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Jorge Díaz, biólogo y escritor disidente sexual: “La naturaleza no habla un lenguaje binario, pero es la sociedad la que ha dicho que la naturaleza genera solamente hombres o mujeres” BRAGA Crédito foto: Jorge Matta

Jorge Díaz, biólogo y escritor disidente sexual: “La naturaleza no habla un lenguaje binario, pero es la sociedad la que ha dicho que la naturaleza genera solamente hombres o mujeres”

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María José Quesada Arancibia
Por : María José Quesada Arancibia Licenciada en Filosofía. Coordinadora general en El Mostrador
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Con el objetivo de dilucidar algunos conceptos básicos de los feminismos y disidencias sexuales, y a su vez, problematizar ciertas definiciones que no consideran a las identidades en su complejidad y constante construcción, conversamos con el doctor en bioquímica, biólogo y escritor disidente sexual, Jorge Díaz, quien explica que “las identidades son políticas, históricas, temporales, relacionales, pero también tienen un pasado de patologización, y lo que nosotros hemos entendido desde el mundo LGBTIQ+, es que nuestras identidades que han sido construidas bajo una cierta medicalización. El activismo ha roto esto y ha tratado de replantearlo”.


Desde el momento en que iniciamos la vida se nos asigna un género, femenino o masculino, además de innumerables etiquetas que indican que somos esto y no aquello. Estas ideas afectan nuestro modo de ser en el mundo, y si llegamos a no identificamos con esa asignación la sociedad lo castiga y clasifica como “anormal”, como lo “otro”, lo “raro” o lo “diverso”. ¿Pueden las identidades sexuales definirse bajo una lógica unívoca?, ¿qué significan las siglas LGBTIQ+?, ¿qué pasa con las identidades que no se ajustan a esas definiciones? Son algunas de las preguntas que abordamos en esta entrevista de El Mostrador Braga con el biólogo Jorge Díaz, quien nos adelanta que “en la práctica médica la clasificación es una forma de dominación. Yo clasifico para ordenar y siempre las patologías se clasifican, nunca las características de normalidad están clasificadas, es lo que se da por dado, por hecho (…) Hay una idea de simplificación del mundo, cuando en verdad el mundo no es simple, el mundo es complejo y la idea es entrar en esa complejidad y asumirla políticamente, y darnos cuenta que siempre podemos entender de mejor manera esta propia realidad”.

Jorge Díaz. Crédito foto: Diego Argote

“Para partir me parecería interesante decir que las identidades, además de ser categorías de deseo o de atracción sexual, también pueden ser categorías políticas. Estamos en un momento en el cual decirse feminista no es tan conflictivo como era antes de mayo del 2018. Decirse feminista es casi una identidad, y eso, es una identidad política”, señala.

En ese sentido, Jorge recuerda de dónde viene la palabra feminismo, “siempre este tipo de identidades minoritarias, han provenido de los espacios de la patología, de hecho, a partir de una conferencia que el 2013 dio Paul B. Preciado, que se llamó “¿La muerte en la clínica?”, se mencionó que cerca del año 1870 hubo un fisiólogo francés que notificó que a los hombres que les daba tuberculosis perdían sus caracteres sexuales secundarios y se feminizaban. Este fisiólogo decía que estos hombres, que eran los hombres enfermos, -es decir, siempre un rasgo patológico-, adquirían las características de un feminista. Entonces cuando se habla qué es feminismo, esta palabra era para referirse a un hombre que estaba enfermo de tuberculosis y que perdía sus características masculinas y adquiría las femeninas. De ahí proviene, de estos cuerpos que la medicina ha considerado como cuerpos enfermos o cuerpos descartables”.

Este ejemplo de la etimología del concepto feminista ayuda a comprender que, “el feminismo desde un inicio nos habla desde un espacio que rompe con la categoría, porque proviene de la denominación que hicieron a un hombre enfermo”.

Asimismo, si intentamos definir a una persona lesbiana, no basta con decir que es la orientación sexual de una mujer que se siente atraída por mujeres, “cuando hablamos de mujeres, hay que especificar si estamos hablando de mujeres cis o de mujeres trans”. Y agrega que “lo interesante de los cis y lo trans es que es un lenguaje que por primera vez proviene del mundo de lo trans. Las personas trans asumieron por primera vez la posibilidad de decir que lo que no es trans, es cis”.

