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El machismo también es una pandemia

por 11 agosto, 2020

El machismo también es una pandemia
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Hace un tiempo ya existe mayor conciencia respecto de la violencia que viven (vivimos) las mujeres. Pero no basta con hacer eco de las demandas evidenciadas por distintos colectivos y artistas, llegando a un punto álgido con las intervenciones de LasTesis, replicadas a nivel mundial, que desde el estudio de autoras como Rita Segato o Silvia Federici apuntan a la violación como asunto político o al femicidio como punto máximo de la violencia contra nosotras, las mujeres.

De nada sirve decirnos conscientes de ello como territorio, si las estructuras que sostienen nuestras vidas en esta sociedad no son reformuladas: cotización en AFP (que ya condenan a la pobreza por igual a hombres y mujeres, pero pareciera ensañarse con éstas últimas), sistema de salud (aún existen negativas a esterilización incluso cuando hablamos de mujeres mayores de edad, so pretexto de que cambiarán de opinión más adelante) o las constantes revictimizaciones que se hacen desde el Estado respecto de los crímenes contra nosotras.

A ellas y a las cerca de mil mujeres asesinadas desde el año dos mil a la fecha, las recordamos y tenemos presente, aunque el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género no las contabilice adecuadamente.

Desde hace un tiempo estamos siendo testigos como territorio de la violencia machista, así como la lentitud y falta de carácter para condenar estos hechos de forma ejemplar: Nabila Rifo, Fernanda Maciel, Francisca Díaz (#FranYoTeCreo), Antonia Barra o el reciente asesinato de Ámbar Cornejo. Incluso yendo varios años atrás, podemos recordar el caso de las catorce niñas violadas y asesinadas en Alto Hospicio y recordaremos también cómo, desde el lenguaje en los distintos medios, se generaba doble violencia hacia ellas y sus familias al afirmar que podrían haberse ido por  voluntad propia o que estarían ejerciendo la prostitución, entre otros casos profundamente lamentables que dan cuenta de la violencia hacia niñas y mujeres.

A ellas y a las cerca de mil mujeres asesinadas desde el año dos mil a la fecha, las recordamos y tenemos presente, aunque el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género no las contabilice adecuadamente, al ser sus cifras mucho menores porque sus categorías de análisis son reducidas en cuanto a lo que consideran como femicidio, además de volver a fojas cero el uno de enero de cada año olvidando a todas las niñas y mujeres asesinadas el año anterior. Esto es algo que se ha denunciado, yo misma lo he hecho ya en algunas obras: Ni una más (2007); Ni una más II (2007-2019) donde consigné el nombre de las mujeres asesinadas por violencia machista y fueron, hasta ese momento, 746 mujeres y niñas. Afortunadamente, gracias al trabajo que hace la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres así como el Movimiento Ni una Menos, podemos contar con buena parte de un archivo que no nos permite olvidarlas, y mucho menos, omitirlas.

Es necesario que esto siga cambiando, que nos comprometamos cada vez más desde nuestras veredas y exijamos que jueces, juezas y fiscales, así como el aparato público y estatal, reciban formación en temas de género y abusos sexuales para que no se repitan los mismos errores y se siga condenando a más mujeres y niñas a la violencia y revictimización, persiguiéndolas a ellas en vez de dictar sentencias ejemplares contra los verdaderos culpables de forma oportuna. El machismo también es una pandemia, no nos olvidemos de ello.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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