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Yo opino

“Ni machismo ni feminismo” o cómo enseñarle a un político sobre igualdad

por 9 abril, 2021

“Ni machismo ni feminismo” o cómo enseñarle a un político sobre igualdad

Créditos: Foto Amnistía Internacional

“Igualdad, equidad, pero no feminismo” dicen aspirantes a la alcaldía de Santiago. Interrupciones en pleno debate a una candidata para la CC. Un postulante constituyente que dice creer saber lo que siente una mujer que aborta. ¿Qué? Ciertas actitudes y palabras desafortunadas además de obstaculizar una fluida discusión política, dejan en evidencia que la ignorancia y la torpeza ya no deberían tener cabida en tiempos de la cuarta ola: algunos errores pueden ser objeto de críticas por parte de un entrenado ojo público feminista, y de paso, podrían perjudicar sus objetivos políticos.
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¿Quiénes de aquí se declaran feministas? le preguntó la periodista Mónica Rincón a seis candidatos a alcaldes de Santiago: cinco hombres, una mujer. Ella es la única que levantó rápida y enérgicamente la mano, alguno de ellos también, pero forma tímida. Un aspirante, sin saberlo, comenzó a hablar de la definición general: “yo creo en la equidad, yo lo que me declaro es igualitario”, declaró.

“Es que ese es el feminismo, le cuento”, le respondió la profesional, con una actitud aleccionadora, cual profesora corrige a un estudiante que no parece estar tan seguro de su respuesta.

El actual alcalde que busca reelección, Felipe Alessandri (RN), contestó de forma parecida que su compañero y contrincante, aunque en un tono más soberbio: “Equidad, equidad, no es feminismo”, dijo.

La periodista, nuevamente, hizo la distinción. “El machismo es la desigualdad entre hombre y mujer. El feminismo es la igualdad de derechos entre hombres y mujeres”, sentenció.

No llegaron preparados a la sala de clase, o en este caso, la sala de debate. La única pequeña gran diferencia es que no son niños, sino que adultos que buscan ser protagonistas de una era de cambios

“Frente a esa acepción yo soy feminista, no tengo ningún problema en declararlo”. Pero no es tan así”, replicó el actual alcalde de Santiago. Rincón sonrió dulcemente, como una maestra que escucha las ingenuas respuestas de sus pupilos.

No es la primera vez que Rincón se ha encontrado con la necesaria tarea de enseñar la etimología del feminismo a políticos que no saben realmente de lo que hablan. “¿Está equiparando usted el machismo con el feminismo, senador?” le preguntó en 2018 Juan Antonio Coloma (UDI) quien creía que para alcanzar una educación no sexista no había que ser “ni machista ni feminista”, en el marco las demandas del movimiento universitario de ese mismo año.

Tres años después se daría paso a que el movimiento feminista alcanzara una notoriedad sin precedentes en nuestro país e internacionalmente. No solo imágenes de las manifestaciones y marchas masivas aparecían cada año en el New York Times, la BBC, The Guardian y El País.

En 2020 la revista Time condecoró al colectivo artístico porteño Las Tesis entre las 100 personalidades más influyentes del año. El mensaje de su intervención política “Un violador en tu camino” tuvo un fulminante impacto global y su contenido fue replicado, traducido y reproducido en países de todos los continentes como una unívoca protesta hacia las violencias de género.

“No hables por mí”

Han sido distintas las demandas feministas que han marcado la cuarta ola del movimiento: entre ellas la autonomía sexual y reproductiva, educación sexual integral, paridad en la participación política y varias más; peticiones que inexorablemente estuvieron presentes en el estallido social, hecho histórico que dará paso a redacción de la nueva Carta Magna para dejar atrás el legado de Pinochet.

Entre todas las reivindicaciones, una de ellas es la necesidad de detectar y erradicar todas las violencias en contra la mujer, desde las más visibles, hasta las que pueden pasar más desapercibidas.

Durante el último tiempo han surgido algunos neologismos –que dan cuenta de actitudes machistas– y han sido cada vez más empleados y visibilizados; el mansplaining y manterrupting. El primero, compuesto por “hombre” y “explicar” se refiere a cuando ellos –en distintos contextos– tienden a explicar cosas a mujeres desde una actitud de superioridad, suponiendo que ellos saben más que ellas. El segundo, bajo la misma dinámica, es cuando un hombre innecesariamente interrumpe a una mujer mientras habla.

En línea con este tema, en otro debate actual, mientras se discutía sobre la idoneidad de los ex parlamentarios para convertirse en convencionales constituyentes, la candidata Constanza Schonhaut (CS) le preguntó al ex senador Felipe Harboe (PPD) si la iba a dejar hablar o si iba a interrumpir “cada una de mis –sus– intervenciones”, sentenció mientras intentaba frustradamente terminar su punto de vista.

Jessica Bennet especializada en género, quien acuñó ambos términos en su libro “Club de Pelea: un manual de oficina para sobrevivir un ambiente de trabajo sexista”, explica que esa suele ser una actitud común: “los hombres tienden a hablar más que las mujeres en reuniones profesionales, interrumpen con más frecuencia, y es dos veces más probable que las mujeres sean interrumpidas por ambos hombres y otras mujeres cuando hablan”, sostiene la periodista estadounidense

Estas situaciones recuerdan inevitablemente a una reciente vivida por la candidata constituyente Antonia Orellana (CS), quien debió escuchar a su contrincante, Arturo Zúñiga (UDI),–en plena discusión sobre la legalización del aborto– hacer una aseveración poco acertada: “no creo que haya ninguna mujer en el mundo que aborte sin sentir un dolor profundo”, supuso.

Pero no se esperaba que Orellana, al frente suyo, no tuviera ningún problema en decirlo públicamente: “yo soy una, aborté clandestinamente por decisión y hoy también soy mamá por decisión. No sentí dolor al abortar, así que no hables por mí, declaró.

Estas situaciones en el debate político actual chileno, como el no conocer el significado de feminismo, el interrumpir insistentemente a una mujer que intenta hacer simplemente su labor y el hacer suposiciones infundadas sobre el aborto, son parte del mismo problema: la falta de comprensión y empatía de causas que no solo han estado en la palestra en Chile, sino que además han resonado globalmente sin cesar durante los últimos dos años.

En cada una de estas situaciones, las mujeres –como profesoras, de manera constructiva al debate– dieron pequeñas grandes lecciones a sus entrevistados y oponentes políticos, que como estudiantes, parecían ansiosos por no tener la certeza de que lo que responderían a la maestra sería correcto, o en su defecto, al país.

No llegaron preparados a la sala de clase, o en este caso, la sala de debate. La única pequeña gran diferencia es que no son niños, sino que adultos que buscan ser protagonistas de una era de cambios. Esta ignorancia del panorama actual del mundo no hace más que perjudicar sus propias aspiraciones; ya después de la ola feminista y un sinfín de despertares, el mundo y la política ya no se pueden ver de la misma forma.

Las personas, en especial las mujeres, estarán pendientes en todo momento y criticarán cualquier expresión pública en la que se vislumbren actitudes ignorantes y misóginas. En la época de Las Tesis y revoluciones ya no hay vuelta atrás.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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