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Cuando se cierran los ojos

por 25 agosto, 2019

Cuando se cierran los ojos
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Según diversas investigaciones, parece que la salud, y la esperanza de vida están influenciadas positivamente por una buena salud sexual, y una vida sexual activa. En especial algunas enfermedades como el cáncer de próstata, actúan ambas de forma preventiva.

Pero, además, también la sexualidad es un incentivo, un importante pegamento, un bálsamo reparador y revitalizador, de las difíciles y siempre complicadas relaciones de pareja. Todo esto aparte, de la importancia que la vida sexual tiene, para la calidad de vida en general.

Pero hemos complicado la sexualidad, hasta el punto de convertirla en un mal rollo en muchísimas ocasiones, en lugar de un valor, como realmente es. En una amenaza, en lugar de una oportunidad, como puede serlo, incluso como un importante instrumento rehabilitador. En problemas, en lugar de capacidades a desarrollar.

Por ello, que la sexualidad sea un problema, o simplemente esté ausente o casi desaparecida, se vive con normalidad. Como lo normal es lo problemático, las personas, no lo viven como tal, y por tanto lo asumen, sin ver la necesidad de solucionarlo. Así hay muchas personas que se encogen de hombros, que se resignan y que lo asumen. Y otras que lo sufren en silencio, a veces muy profundamente, sin decidirse a consultar.

Y los que se deciden, generalmente tienen un proceso lento y complicado, que muchas veces pasa por una previa, de consultas por internet, que suele ser más perjudicial que beneficiosa. Luego algunas personas dan un paso más, y pasan a preguntas y consultas a profesionales no sexólogos, que a veces “marean la perdiz”, y otras, las menos, intentan buscar ayuda en un profesional de la sexología. Cuando esto no ocurre, la persona se queda sola ante el peligro, y a veces acuden a supuestos profesionales de la sexología, que no lo son, y que acaban agravando el problema.

Y cuando finalmente, acuden a verdadero profesional de la sexología, lo hacen con miedo, y también con creencias erróneas. La principal de todas ellas, es que el problema se solucionará en una primera consulta. Cuando ven que esto no es cómo piensan, que no hay pócimas milagrosas, finalmente se desaniman, y abandonan. Y vuelven al principio, resignados a que las cosas han de ser así. Y lo justifican con la edad o con otro tipo de excusas. A partir de ahí, hay personas con mayor o menor capacidad de asumir una vida sexual pasiva. Es decir, con mayor o menor capacidad para cerrar los ojos, ante un hecho universal: las personas son sexuadas, sexuales y eróticas, con el interruptor apagado o encendido, pero sin dejar de serlo.

Pero las cosas no tienen por qué ser así. Y en el orden de prioridades, la sexualidad suele quedar en la cola muchas veces, por la cultura sexofóbica en que vivimos. Pero abrir los ojos, y enfrentarse sin miedos a los problemas sexuales, nos suele acarrear inmensos beneficios a todos los niveles, sin distinción de edades, por cierto.

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