-¿Qué es ser cis?

-Podríamos pensarlas como aquellas corporalidades donde la identidad de género coincide con el sexo biológico asignado al nacimiento; el cuerpo que la sociedad ha determinado que es femenino o masculino. En cambio, lo trans sería aquello que no necesariamente adquiere estas características que la medicina ha determinado, pero también lo trans es una identidad en construcción. Para mí, el prefijo trans además de significar algo no binario, también es algo que nunca está quieto, que no está anquilosado, de hecho, en el mundo biológico las moléculas que están en un mismo plano geométrico, por ejemplo, los carbonos que están en un mismo plano, se dice que están en una posición cis, pero cuando un carbono y otro carbono están en planos opuestos dentro de la molécula, se dice que están en una posición trans. Entonces, es muy interesante que este lenguaje de los cis y lo trans es un lenguaje que proviene del mundo de lo trans para determinar lo que no es trans y por primera vez darle categoría a eso que denominamos “la normalidad”. La normalidad sería lo cis, pero este espacio de lo trans tampoco sería lo anormal, sino que sería un espacio de construcción de identidad.

Con esto entramos en un nudo problemático para comprender la identidad. Cuando decimos mujer, estamos diciendo mujeres cis y mujeres trans. Cuando decimos hombres, decimos hombres cis y hombres trans, porque los hombres trans también son hombres. Se complejiza la relación, porque la biología, la cultura y el conocimiento son complejos.

Las identidades no solamente están en relación al deseo sexual

“Monique Wittig, una pensadora muy cercana al área del psicoanálisis, durante los años 90 publica un libro que contiene un ensayo que se llama “El pensamiento heterosexual” y explica cómo dentro del psicoanálisis no había lugar para las personas no heterosexuales, no tenían lenguaje que no fuera el de la patología. De hecho, también Paul B. Preciado en su último libro “Yo soy el monstruo que os habla”, dice cómo siempre a las personas trans desde el psicoanálisis se les trató como personas narcisistas por estar buscando una identidad que no les corresponde, como personas psicóticas, personas que estaban por fuera de lo que se consideraba la normalidad. Tanto Wittig como Preciado  dicen que el gran problema es que no tenemos un vocabulario propio. ¿Qué significa ser mujer en la actualidad? Tomando también lo de Simone de Beauvoir, quien en el año 1949, en su libro “El segundo sexo” dice que no se nace mujer, sino que se llega a serlo. Nuevamente, la mujer no es algo dado, es algo que se va construyendo. La mujer es una corporalidad que está asociada a un contrato social, como el contrato del matrimonio, y también a la pertenencia de hijos”.

Sobre lo mismo, Jorge se refiere a qué significa ser mujer actualmente y cómo las categorías se contradicen al momento de intentar fijarlas. “Nosotros sabemos que en la práctica las mujeres que no tienen hijos, que no se casan -e inclusive pueden entrar en esta categoría las monjas-, no son mujeres, porque la categoría mujer adquiere realidad cuando tienes un esposo, hijo, cuando genera cierta estructura, las mujeres solteras también son consideradas como mujeres extrañas, mujeres incompletas, siempre ha habido un prejuicio muy fuerte sobre ellas. Wittig dice en los 90 ‘hay un pensamiento heterosexual que nos domina y las mujeres que no siguen con las obligaciones de casarse, tener hijos, es decir, que no cumplen con las normas básicas de lo que es ser una mujer en sociedad, no son mujeres. Entonces las lesbianas por lo mismo no somos mujeres, dice’”.

Entonces, volviendo al punto anterior de intentar definir qué es una lesbiana, “cuando hablamos en la lengua tradicional que una lesbiana sería una mujer que le gusta otra mujer, quedamos cortos porque Wittig ya decía en los 90 que las lesbianas no somos mujeres, entonces, ¿cómo vamos a poder catalogar a estas personas como lesbianas si no son mujeres?”

