jueves, 21 de noviembre de 2019 Actualizado a las 16:53

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Cuerpos que no importan

por 2 noviembre, 2019

Cuerpos que no importan

Crédito: Agencia Uno

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Durante estos días nos hemos visto expuesta a diversas imágenes sobre violencia en las calles, y leyendo relatos de violencia y abuso sexual que sufren tanto hombres como mujeres durante las detenciones realizadas. A la fecha, el INDH nos habla de cifras de decenas de muertos/as y desaparecidos/as, cientos de heridos/as, miles de detenidos/as. Estos números vienen de reportes y testimonios, comprenden solo una muestra de la totalidad de la violencia de agentes del Estado. Entre toda la brutalidad que observamos y vivimos, como mujeres y feministas, lo que encontramos indispensable visibilizar es el uso de la violencia sexual como una herramienta de tortura, humillación y subyugación de esos cuerpos.

Análisis sobre cómo los cuerpos (sobretodo el de las mujeres) han sido usados como trofeos en tiempos de crisis o guerra existe ampliamente a nivel internacional. El derecho internacional de los derechos humanos considera delitos de tortura sexual perpetrado por agentes del Estado como crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, no deseamos detenernos ahí. En un momento en que las cifras de muertes, heridos/as, desaparecidos/as y detenciones aumentan se hace indispensable situar una reflexión que articule una mirada interseccional sobre cómo se materializa la violencia en los cuerpos, pero al mismo, tiempo que nos invite a remirar nuestras posicionalidades de vulnerabilidad y privilegio, desde una mirada interseccional.

El feminismo históricamente ha analizado la corporalidad de la violencia. La protesta y la resistencia no se encuentran desvinculadas de las corporalidades desde donde actúan. Los cuerpos en protesta y resistencia son aquellos que han habitado los márgenes desde los que nunca han conseguido los privilegios posibles desde aquellos cuerpos normados que usualmente responden a un hombre blanco, heterosexual, propietario y libre.

Entre toda la brutalidad que observamos y vivimos, como mujeres y feministas, lo que encontramos indispensable visibilizar es el uso de la violencia sexual como una herramienta de tortura, humillación y subyugación de esos cuerpos. 

Quienes se alejan de este ideal, son cuerpos prescindibles, incluso desechables, por su color de piel, su género o su sexualidad. En el caso chileno, mujeres, mujeres lesbianas que no responde a un estereotipo femenino, y personas trans nos podrían dar cátedra de ello.  Desde estos análisis, es necesario pensar que aún cuando podrías estar presente en una marcha por la misma razón que la persona al lado tuyo, el riesgo de enfrentar violencia y de enfrentar específicas formas de violencia no es la misma y puede variar radicalmente. Como lo decía Judith Butler, en sus análisis de género y sexualidad, no todos los cuerpos importan, y cuando importan no sucede de la misma manera.

La politización de la materialidad de los cuerpos, sean estos feminizados o masculinizados, nos permite hoy centrar la discusión sobre género, sexualidad, raza, clase y edad, al momento de reflexionar sobre la violencia brutal ejercida por las fuerzas armadas y de la policía contra aquellas sujetas y sujetos que históricamente han sido situados en los márgenes. Josue Maureira, estudiante de medicina de la Universidad Católica, quien fue abusado sexualmente durante su detención, obligado por carabineros a desnudarse y a gritar su identidad sexual. Las más de cuarenta víctimas de torturas y tratos crueles de violencia sexual según el INDH, donde la mayoría son estudiantes jóvenes y mujeres, nos invitan a reflexionar sobre cómo opera la violación de los derechos humanos en esta crisis y a entender que esa violación de derechos se encuentra complejizada por políticas de corporalidad, que hacen que quienes ejercen la violencia establezcan criterios de valoración (o desvalorización) de esos cuerpos.

Los cuerpos son absolutamente capaces de desafiar todo orden simbólico representado en cualquier proyecto de sociedad. Hoy en Chile esto ha ocurrido. Se resisten cuando quiebran el ecro de homogeneidad social en distintos ámbitos y producen espacios de resistencia, de aniquilación, de enfrentamiento. Sin embargo, al mismo tiempo, estos son espacios de esperanzas, nuevas libertades y posibilidades de otros mundos con mayor justicia y menos desigualdad. Desconocer, reprimir o criminalizar los quiebres no esconderá el hecho que nada podrá ser como fue antes, porque los cuerpos lo gritarán y lo recordarán.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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