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Mujeres rurales en el desarrollo territorial

por 15 octubre, 2021

Mujeres rurales en el desarrollo territorial

Créditos: Mapuexpress.org

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Este 15 de octubre se conmemora un nuevo Día Internacional de las Mujeres Rurales, en el cual se destaca el rol fundamental que juegan en el bienestar y desarrollo de sus territorios y en la seguridad alimentaria, dada su alta –pero invisibilizada– participación en los sistemas agroalimentarios de sus familias, comunidades y del mundo en general. Dos contribuciones fundamentales que se tensionan ante las desigualdades de género y territoriales que viven a diario, las que se han intensificado desde el inicio de la pandemia. 

La realidad de las mujeres rurales es diversa y cambia de territorio en territorio, puesto que en algunos de ellos hay ciertas dinámicas que excluyen a las mujeres rurales del desarrollo territorial. Esto, porque las dinámicas territoriales están atravesadas por el género, es decir, en cada territorio encontramos que la participación de hombres y mujeres en los diferentes aspectos de la vida se organiza y valora de manera diferenciada, lo que incide en las trayectorias de desarrollo (individual y territorial) y en los niveles de equidad de género. 

Es necesario que el reconocimiento de la contribución de las mujeres rurales se acompañe de estrategias para transformar las dinámicas del territorio donde ellas habitan.

Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural ha generado evidencia sobre diversas brechas de género en los territorios urbanos y rurales en América Latina. A modo de ejemplo, se pueden mencionar los datos del Observatorio de Género, Mujeres y Territorios, donde las mujeres rurales se encuentran en una posición de mayor vulnerabilidad y desventaja en relación con los hombres rurales, pero también de las mujeres y hombres urbanos. Esto es válido para todos los indicadores de autonomía económica, así como en la mayoría de los indicadores de participación política e indicadores de situación frente al COVID-19. Los resultados de la Encuesta de Seguridad Alimentaria y Alimentación, desarrollada por el proyecto “Siembra Desarrollo” de Rimisp, muestran también que los hogares rurales liderados por mujeres presentan mayores tasas de inseguridad alimentaria junto con una mayor tendencia hacia el deterioro de las dietas. 

Otra situación que viven las mujeres rurales es la multi-actividad que consolida una triple jornada entre la generación de ingresos, la producción para venta y/o autoconsumo y el cuidado a terceros. Las cifras de desocupación de mujeres rurales suelen ser elevadas, lo que tiene el componente oculto de desvalorización de su trabajo, puesto que se considera de subsistencia o complementario al trabajo de terceros. El mercado laboral, donde se replican estereotipos y discriminaciones de género, suele ofrecer oportunidades precarizadas, con bajas remuneraciones y temporales. Finalmente, la responsabilidad de las tareas domésticas y de cuidado recae en ellas –esencial para el bienestar de las familias y comunidades– y no es reconocido como trabajo, sino visto como un deber natural de las mujeres.

En Chile, a pesar de las contribuciones de las mujeres rurales al bienestar de los territorios y su papel en los sistemas agroalimentarios, así como de los avances formales e institucionales en materia de igualdad de género, no hay consideraciones para superar las brechas y barreras específicas que ellas enfrentan. Las intervenciones públicas suelen ser sectoriales y descuidan las múltiples identidades de las mujeres rurales, así como las barreras para acceder y controlar recursos productivos, especialmente tierra y agua, financiamiento y capacitación. Estas dinámicas perpetúan las desigualdades de género pues los recursos, oportunidades y beneficios están desigualmente distribuidos en desmedro de ellas. Es necesario que el reconocimiento de la contribución de las mujeres rurales se acompañe de estrategias para transformar las dinámicas del territorio donde ellas habitan, que considere junto a la estructura productiva, la institucionalidad, las redes de protección social y las normas o patrones culturales que representan barreras para su inclusión económica efectiva. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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