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Algunas reflexiones sobre la ley de interrupción del embarazo

por 13 noviembre, 2020

Algunas reflexiones sobre la ley de interrupción del embarazo

Créditos: EFE/ Daniela Brik

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La capacidad de diálogo es una de las características que nos destaca como especie. Las neuronas espejo, responsables de la imitación y la empatía, fueron descritas hace décadas y se han propuesto como parte fundamental de la evolución humana. Cuando el diálogo aborda temas tan sensibles como son el principio y el fin de la vida, este diálogo se realiza desde un espacio profundo y a veces irracional: se trata de compartir nuestras convicciones más profundas y no es de extrañar que nos sintamos interpelados y amenazados si nos cuestionan algo tan básico. Lamentablemente, lo usual activar el instinto de defensa, más que la intención de dialogar y encontrar espacios en común. Opinamos desde la superioridad moral y desde la verdad absoluta, que en cualquier otro contexto somos capaces de reconocer que no existe. Etiquetamos al otro de manera despectiva, con un reduccionismo absoluto; o bien me etiqueto a mí mism@ y, de manera indirecta, etiqueto y desprecio al otro.

Si soy pro-mujer, siguiendo un sentido lógico el/la que piensa distinto que yo es anti-mujer. Si soy pro vida, mi contraparte necesariamente es anti-vida. O los que -como yo- reconocen el aborto como un tema de una complejidad tal que nos cuesta emitir una opinión fácil y nos negamos a usar pañuelo de uno u otro color, somos frecuentemente tildados de acomodaticios o indecisos. Eso impide cualquier encuentro, cualquier posibilidad de encontrar puntos convergentes. Y las únicas perjudicadas son las mujeres de nuestro país. Porque mientras las élites discuten, no estamos viendo esfuerzos reales por aumentar, por ejemplo, acceso a información y anticoncepción, que sabemos que es la estrategia más útil para disminuir abortos. Pero nos topamos con el sinsentido, ironía incluso, de que muchos de los que abogan contra el aborto, hace pocas semanas negaron la posibilidad de avanzar en una ley de educación sexual integral para nuesrt@s niños y adolescentes…

Estas mujeres no necesitan que aumentemos su sufrimiento discutiendo a través de redes sociales sobre la decisión más personal y dolorosa que han tenido que tomar.

Nadie está en principio contra la vida ni contra los derechos de nadie, y creo que plantearlo así es sobre simplificar un tema complejo en que simplemente es más fácil subestimar a mi contraparte. Que, por lo demás, no debería ser contraparte sino mi dialogante.

La ley 21.030 está publicada y, como tal, se da por entendida y vigente. Contempla 3 causales que hacen posible interrumpir una gestación en forma legal: riesgo vital de la embrazada, incompatibilidad del feto con la vida extrauterina o embarazo producto de violación. El centro está en la decisión de la mujer que se encuentra en una de estas terribles situaciones y no se impone a nadie. No es en ningún caso, por tanto, una ley que fomente el aborto. A los profesionales de la salud nos otorga la posibilidad de abstenernos de participar en el procedimiento en caso objeción de conciencia. Siendo así, y contrario a la opinión que recientemente han emitido algun@s colegas, no creo que a los médicos nos toque la parte más compleja de la ley ni que seamos l@s llamad@s a tener la opinión más relevante sobre ésta. Recordemos por favor de quiénes hablamos cuando mencionamos esta ley…

Mujeres con alguna enfermedad, a veces conocida previamente y a veces no, en que el embarazo representa un franco riesgo para su salud y su vida. Muchas de ellas con embarazos deseados, y que optan por esta decisión pensando en su vida futura, eventualmente en su familia o en sus otros hijos…

Mujeres que van a una ecografía de rutina y se enteran de que su hij@ no tiene posibilidad de vivir después de nacer… nuevamente, muchas de ellas con embarazos deseados, pero que simplemente no se sienten capaces de prolongar un duelo de tal magnitud. A veces la gestación no era deseada y todo el proceso se vive además con mucha culpa.

Mujeres que están cursando un embarazo producto de una violación, en que cada sensación corporal (y cualquiera que hayan vivido un embarazo sabrá que son muchas) le recuerda al trauma más terrible de su historia.

Tal vez no estamos de acuerdo con que decidan interrumpir su gestación, y es válido. Tal vez empatizamos más con el embrión o feto en gestación que con la mujer, válido también. Pero creo que sí podemos encontrar un punto de convergencia, estas mujeres no necesitan que aumentemos su sufrimiento discutiendo a través de redes sociales sobre la decisión más personal y dolorosa que han tenido que tomar. Busquemos las instancias, busquemos los medios, sin duda es un tema que se debe conversar. Pero seamos capaces de encontrar espacios de respeto por el que piensa diferente y, sobre todo, con respeto y cariño hacia ellas, las reales afectadas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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