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Crisis de los cuidados ¿Cómo la enfrentamos?

por 31 mayo, 2020

Crisis de los cuidados ¿Cómo la enfrentamos?
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En este contexto mundial de pandemia, las carencias y necesidades sociales quedan al descubierto, y se acentúan crisis previas como las de los cuidados. Las cifras de muertes aumentan día a día a nivel mundial, relevando la urgencia por defender y cuidar la vida humana. De ahí que preguntarse ¿qué significa la necesidad universal de cuidar?, se coloca al centro y junto a ella, una confrontación de paradigmas expresados en el alcance o no de las medidas estatales, del mercado, de comunidades  e individuos: la competencia versus la solidaridad.

El movimiento feminista había develado la violencia estructural y sexista del sistema neoliberal al poner en la palestra pública los cuidados. La invisibilización de ese trabajo realizado principalmente por mujeres, estalla con las crisis sanitaria y nos llama a complejizar la mirada para abordarla: recortes en materias de seguridad social, ausencia de derechos sociales, aumento de las desigualdades económicas,  incorporación masiva de las mujeres al trabajo asalariado,  crecimiento de las tasas de envejecimiento,  transformaciones en las estructuras familiares y  cambios culturales, se articulan como algunos factores influyentes. A su vez, devela la interacciones sociales en las cuales se desenvuelven los cuidados, no son solos los hogares, dialogan necesariamente  familias, Estado, mercado y comunidades de distinto tipo. Sin embargo, bajo orientaciones neoliberales, se restringe su abordaje a la responsabilidad individual del “sálvese quien pueda”, en la mercantilización extrema de las condiciones de reproducción de la vida, estamos a la deriva.

La incertidumbre y miedo que se instala sobre las familias con una crisis que no tiene fecha de término, moviliza a los feminismos en el desafío por  resignificar  lo humano y ponerlo por delante, entendiendo que en esta crisis el culpable exclusivo no es el coronavirus, sino el resultado del despojo de derechos, de lo común y de lo solidario, desentendiéndose los estados de su responsabilidad en la reproducción social.

En dicho marco se aborda la necesidad de ampliar la conceptualización de los organismos internacionales sobre los cuidados, pasando de una mirada restrictiva en que “el trabajo de cuidado consiste en dos actividades superpuestas: cuidado directo, personal y relacional (alimentar a un bebé o cuidar a alguien - enfermo) y actividades de cuidado indirecto (cocinar y limpiar) que se desarrollan en ámbitos remunerados o no remunerados”; hacia una concepción amplia de los cuidados, que incorpora prácticas sobre los trabajos feminizados en general que sobrepasan los ámbitos del hogar: la educación, la salud, entre otros.

La urgencia de la pandemia nos empuja a repensar nuevas formas para organizarnos socialmente; reordenar la ciudad y los espacios públicos, repensar modelos de ciudadanía y modelos de estado, el cuidado de la naturaleza, de la alimentación, en definitiva, la desfeminización de los cuidados en sentido amplio, hacia su colectivización.

Esto sin perder de vista las necesidades concretas a las que nos enfrenta la crisis, pues aun cuando la crianza debe socializarse, hoy sigue siendo responsabilidad mayoritaria de las mujeres. Una labor que se incrementa en demanda y agobio con el confinamiento social, restringiendo el derecho al tiempo libre y a la posibilidad de construir libertad y privacidad. Una labor de extrema importancia que debe asumir formas colectivas. La escuela es una figura conocida en esa línea y su ausencia lo hace más notorio. En las escuelas no solo se enseñan conocimientos, se proporcionan alimentos, se detectan y enfrentan abusos sexuales, se transmiten valores y más. Por lo que su cierre traslada de forma desigual esas dimensiones a las casas,  transformando la crisis de los cuidados, también en una crisis de la educación. De ahí que por ejemplo, reponer la labor docente en el Estado desde una perspectiva feminista permitiría incluir su dimensión de  cuidados y responder a la crisis Covid en la educación, de forma integral.

A parte de las escuelas públicas y algunas experiencias comunitarias, sobre todo en las comunidades indígenas del país, hay una ausencia de instituciones que permitan colectivizar los cuidados. La crisis de los  cuidados es sin duda la crisis de todas las redes o sistemas que sostienen la vida y que se encuentran hoy privatizados. Partir por identificar políticas que disminuyan el agobio e incertidumbre que descansa en espaldas feminizadas es un punto de partida.

 

El movimiento feminista había develado la violencia estructural y sexista del sistema neoliberal al poner en la palestra pública los cuidados. La invisibilización de ese trabajo realizado principalmente por mujeres, estalla con las crisis sanitaria y nos llama a complejizar la mirada para abordarla.

En una mirada de mediano y largo plazo, los cuidados deben estar al centro de la disputa por el proceso constituyente y de las transformaciones del modelo. Propuestas como el reconocimiento constitucional del trabajo de cuidados, el salario para el trabajo doméstico, el fortalecimiento de los derechos de las trabajadoras de casa particular y de las cuidadoras de personas dependientes, la articulación de un sistema nacional de cuidados, el fortalecimiento de redes comunitarias de cuidados, el reconocimiento a las comunidades indígenas, cuyo sistema cultural y de valores otorga al cuidado una importancia que en la sociedad occidental se ha perdido, entre otras, son puntos por trabajar para llegar a una comprensión de los cuidados como derecho universal, como responsabilidad común.

El fetiche neoliberal de que se puede vivir y sobrevivir individualmente hace aguas. La interdependencia y solidaridad ha existido siempre pero se ha invisibilizado en la labor de las mujeres que son principalmente las que cuidan. El individualismo ha sido una ficción pública que se ha  sustenta en explotación femenina invisibilizada. El estado neoliberal ha demostrado con creces su incapacidad para asegurar nuestras vidas. Este estado no nos cuida, es tiempo de recuperarlo y hay fuerza feminista para ello.

Estas líneas son fruto de una reflexión colectiva. Desde la Fundación Nodo XXI y con el apoyo de la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung dimos inicio este 26 de mayo a un ciclo de diálogos y trabajo en torno a la crisis de los cuidados,  abriendo la pregunta sobre ¿Cómo la enfrentamos?. En esta primera sesión contamos con la participación de: Javiera Arce (Red de Politólogas), Pilar Maturana (Magistradas Chilenas), Gloria Maira (Mesa de Acción por el Aborto en Chile), Tatiana Hernández (Observatorio de Género y Equidad), Camila Vega (Cooperativa de Economía Feminista Desbordadas), Rosario Olivares (Redofem), Valentina Saavedra (Red de mujeres por la Ciudad), Camila Rojas (Diputada Partido Comunes), Javiera Vallejo (FES Chile), Constanza Schonhaut (Corporación Humanas), Vesna Madariaga (Asociación de funcionarios y funcionarias del Ministerio de la Mujer y Coordinadora 8M), Verónica del Pozo (ABOFEM), Maite Orsini (diputada Revolución Democrática), Priscilla Gonzalez (Red Chilena contra la Violencia), Teresa Valdés (Observatorio de Género y Equidad), Arlette Gay y Sarah Herold (FES Chile), Camila Miranda y Daniela López (Fundación Nodo XXI).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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