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Abortar, la mejor decisión de mi vida

por 25 julio, 2018

Abortar, la mejor decisión de mi vida
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Soy madre de dos hijos. En el año 94 tenía 18 años y me estaba graduando de cuarto medio con cuatro semanas de embarazo. Mi vida sufrió un cambio inesperado y total, en ese momento mi madre me dio la opción de abortar para poder seguir estudiando, pero opté por tener a mi hijo, a pesar de todo lo que significaba dejar atrás: los sueños de estudiar educación física, de ir de viaje con mis amigas y las fiestas, la adolescencia la cambié por pañales y lactancia. Perdí toda una etapa de mi vida por esta decisión, el tiempo es algo que no se recupera. El padre de mi hijo, en cambio, no perdió nada de eso, él sólo estuvo en lo económico, pero siguió su vida sin mayores cambios.

Mi mamá me pidió dos cosas: no te cases y sigue estudiando. Entré a Comunicación audiovisual, me enamoré de la carrera, me fue bien y para mediados de agosto falté sólo dos semanas para tener a mi hijo. El 26 de agosto de 1995 nació Gabriel, estaba feliz, aunque fue un embarazo más bien solitario, no tenía una relación con su padre y mi mamá fue mi mayor apoyo.

Después de tener a mi hijo me preocupé de inmediato de usar un método anticonceptivo, me puse un DIU, no quería volver a ser madre al menos hasta que yo lo decidiera, a fines del 95 en mi instituto conocí a alguien y tuvimos una relación pasajera y abierta. En febrero del 96 me doy cuenta que nuevamente estoy embarazada. La fertilidad era lo mío. Si bien en un primer momento sentí que el mundo se me venía encima, supe de inmediato que no iba a tener ese segundo hijo, con 19 años un hijo de siete meses en brazos, solas con mi mamá, sin pareja y estudiando, la única opción era abortar.

Una vez más mi mamá estuvo al pie del cañón y juntas fuimos a ver a mi médico un poco a modo de garantía por el DIU. Tenía cuatro semanas de embarazo, y él me mismo hizo el procedimiento en su consulta, sin anestesia, sin apoyo psicológico, todo bastante violento. Lo que hizo fue romper el saco gestacional con un implemento ginecológico como un gancho y acto seguido me mando a mi casa a “esperar” que eliminará los restos de forma natural. No hubo anestesia, ni analgésicos.

Esa noche fue horrible, pensé que me iba a morir, caminaba desesperada por toda la casa con unos dolores que me desgarraban. Las contracciones estuvieron presentes toda la noche además de fiebre altísima, ir al hospital por su puesto no era una opción, tenía miedo a ser descubierta y encarcelada. En la madrugada terminó todo, me sentí aliviada y con un gran peso menos, haber tenido un hijo en esas condiciones hubiera sido un aborto a mí misma, a los sueños que estaba construyendo de nuevo.

Más de 20 años después puedo decir que nunca sentí culpa, tristeza o un cambio en mi vida por haber abortado. Al contrario, sólo recuerdo un alivio total al haber tomado esa decisión, la mejor decisión que he tomado en mi vida. Sabía que con los años volvería a ser madre, pero cuando yo sintiera que era el momento y con quien yo eligiera. El año 2004 nació Antonia.

Hoy trabajo desde la Plataforma #AbortoLegalySeguro porque el derecho de todas a decidir es básico. Las mujeres somos autónomas, y tenemos derecho a realizarnos y a cumplir metas que nada tengan que ver con la maternidad, incluso siendo madres. No podemos perder derechos por ser madre, ni ser tratadas como ciudadanas sin opinión ni soberanía sobre nuestro propio cuerpo.

Es importante una ley de Aborto Legal y Seguro en Chile, para proteger a las niñas y mujeres chilenas de los riesgos que se corren al intervenir un embarazo de manera clandestina, así también es urgente mejorar el acceso a educación sexual y a anticonceptivos de toda la población. No puede ser que las mujeres más pobres mueran abortando, mientras que las que tienen recursos abortan de manera segura. La lucha que estamos dando es para que todas tengan la oportunidad de decidir sobre su cuerpo, su vida y su futuro, libres de imposiciones y culpas.

La maternidad será deseada o no será.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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