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Esterilización no consentida: el otro caso en que a la mujer se le impide decidir sobre su propio cuerpo

por 8 marzo, 2017

Esterilización no consentida: el otro caso en que a la mujer se le impide decidir sobre su propio cuerpo
A pesar que desde el año 2000 no hay leyes que prohíban a las mujeres intervenirse para no tener más hijos o “cerrar la fábrica”, como se dice en buen chileno, aún la comunidad médica se divide entre quienes están a favor y en contra de practicar la EQ por miedo al arrepentimiento de la paciente. Aunque los peores comentarios sobre esta operación, pueden venir del entorno más próximo.
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Es 1975. En medio de un contexto político de inestabilidad, abusos e incertidumbre, una de las expresiones de aquella época se vio reflejada en la Resolución Exenta número 2326 del Ministerio de Salud, que establecía una serie de requisitos para que las personas pudiesen acceder a una esterilización. En un marcado contraste, los puntos más exigentes apuntaban hacia la posibilidad de que una mujer pudiese intervenir en su fertilidad de manera definitiva. En aquellos años, las mujeres podían esterilizarse siempre y cuando hubiesen tenido cuatro partos con hijos vivos y tuvieran una edad mínima de 32 años, además de contar con la autorización expresa de sus maridos. Esta situación se mantuvo hasta el año 2000. Cuando las cosas cambiaron, pero más en la ley que en la práctica.

De haber estado embarazada en los 70’s, Francisca Montecinos (25) ni siquiera podría haber meditado la idea. Ahora que se encuentra embarazada por segunda vez, le manifestó a su médico que no quería tener más hijos. “Me sentía colapsada ya antes de que naciera éste; no sabría reaccionar con otro embarazo”. El médico le dijo que era muy joven para operarse, sin embargo, no fue prohibitivo. De acuerdo con Francisca, el ginecólogo quería que la joven madre estuviera bien segura de esta decisión, por su carácter de permanente. Su entorno, en tanto, no estuvo tan feliz. “Cuando lo comento al resto, es horrible. Tengo que escuchar que me digan desde ‘te vas a arrepentir’ a ‘le puede pasar algo a tus hijos y tú te quedarías sola’”, cuenta.

¿Qué hay dentro de esta tan polémica intervención quirúrgica? Algunas razones esbozadas tienen que ver con rechazar la maternidad de plano y la idea de no tener más hijos. La expresión de la voluntad de la mujer sobre su cuerpo fértil es materia de debate en un país que no permite la interrupción del embarazo. A ese respecto, el ginecólogo Juan Enrique Schwarze, de la Unidad de Medicina Reproductiva de la Clínica Monteblanco, reconoce su preferencia por los métodos anticonceptivos de larga duración en lugar de las categóricas y casi 100 por ciento efectivas esterilizaciones. “Tiene riesgos asociados a cualquier operación. Si una paciente los conoce, yo no tengo por qué decidir por ella. Es criticable que los colegas digan que no se puede”.

Sin embargo, eso parece ser lo que en la práctica sucede en Chile. Al menos así se publicó en noviembre del año pasado en el Informe Anual de Derechos Humanos de Universidad Diego Portales. La investigación, que se realizó con entrevistas a profesionales de la salud, revisión de datos empíricos y jurisprudencia nacional e internacional arrojó conclusiones, como que en nuestro país “en diversas oportunidades son los profesionales de la salud quienes deciden acerca de la esterilización y no siempre la persona afectada participa de una toma de decisión que debe ser libre e informada”.

Lo grave es que esto sucede para los dos lados, es decir, pasa tanto con mujeres a quienes se esteriliza sin su consentimiento, como con aquellas a las que se les niega la esterilización, a pesar de querer hacérsela. El primer caso se da en mayor medida con mujeres y niñas con discapacidad intelectual, aunque no es una práctica habitual, el estudio recomienda que los trabajadores de la salud se instruyan para no menospreciar la capacidad de decidir de las niñas, mujeres y adolescentes con discapacidad mental. El documento recuerda además la denuncia que el año 2002 hizo una mujer de 20 años con VIH y que fue acogida a tramitación por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto habría sucedido en el Hospital de Curicó durante el parto de su hijo.

