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Un agresor nunca será un buen padre

por 15 marzo, 2020

Un agresor nunca será un buen padre
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Esta semana se dieron a conocer el caso de una niña de 4 años que se encuentra en riesgo vital después de haber sufrido agresiones por parte de su padre en la comuna de Colina y el caso del niño de 11 años asesinado por su padre en Tinguiririca. Progenitores que también habían agredido a las mujeres madres. Uno será formalizado por femicidio y parricidio frustrado y el otro por parricidio consumado.

Las mujeres madres víctimas de violencia en contexto de pareja cuando logran separarse de sus agresores y salir del circuito de violencia, buscan también proteger a sus hijos del agresor, muchas veces negándoles las visitas por miedo a que los dañe.  El agresor tiene muy claro que el único vínculo que le queda con su víctima son los hijos en común, por tanto, la forma de seguir ejerciendo violencia y control sobre ellas es mediante la instrumentalización y daño que puedan infringir a las y los hijos.

Eso es violencia institucional de género, que afecta el igualitario acceso a la justicia de las mujeres. Una práctica judicial de desidia en la protección de sus derechos y con ello exponiendo a sus hijos e hijas a los cuales ha buscado proteger del agresor progenitor.  

Es en estos momentos en los que se nos vienen a la mente la interminable lista de juicios en los que las mujeres reclaman que quieren alejar a los agresores de sus hijos, y no lo logran, porque los tribunales de familia subestiman y normalizan la violencia de género, culpando a las madres por negar las visitas sin considerar los antecedentes de violencia (todo lo contrario a lo que prescribe el artículo 31 del Convenio de Estambul sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica).

De esta manera -y contra la voluntad y esfuerzo que ha hecho la mujer para proteger a los niños- las presionan a conciliar regímenes de relación directa y regular entregando a manos de sus agresores, abusadores sexuales o asesinos (todos progenitores) a los hijos e hijas en común, debido a que los tribunales disocian al agresor del padre siendo que es una misma persona que ejerce la relación de poder. Un agresor de mujeres jamás va a ser un buen padre si atenta contra la integridad y vida de la cuidadora principal de sus hijos, de los cuales, además no cuida cotidianamente, porque delega sus cuidados en la mujer que violenta.

Eso es violencia institucional de género, que afecta el igualitario acceso a la justicia de las mujeres. Una práctica judicial de desidia en la protección de sus derechos y con ello exponiendo a sus hijos e hijas a los cuales ha buscado proteger del agresor progenitor.  Así, el mismo estado de derecho en Chile cultiva una sociedad en que la violencia de género hacia mujeres y niñ@s se facilita en impunidad llenando los titulares diarios.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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