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Hacia un nuevo pacto de dignidad con las mujeres

por 15 mayo, 2021

Hacia un nuevo pacto de dignidad con las mujeres

Créditos: Ketut Subiyanto/ Pexels

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Mucho más que una crisis sanitaria, social y económica ha significado la pandemia. Su arribo a Chile trajo, además, la pérdida de miles de puestos laborales ocupados por mujeres, lo que ha derivado en un aumento de la brecha de género y salarial, que ya era importante previo al covid-19.

Varias son las razones que explican por qué, una vez más, somos el grupo más afectado, entre ellas, el hecho de que las mujeres somos mayoría en las áreas de educación y salud, que han enfrentado una creciente y permanente demanda desde marzo de 2019, lo que ha impactado la salud mental de sus trabajadoras.

No solo somos trabajadoras, sino que también mayoritariamente somos quienes asumimos las labores domésticas, el apoyo a la educación de los hijos y el ciudado de otros, sean estos niños, padres o adultos mayores

Asimismo, los sectores donde más puestos de trabajo han desaparecido corresponden a aquellos que emplean mayoritariamente mujeres, como turismo, industria alimentaria, servicios empresariales y roles administrativos.

Y muchas de quienes salieron del mercado laboral es muy probable que no vuelvan a buscar trabajo, ya sea porque esos puestos no se recuperarán tan fácilmente o bien, porque –en una sociedad normada por y para los hombres- esas mujeres han vuelto a asumir labores del hogar.

Y precisamente este retorno al hogar deja al descubierto el tradicional doble y triple rol que las mujeres cumplimos en la sociedad: no solo somos trabajadoras, sino que también mayoritariamente somos quienes asumimos las labores domésticas, el apoyo a la educación de los hijos y el ciudado de otros, sean estos niños, padres o adultos mayores.

Es precisamente este resabio de una sociedad patriarcal y abusiva contra las mujeres el que impide, por ejemplo, que el uso de la tecnología para desarrollar nuestro trabajo desde el hogar sea una ventaja per sé.

Es que, en la mayoría de los casos, el teletrabajo se ha traducido en un aumento de la carga laboral de las mujeres, quienes reparten su tiempo entre el trabajo remunerado, las labores domésticas y el cuidado de otros, en desmedro de su salud física y mental, su desarrollo personal y espiritual. En la mayoría de los hogares de Chile, los conceptos de conciliación y corresponsabilidad son ignorados.

Todo esto sin mencionar a aquellas que, además de estas múltiples tareas y debido a la pandemia y las medidas de confinamiento, han debido soportar la continua amenaza y maltrato de sus parejas.

La caída en el empleo femenino es mucho más que mujeres fuera del mundo laboral. Son mujeres fuera del espacio público, fuera de la toma de decisiones y la precarización de la vida de muchas familias.

En este escenario es fundamental que el Estado deje de invisibilizar a las mujeres y comience a implementar políticas públicas que permitan enfrentar estas situaciones.

Por ello, necesitamos un Estado que se haga cargo, que avance hacia un nuevo trato y tome la decisión real de terminar con las inequidades que históricamente hemos debido enfrentar.

No importan en qué vereda estemos. Somos mujeres, somos chilenas, merecemos un trato digno, merecemos igualdad. Por ti, por mí, por todas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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