Finalmente, sobre este punto de la identidad, comenta que “es mucho más amplia y compleja que una preferencia sexual, porque por ejemplo dónde ponemos a las personas que tienen relaciones afectivas o eróticas con travestis, o las personas trans que tienen relaciones con otras personas trans, yo conozco varias mujeres cis que tienen parejas o establecen relaciones eróticas, afectivas, con personas trans o con travestis. Dentro de las categorías lgbtiq+, ¿dónde entran entrarían estas mujeres? No nos alcanza esa sigla”

Crédito foto: Jorge Matta

“Estamos en un mundo que asume que todas las personas son heterosexuales”

Ante la pregunta sobre cómo tratar a las personas no heterosexuales, Jorge dice que “siempre antes de tener este conflicto previo de cómo lo trato o cómo lo hago, es preguntar a las personas cómo quieren ser tratadas. Por ejemplo, una buena pregunta es cuáles son sus pronombres, si él, ella o elle. Entonces, ya de partida cortas la barrera. Lo primero es preguntar y no asumir que todo el mundo es heterosexual. Antes, asumir que otra persona no era heterosexual era ofensivo. O sea, pensar que otra persona era gay, lesbiana, trans, era ofensivo porque la norma heterosexual consideró siempre como patológico, extraño, como malo a quienes no eran heterosexuales. Entonces se asumía que todo el mundo era heterosexual y si alguien me lo quería comentar me lo decía, y ahí se creó toda esa lógica del clóset, y es importante destruir el armario como categoría de opresión epistemológica porque también las personas tienen que pasar por un proceso bastante doloroso, tortuoso y complejo para develar una identidad que quizás tampoco te acomoda completamente, quizás la persona tampoco se siente completamente lesbiana para decir ‘padre, madre, soy lesbiana’”.

Ahora bien, las identidades son móviles pero también son políticas, y para explicar esto, recurre al feminismo postcolonial y el planteamiento de Spivak, quien dice que las identidades no son esencialistas pero sí estratégicas, “porque por ejemplo cuando fue la lucha por el aborto o con la pastilla del día después, cuando se dice ‘nosotras las mujeres’, sí es importante que exista algo así como ‘nosotras las mujeres’ como estrategia política para reclamar ciertos derechos específicos que necesitan las mujeres”. Pero, continúa, “también sabemos con la bióloga Donna Haraway, que al mismo tiempo hay un engaño al decir ‘nosotras las mujeres’ o ‘nosotras las disidentes’ , porque no necesariamente hay una conciencia colectiva de las mujeres o disidencias, no todas las mujeres y disidencias son iguales, también hay que preguntarse ¿quiénes son las mujeres? ¿quiénes son las disidencias?”.

LGBTIQ+ y la naturaleza no binaria

“Las identidades son políticas, históricas, temporales, relacionales, pero también tienen un pasado de patologización, y lo que nosotros hemos entendido desde el mundo LGBTIQ+, es que nuestras identidades que han sido construidas bajo una cierta medicalización. El activismo ha roto esto y ha tratado de replantearlo”. Por ejemplo, a mí me gusta que María Galindo, feminista boliviana y fundadora de Mujeres creado, dice que es LGTB, es lesbiana, gorda, terca y boliviana. Y con eso explota la categoría de lo LGBT, entonces si a mí me preguntaran cómo definir lo LGBT, yo lo diría como lo dice Galindo”, sostiene.

Otro aspecto importante que hay que considerar es que, “el homosexual también nació con el heterosexual en algunos textos de Foucault él dice eso. El intersex, que está dentro de las categorías LGBTI, también han sido patalogizados desde la perspectiva médica, de hecho hay una imposibilidad de ser intersexual, porque desde que naces te reasignan. Los intersexos son corporalidades que cuestionan esta idea de la naturaleza binaria, como si la naturaleza nos entregara solamente hombres y mujeres, cuando sabemos que también todas las identidades lésbicas, homosexuales, trans, siempre han sido catalogadas como antinaturales, pero si nosotros nos vamos a la naturaleza, vamos a encontrar que la naturaleza no es binaria, vamos a encontrar que la naturaleza es un continuo de identidades”.

Para reafirmar lo anterior, Jorge da el dato que, “nacen más personas intersex que albinos y todos alguna vez hemos visto a un albino, pero no a un intersex, porque al momento de nacer se reasigna a lo masculino o femenino, entonces frente a eso nos damos cuenta que la naturaleza no habla un lenguaje binario, pero es la sociedad la que ha dicho que la naturaleza genera solamente hombres o mujeres. Hay una bióloga, Brigitte Baptiste, que ustedes han entrevistado en El Mostrador. Ella dice que la naturaleza es queer. El fin de la naturaleza no es producir patrones binarios, sino que el fin de la naturaleza es producir diferencia, que esa es la finalidad de la naturaleza”.

