe herirles en lo más profundo, de otro modo no me lo explico. No entiendo cómo se puede ver a una niña como un trozo de carne, y cambiar el switch con otra de la misma edad, pero tratarla con respeto porque se trata de tu hija. TU hija, porque da la impresión de que sólo cuando las cosas (y personas) son "tuyas", te dan ganas de proteger, de ayudar. Pero cuando Sofía camina por el stand de zapatillas de aquella sucursal de París, no es un ser humano: es un molde hecho a medida del agresor. Está ahí para servir, no para cuestionar. Y así, hasta el fin de sus días.

Y lo peor es que aún hay quienes se escudan en la idiosincrasia latinoamericana para justificar que tirar besos al aire o tocarte la bocina son parte de una tradición. A mí no me jodan; el ser humano, por esencia, evoluciona. No sólo se trató de pararnos erguidos o de perder parte de nuestro vello corporal, sino también a nivel emocional y psíquico. Con el paso de los años, nuestras mentes también se expandieron y son capaces de adaptarse, reflexionar y cuestionar nuestra posición en el mundo. A ese respecto, me pregunto: ¿es el hombre acosador perteneciente a un segmento involucionado de la población? Todo indica que sí, pero poco sacamos en limpio si nos quedamos con el diagnóstico, nos hace falta actuar.

En 2015, el 76 por ciento de las mujeres chilenas sufren o han sufrido situaciones de violencia machista en la vía pública, es decir, tres de cada cuatro mujeres fueron acosadas en el transcurso de un año. Imaginemos cuántos acosos ocurren en cinco años, para una sola mujer. Diez años. Veinte años. No inventen que el problema es inexistente.

Así como en Perú, un edificio en construcción instaló un cartel en contra del acoso callejero, debiésemos identificar al enemigo. Ojalá Sofía hubiese sabido el nombre de quien la violentó; ojalá el reclamo no quede ahí, decorando un libro eternamente ignorado en el Servicio al Cliente. Ojalá nos calara hondo que así como puede ser tu madre, tu hermana o tu novia, a una desconocida también le atemoriza salir sola o caminar frente a un hombre. Las cifras son decidoras. El Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) determinó a través de un estudio que, en 2015, el 76 por ciento de las mujeres chilenas sufren o han sufrido situaciones de violencia machista en la vía pública, es decir, tres de cada cuatro mujeres fueron acosadas en el transcurso de un año. Imaginemos cuántos acosos ocurren en cinco años, para una sola mujer. Diez años. Veinte años. No inventen que el problema es inexistente, lo que no existe es tu voluntad de cambiar las cosas, porque a ti no te afectan. No vaya a ser cosa que la próxima Sofía que escriba en un libro de reclamos termine siendo alguien que conoces.

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