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Reconocer el cuidado, una carrera que recién comienza: "Por primera vez programas presidenciales proponen acciones concretas que se hacen cargo del cuidado"

por 4 noviembre, 2021

Reconocer el cuidado, una carrera que recién comienza: «Por primera vez programas presidenciales proponen acciones concretas que se hacen cargo del cuidado»

Créditos: Foto de Kampus Production en Pexels

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Si alguna certeza nos ha dejado la pandemia es que todas y todos necesitamos o necesitaremos cuidados. En nuestro país, más de 500.000 personas hacen del cuidado su trabajo, sin horarios, descansos ni vacaciones: cuidan las 24 horas, sin remuneración. Estas personas, en su mayoría mujeres, llevan día a día en sus hombros la responsabilidad de cuidar y acompañar a niñas y niños, a personas mayores dependientes, a personas con enfermedades, o a personas con discapacidad intelectual y del desarrollo. Muchas veces, los y las cuidadoras cuidan a sus propios familiares y, en otras ocasiones, esta tarea la realizan de manera informal personas amigas, vecinas o cercanas. 

Pero hoy comienza a repararse un déficit histórico de reconocimiento. Por primera vez, las propuestas programáticas de 5 de los 7 candidatos y candidatas presidenciales proponen explícitamente políticas y acciones concretas que se hacen cargo del cuidado. Los programas tienen distintos énfasis. No todos comparten la misma definición de cuidado ni comprenden el cuidado como una corresponsabilidad: solo algunos proponen una distribución más equitativa de la responsabilidad del cuidado entre la familia, el Estado y la comunidad. Algunas propuestas enmarcan el cuidado solo desde una óptica familiar, mientras que otros programas reconocen y proponen un rol estatal más fuerte. También, los programas difieren en la definición de quiénes son los sujetos de este cuidado: hay un fuerte consenso en fortalecer la red de cuidado de niñas y niños, y abundan propuestas para acompañar a las personas mayores, pero con menor énfasis se leen algunas políticas orientadas a cuidar y apoyar de mejor manera las necesidades de las personas con discapacidad. 

Las personas que cuidan necesitan compensación por su salida del mercado laboral, lagunas previsionales, aislamiento social, y el enorme valor de entregar gratuitamente cuidados de salud y apoyo emocional a quienes lo necesitan. Las personas cuidadoras también merecen que redistribuyamos el cuidado.

Desde el punto de vista normativo, también vemos avances. Gracias a la aprobación de la ley 21.380, las personas que cuidan tendrán atención preferencial de salud, expandiendo este derecho más allá de las personas con discapacidad o mayores de 60 años. Si bien nuestro país no cuenta con una definición de “cuidador o cuidadora” ni con un sistema de registro único que permita su puesta en marcha, en el reglamento de esta Ley quedará establecida la definición de “cuidador o cuidadora”, así como el sistema que acredite la calidad de este rol. Desde ese momento, el reconocimiento a las personas cuidadoras será legalmente vinculante.

Pero la carrera es larga. Además de reconocimiento, las personas que cuidan necesitan compensación por su salida del mercado laboral, lagunas previsionales, aislamiento social, y el enorme valor de entregar gratuitamente cuidados de salud y apoyo emocional a quienes lo necesitan. Las personas cuidadoras también merecen que redistribuyamos el cuidado, para que no sea solo la familia – y especialmente una mujer dentro de ella – la que deba sacrificarlo todo por satisfacer nuestro derecho a ser cuidados y cuidadas.

En el Día Nacional de las Personas que Cuidan, en medio de un proceso constituyente y una elección, creemos que es el momento propicio para comprometer avances por el reconocimiento, remuneración y redistribución de los cuidados en Chile. Los y las convencionales podrán incorporar el derecho a los cuidados como un derecho fundamental en nuestra Constitución y la persona electa como presidente o presidenta de Chile deberá convertir sus propuestas de cuidados en política pública. Así, nuestros representantes podrán comenzar a enfrentar la deuda histórica que tenemos con las personas cuidadoras, recompensando el trabajo, dedicación y sacrificio personal que han entregado miles de mujeres (y también hombres, en menor medida). 

En definitiva, tenemos una tarea gigante: Avanzar hacia un Estado que entienda su rol social como cuidador de las personas que necesitan cuidados, de las personas que cuidan, y de todas y todos quienes necesitaremos cuidados en el futuro.



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