Sin embargo, aquí hay un elemento a considerar y es preguntarse “quiénes han tenido el privilegio de construir eso que se llama la naturaleza, y es que han sido principalmente hombres cis blancos heterosexuales y además provenientes de países no colonizados, es decir, dentro del eje Europa Norteamérica los que han determinado cómo miramos la naturaleza”.

Y agrega, “el padre de la genética, Gregory Mendel era un sacerdote, entonces no podemos dejar de lado que quien inició los estudios de la genética era un sacerdote y ellos tienen un modo de mirar la realidad, o sea hay un plan divino y además sabemos que Dios habla detrás de los números. O Watson y Crick, esta pareja de científicos en los años 50 generó un modelo de la estructura del ADN y en el último tiempo se les ha reprendido mucho por los dichos de Watson, por racista. Entonces se sabe que Watson es un racista declarado, de hecho, se le quitaron algunos títulos y todo, además ellos nunca reconocieron el trabajo de Rosalind Franklin, por ejemplo, que era una mujer que trabajaba con la refracción de rayos x y que obtuvo una imagen previa de la doble hebra del ADN y no la mencionaron”.

Diversidad sexual versus disidencia sexual

“La disidencia sexual es un posicionamiento político dentro del discurso, por eso no está como sigla, es para cuestionar la misma lógica de clasificación de las identidades, y a diferencia de la diversidad sexual, la disidencia se asocia directamente al feminismo. No hay disidencia sexual sin las teorizaciones previas del feminismo”, sostiene.

La diversidad sexual por su parte, “está enfocada en una lógica más estatal de peticiones a un Estado para su conformación, es más cercana al movimiento gay”.

Agrega que, “dentro de esta lógica LGBTIQ+ hay algo que me parece súper interesante y que lo están trabajando principalmente comunidades trans. Me refiero al uso del asterisco, que es un uso diacrítico que se pone para referirse a que esto requiere una explicación más, es decir que no es tan sencillo. La persona trans*, es persona trans que no necesariamente es clasificable como transexual o transgénero dentro de la óptica LGBT de la diversidad sexual”.

El caso de poner Trans*, se dio con una persona que habló sobre esto, la historia es que “su padre vivió una vida travestida en otros contextos sin que nadie de su familia supiera que esta persona vivió una vida travestida o una vida trans quizá, pero sin el dominio de lo público. Las identidades en general también adquieren categorías sociales, o sea, yo digo que soy disidente porque lo anuncio dentro de mi círculo, porque si no lo digo o no lo expreso, estoy asumiendo que todo el mundo considera que yo soy heterosexual. Entonces, ella se preguntaba, ‘mi padre, nadie sabía que tenía una vida trans, ¿entonces yo podría decir que mi padre era trans? Quizás mi padre sería un trans*, porque requiere una explicación’.

-¿Qué opinión tienes del lenguaje inclusivo?

-Siempre va a ir mutando dependiendo de cómo las comunidades lo utilizan y de cómo les hace sentido. Para mí eso es lo más importante y fundamental. El lenguaje es vivo. A mí me encanta, respeto y utilizo la “e” pero siempre me ha gustado más la “x”, porque la “x” es una pregunta, es una ecuación a resolver, hay que hacer un trabajo para encontrar cuál es el resultado de la ecuación. Y también me gusta esta impronunciabilidad que tiene.

No tengo problema con la “e”, pero no sé si la puedo  ocupar en un lugar de mujeres cis y hombres cis para nombrar a ambos, quizás en ese caso sería mejor decir ella y ellos, porque no sé si darle la categoría no binario a contextos cis género heterosexuales, pero el lenguaje tiene vida, nos ayuda a ser creativas, eso es muy importante para las disidencias sexuales, porque el lenguaje y la escritura nos ha permitido escaparnos de la asfixia heterosexual tradicional y ahí han surgido distintas maneras de enunciar las cosas, porque la escritura y el lenguaje te da lo que el mundo real no te da, entonces uno puede construir otros mundos.

 

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