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Yo Opino

La sororidad como pacto político entre mujeres que luchan

por 17 octubre, 2018

La sororidad como pacto político entre mujeres que luchan
Una respuesta ante la indefensión, un paraguas para protegernos y defender a las más vulnerables, a las sin voz y sobre todo para decir que estamos unidas y juntas enfrentamos el machismo y el mal entendido “amiguismo” masculino que protege a los abusadores y amedrenta a las que han sido capaces de denunciar.
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El concepto “sororidad”, que podría venir de sor (hermana) como símil de fraterno, es la idea de la solidaridad entre mujeres que incluso no se conocen entre ellas, pero que se identifican a través de una vulneración transversal de sus derechos y la necesidad de la unión como principal motor en medio de las injusticias de la sociedad patriarcal.

Esta nueva manera de encontrarnos en el cariño, -más allá de la envidia y la competencia que se nos ha inculcado desde temprana edad, dada por la importancia del cuerpo, el vestir, los estereotipos errados de belleza y la idea de un “príncipe azul” por el que muchas veces hay que pelear-, se ha ido tomando los grupos feministas y permeando la idea de la colaboración por sobre la competencia. Es así como ser “sororas” se transforma en una rebelión política para cambiar lo establecido erróneamente hasta ahora.

Asumiendo que no todos están familiarizados con este término presento una interpretación libre, confianzuda y romántica, donde se podría definir sororidad como “la amistad entre mujeres que viven bajo condiciones de desigualdad dadas -además de por el género-, por la raza, condición social o la religión. Un “pacto político” -como dijo la feminista Marcela Lagarde- que las hace cómplices en la revolución, que busca a través de un cambio paradigmático la libertad y soberanía sobre sus cuerpos”.

Un ejemplo de ello es la campaña en redes sociales #yotecreo y #metoo donde muchas mujeres han levantado la voz, exponiéndose a perder sus privilegios, para salir a defender a otra en la que se identifican, porque la sororidad también se enhebra con un hilo de dolor que atraviesa a todas y cada una de las mujeres abusadas y discriminadas.

Es así, como muchas de nosotras hemos decidido no callar, por ejemplo, ante los abusadores laborales y sexuales, recordemos que la llamada “ola feminista” en Chile toma fuerza junto con las primeras tomas feministas en universidades generadas tras el acuso laboral grave de un profesor de la Universidad Austral de Valdivia, al igual que lo sucedido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, marcando un hito ante la impunidad que se venía presentando desde siempre en los ambientes académicos, donde los sumarios no llegan a nada y las denuncias terminan sin culpables y con las victimas desplazadas , cuestionadas y hostigadas para dejar sus trabajos. Quienes se sintieron seguros desde su privilegiado rol masculino deben cuidar más su lenguaje y acciones porque la impunidad está quedando atrás frente a la denuncia y la solidaridad de género.

La sororidad ha impulsado también la acción de mujeres que nunca antes se habían involucrado políticamente, y que empujadas por el cariño e identificación con otras mujeres han hecho un espacio en sus vidas para la lucha por derechos para todas. Lo veo en el gran ejemplo de mis compañeras de la Plataforma por #AbortoLegalySeguro y en las compañeras argentinas que han reventado una lucha que engloba a Latinoamérica como un sólo territorio.

Una respuesta ante la indefensión, un paraguas para protegernos y defender a las más vulnerables, a las sin voz y sobre todo para decir que estamos unidas y juntas enfrentamos el machismo y el mal entendido “amiguismo” masculino que protege a los abusadores y amedrenta a las que han sido capaces de denunciar. Yo te creo hermana y estoy dispuesta a apoyarte, aunque nunca te haya visto, aunque no te conozca porque somos hijas de la misma injusticia y porque la revolución feminista es por mí y por todas mis compañeras.

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