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Cultura de la cancelación: el debate en torno a si podemos separar a la obra de su autor

por 16 abril, 2021

Cultura de la cancelación: el debate en torno a si podemos separar a la obra de su autor
En décadas anteriores, muchas de las acciones que hoy condenamos, no eran cuestionadas ni puestas en tela de juicio. Sin embargo, esto no indica que se deban justificar ciertas de ellas porque “eran de otra época”, pero el análisis contextual debe estar incluido en el proceso de cuestionamiento.
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¿Se puede separar a un artista de su obra? Pablo Neruda, Diego Rivera, Maradona, Picasso, entre muchos otros, fueron personas que en su vida pública hicieron aportes sociales por los que se ganaron la admiración de miles y dejaron su nombre marcado en los libros de historia.

Hasta hace poco, las generaciones más adultas como Boomer, X y Millenial, aunque ya se había conocido el “lado b” de estas personas, no parecía ser un determinante a la hora de seguirlos considerando como ídolos, sobre todo bajo el argumento de que “no se puede negar su aporte” o que “eran otros tiempos”. Sin embargo, con la masificación de las redes sociales, la generación Z vino a cambiarlo todo, y nació a finales de 2019 e inicios de 2020 un nuevo concepto: la “cancelación”.

Las redes sociales cuentan con 3.8 billones de usuarios, por lo que es mucho más sencillo que antes viralizar información tanto verídica como falsa, esta es la base del “cancelar” a una persona, este concepto consiste en difundir los aspectos reprochables socialmente de una persona, tanto acciones como palabras o comentarios, el objetivo es no darles “más pantalla”, el movimiento llama a dejar de apoyarlos y seguirlos.

Un ejemplo reciente de lo anterior es cuando en plena conmemoración del 8M, al cantante de reggaetón Arcángel, no se le ocurrió nada mejor que publicar que había mujeres que querían respeto pero que luego subían fotos “mostrando el cu..”. Este comentario no pasó desapercibido, siendo condenado por miles de usuarios, otras/os artistas y perder sustancialmente la cantidad de seguidores/as en sus redes.

En una sociedad patriarcal, en la cual aun se mantiene la lucha por la igualdad, pareciera “perdonable” para algunos/as el haber sido, por ejemplo, un violador. Comunmente las generaciones más adultas les reprochan a sus ídolos más una situación de estafa que una de abuso, y el “es que eran otros tiempos” se vuelve un comentario común.

Ejemplo de esto es Pablo Neruda, sus aportes en poesía, política y literatura se enseñan en las escuelas desde la niñez, sin embargo, en su obra "Confieso que he vivido", el autor señala un "encuentro" diplomático durante su juventud en Ceilán (actualmente Sri Lanka) con una mujer pobre quien trabajaba recogiendo la lata donde él defecaba.

"Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama", dice un extracto de la obra.

Neruda fue uno de los puntapiés dentro del movimiento feminista en Chile que comenzó este cuestionamiento acerca del “artista y su obra”, sobre todo cuando en 2018 se planteó la posibilidad de cambiar el nombre del aeropuerto por el de él.

Para analizar esta dicotomía, conversó con El Mostrador Braga, la socióloga y directora ejecutiva de Fundación Tremendas, Rocío Sancha, quien considera que uno jamás se debe dejar de cuestionar lo establecido y lo que damos por sentado y que, en ese marco, es importante cuestionar también a las y los ídolos.

“Es fundamental que en nuestro cuestionamiento esté considerado el contexto donde se desarrollaron las obras, sean del tipo que sean. En décadas anteriores, muchas de las acciones que hoy condenamos, no eran cuestionadas ni puestas en tela de juicio. Claramente esto no indica que se deban perdonar ciertas acciones porque eran de otra época, pero el análisis contextual debe estar incluido en nuestro cuestionamiento”.

Para la Socióloga, el artista y la obra siempre tendrán un vínculo, ya que desde el momento en que esta fue pensada, ambas partes quedan unidas. Un ejemplo de esto es el artista Picasso, quien es conocido además por casarse con mujeres sumamente jóvenes y haberlas dejado “mentalmente rotas”.

En un reportaje realizado por Vanity Fair titulado, “Grandes artistas, peores hombres. El ejemplo Picasso”, se muestra cómo evolucionó el retrato pintado por el artista de Olga Khokhlova, quien fue una bailarina rusa y su primera esposa:

Continuando con el cambio cultural que las nuevas generaciones han establecido, Sancha explica que lo que entendemos como aceptable o reprochable está en un constante proceso de cambio, construcción y deconstrucción que mueve los límites.

“La dialéctica histórica nos lleva a encontrar contradicciones constantes respecto a lo que se hizo y lo que se hubiera hecho hoy en día. Este cuestionamiento es normal y nos permite avanzar hacia una mejor sociedad”, analiza.

Ciertamente las nuevas generaciones han desarrollado una nueva forma de pensar y comprender el mundo, “en el que los abusos y la inconsecuencia son altamente condenadas. Esto puede ser producto de la visibilización que han tenido causas sociales y el compromiso que toman las juventudes con ellas”, reflexiona.

Diego Rivera, pareja de Frida Kahlo, es otro ejemplo de las contradicciones de la sociedad patriarcal. La Asociación Regiomontana de Psicoanálisis (ARP), tras un estudio, publicó que “el más grande genio artístico del siglo XX en México era un hombre sádico y machista al que le gustaba hacer sufrir a las mujeres y cuyo narcisismo lo volvía incapaz de mantener relaciones con otras personas, fuera de alianzas ocasionales”.

Sin embargo, en vez de ser él el foco de las críticas, la población señala a la referente del feminismo, Kahlo, por haber “aguantado” tener una relación con él.

Maradona es otro ejemplo de cómo la admiración puede hacer que las personas defiendan lo indefendible. No se puede negar que el argentino fue un goleador que marcó la historia, pero tampoco se puede invisibilizar que ejerció violencia de género, como cuando en 2014, su expareja Rocío Oliva lo acusó de golpearla y se viralizó un video en el que se le veía claramente haciéndolo.

Entonces, ¿se puede separar a un artista de su obra?

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