El profesional tratante tiene el deber de informar a su paciente sobre la EQ, realizando una especie de consejería en salud sexual y reproductiva. Obstaculizar el acceso a la información y a los servicios necesarios para llevar a cabo la mencionada operación también constituyen faltas.

Por el otro lado, están los casos en que a mujeres que requieren ser esterilizadas, no se les presta el servicio ya sea por “cuestiones estructurales de déficit en el sistema público de salud” o por “las creencias personales de los y las prestadoras de salud” debido al “temor a que esas personas puedan arrepentirse en el futuro”, lo que repercute en las más jóvenes. Un ejemplo que cita el estudio, es el de una mujer que acudió al Hospital de Ancud a dar a luz a su segunda hija y acordó con el médico la cesárea y su posterior esterilización debido a que su condición económica no le permitía hacerse cargo de otro hijo. A los meses, y a pesar de haber otorgado su consentimiento informado, comenzó a tener síntomas de embarazo. Hoy tiene un tercer hijo que padece hidrocefalia y coarta sus posibilidades para trabajar. La Corte Suprema acogió el caso y confirmó el daño moral y económico por parte del centro de salud, que tuvo que pagar una indemnización de 35 millones de pesos.

La EQ (Esterilización Quirúrgica en Mujeres)

Conviene detenerse a comprender de qué se trata la cirugía y qué implica. Una esterilización quirúrgica en mujeres (conocida como EQ) significa que las trompas de Falopio son ligadas y cortadas a través de diversos métodos. De acuerdo con el tipo de paciente, es posible realizar operaciones laparoscópicas, que apenas dejan secuelas y que permiten una recuperación más rápida y reducen los riesgos de la cirugía al mínimo. Según la Resolución Exenta, que tiene casi 17 años de vigencia (cambió el 2000), el profesional tratante tiene el deber de informar a su paciente, realizando una especie de consejería en salud sexual y reproductiva. Obstaculizar el acceso a la información y a los servicios necesarios para llevar a cabo la mencionada operación también constituyen faltas.

Gracias a aquella discreta pero efectiva resolución, profesionales como Vilma Aguirre, matrona, pueden derivar a sus pacientes a aquellos facultativos que realizan esta operación, no sin antes entregar una detallada pormenorización de lo que implica este proceso. Vilma dirige el Programa de Salud de la Mujer en el Cesfam José Bauzá, en Lampa, y es así como manifiesta que son “cientos” las mujeres que llegan a su consulta con la inquietud de “cerrar la fábrica”. “Es algo muy normal y corriente, para nada excepciones”, asegura. “A veces las pacientes llegan solas a solicitar la EQ, y otras las matronas se las entregamos como opción. Hay mujeres que ni siquiera saben que existe (la esterilización), otras que creen que tienen que estar casadas y tener mil hijos para optar a esto”.

En Chile, las cifras indican que menos del 15% de las mujeres que se han esterilizado después sí quieren tener otro hijo. Las dos principales causas son una nueva relación de pareja o el fallecimiento de alguno o todos sus descendientes. Y si bien la primera opción para estas mujeres es pensar en la adopción o la fertilización asistida, lo que muchas desconocen, es que la esterilización quirúrgica puede ser reversible.

Ya desde 1992 el ginecólogo norteamericano Charles Koh desarrolló una técnica y el instrumental necesario para revertir la esterilización tubaria por vía laparoscópica. Esta microcirugía, llamada reanastomosis, logra recanalizar las trompas de Falopio que previamente han sido anudadas o cortadas en forma ambulatoria y con sedación.

En pleno 2017, pareciera ser que decidir someterse a una intervención quirúrgica que impida tener hijos es equivalente a pedirles a nuestros padres que nos suban la mesada. Desde un escenario de mujeres que no tienen acceso a la salud privada, incluso al encontrarse con médico que las ayude, tendrán que esperar meses para pisar el pabellón, es decir, una decisión que no se vale por sí misma, y que necesita respaldo de un tercero para llevarse a cabo. Si bien nuestro país no tiene leyes que prohíban la esterilización, la determinación de no ser madres (o de no tener más hijos) saca ronchas en gran parte de la comunidad médica, que termina dividiéndose en verdaderos bandos pro y anti esterilización.

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