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Sexismo en las aulas universitarias: “prefirieron poner una tapa para cubrir nuestras mesas antes que exigirles a los docentes que dejaran de vernos las piernas”

por 29 enero, 2021

Sexismo en las aulas universitarias: “prefirieron poner una tapa para cubrir nuestras mesas antes que exigirles a los docentes que dejaran de vernos las piernas”

Créditos: Foto de Raul Zamora/Aton Chile

Los sesgos de género están presentes en todas las etapas de la educación. En la universidad, esto se expresa de manera brutal, pues, en gran parte de las instituciones educativas “no hay marcos regulatorios que estén asociados al derecho a una educación libre de violencia o discriminación”, expresa la experta en educación no sexista, Camila Arenas.
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“En mi universidad, nos quejamos con el jefe de carrera porque había profesores que siempre nos miraban las piernas cuando estábamos sentadas, y la respuesta de él fue que no eran miradas con mala intención que era normal que una carrera como enfermería, con tantas mujeres, a los profes se le fueran los ojos de vez en cuando. Reclamamos tanto, que prefirieron poner una tapa a las mesas para que no se vieran nuestras piernas, antes que llamarles la atención a los docentes”, cuenta Constanza Pérez (32), acerca de sus días estudiando enfermería.El sexismo, según la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, es la sobrevaloración de un grupo humano sobre otro a razón de su condición sexual. “En las sociedades patriarcales, como la nuestra, se considera que las mujeres somos inferiores respecto de los hombres”, explican.

Por ello, el sexismo se muestra como una expresión de un orden social y según analizan desde la red, es tan antiguo el poder que ejercen los hombres sobre las mujeres que se ha “naturalizado” en nuestra cultura, por lo que lo aprendemos, internalizamos y recreamos. No hay espacio que se libre de ello, ni siquiera el educativo, el cual es un ámbito que lamentablemente aún en 2021, está presente con mucha fuerza.

Es por ello que, para analizar este fenómeno y ver soluciones, además de protocolos para luchar contra este problema sociocultural, conversaron con El Mostrador Braga, la experta en educación no sexista, Camila Arenas; y la profesora y directora de la Dirección de Género de la UC de Temuco, María Cecilia Fernández.

Para Arenas, los sesgos de género están presentes en todas las etapas de la educación. En la universidad, esto se expresa de manera brutal, pues, en gran parte de las instituciones educativas “no hay marcos regulatorios que estén asociados al derecho a una educación libre de violencia o discriminación”, expresa.

Por lo tanto, no existen órganos que se encarguen de pesquisar los fenómenos asociados a esto y entonces, menos de corregirlos. Para el mundo académico, con excepción de quienes se dedican a estos temas, lo anterior no es algo a abordar en ningún término. Lo que se traduce en que los programas de los cursos no contemplan lecturas paritarias, en que los docentes ejemplifican de manera sexista, en que las situaciones de abuso y acoso entre pares se comprenden como algo de la vida privada del estudiantado. “Peor todavía, los hechos de esta connotación cometidos por funcionarios son encubiertos la mayoría de las veces por las máximas autoridades de las facultades o de la misma casa de estudios”, explica la experta.

Para ella, lo mínimo que una universidad debe hacer para desnaturalizar el sexismo en la educación que entrega, es comprender que dicha problemática es transversal y atenta contra la formación de sus estudiantes. “Para eso, hay que revisar la institución en sí, desde su lema hasta la composición de género de su cuerpo docente”, analiza.

Esto significa revisar quién se gana los concursos, intervenir cátedras (no en contenidos, sino que en prácticas educativas del docente), formar a los académicos en género y promover a quienes ya lo estén. Esto a la par de levantar un departamento que se dedique exclusivamente a recibir denuncias y que estas se aborden integralmente, es decir, un espacio que se encargue de la protección del denunciante, el seguimiento del caso, la derivación psicológica pertinente y facilitación de apoyo legal de ser necesario, entre otras cosas.

Para que esto funcione, Arenas considera que este órgano no debe depender de asuntos estudiantiles o instancias similares, porque el sexismo no es sólo un asunto estudiantil, “no puede ser que en el mismo lugar donde pregunto por el pase escolar, también pueda hacer denuncias por abuso sexual”, determina.

Partamos por casa

Una de las universidades de nuestro país que se dio cuenta que no podía continuar su camino educativo sin considerar el sexismo que podría estar asechando sus aulas, fue la Universidad Católica de Temuco, quienes crearon una Dirección de Género, especialmente encargada de este tipo de problemáticas.

Su directora, María Cecilia Fernández, en conversación con El Mostrador Braga, narra que si iban abordar este problema, lo iban a hacer bien, por lo que redactaron siete lineamientos: la visibilización y diagnóstico de brechas y desigualdades de género; la incorporación de perspectiva de género en itinerarios formativos de pre y posgrado; la promoción del uso de lenguaje no sexista, con su respectiva prevención y sanción de la violencia de género; la conciliación entre vida familiar y actividades universitarias; el fomento de la investigación científica con perspectiva de género; y perspectiva de género en extensión y vinculación con el medio.

Violencia de género en las aulas

Para Fernández, es muy importante que existan protocolos de actuación en caso de recibir una denuncia de violencia de género, en el caso de la propia, esta incorpora situaciones que ocurren al interior de la universidad y situaciones que ocurren fuera de la universidad, “principalmente en el contexto académico. Nuestro deseo sería también poder incorporar situaciones que ocurran en contextos no académicos. En actividades no institucionales, porque claro hay situaciones que pasan por ejemplo en una fiesta mechona, esa se puede considerar una actividad institucional cuando está organizada por la universidad”, cuenta.

El problema, para ella, es que existe un fallo de la Corte Suprema que establece que aquellas situaciones ocurridas fuera de la universidad y en contextos no académicos, no pueden ser perseguidas por la casa de estudio, por lo que hace un llamado a las autoridades judiciales, a que se pongan a la altura de la situación, porque no es justo que una niña abusada por un compañero fuera de la universidad, “tenga que quedarse en su casa para evitar verlo y que él si pueda continuar sus estudios sin ninguna consecuencia”, expresa la académica.

Fernández considera que hay hartos mitos sobre la violencia de género de manera general, y que se trasladan también al espacio de las universidades. Algunos tienen que ver, por ejemplo, con “esto de pensar que estos actos de violencia solamente ocurren en espacios socialmente muy vulnerables, entre personas que tienen bajos niveles educacionales o que están relacionados con el consumo de alcohol y las drogas”, explica.

Otro mito muy común es el creer que la mujer algo habrá hecho para que la violenten, “es un mito muy arraigado en donde terminan responsabilizando a la víctima de un acto violento porque se vistió de tal o cual manera, también hay mitos asociados al que el agresor tiene una patología, que es un enfermo, que tiene algún problema mental y que por eso agrede”. Para la académica, los mitos finalmente son ideas erróneas respecto de este fenómeno, que lo que hacen es naturalizar, es justificar y de alguna manera legitimar esta cultura y estructura que favorece actos de violencia que están basados en las relaciones de género.

Finalmente, Fernández considera que es muy importante que otras casas de estudio se sumen a estas iniciativas y lancen protocolos y elaboren su propia Dirección de Género, en el caso de la propia, la UC de Temuco lanzó la noticia en una semana simbólica, con una campaña que titularon “partamos por casa”, el 25 de noviembre, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres dominicanas que se opusieron a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y fueron asesinadas a palos y lanzadas a un barranco en esta misma fecha, en 1960.

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