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¿Cuestionar el sufragio femenino en pleno 2021?: intolerancia a los discursos de odio

por 25 noviembre, 2021

¿Cuestionar el sufragio femenino en pleno 2021?: intolerancia a los discursos de odio

Créditos: Foto Universidad de Chile

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La célebre frase de Simone de Beauvoir “No olvidéis nunca que bastará con una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres se cuestionen” nos resuena hoy más que nunca y ha tomado un protagonismo fundamental durante los últimos días. 

Hechos recientes nos enfrentan al peligro de discursos y apologías de odio, ante la radicalización de las posturas que han ido ganando terreno y se han posicionado en la esfera pública, poniendo en riesgo los avances de nuestra sociedad y amenazando los derechos humanos que tantos años de lucha costaron.

Los discursos de odio son expresiones violentas, agresivas y discriminatorias que perpetúan estereotipos en la conversación pública en contra de ciertos grupos de nuestra sociedad, incitando la violencia -en sus distintas formas- y basándose en una concepción del mundo que busca excluir y segregar parte de la sociedad que no se ajusta al “ideal” hegemónico.

Se debe tener presente que la mujer hoy conforma una fuerza política y social. En 2020 el sufragio femenino fue de 3.977.810, superando la participación masculina en dichas elecciones. Por lo que la propuesta “sarcástica” priva del derecho a la participación electoral a casi 4 millones de ciudadanas.

Reconocer el peligro de los discursos de odio no implica desconocer la libertad de expresión, sino comprender que no existen derechos absolutos, estando siempre limitados por su regulación particular y por los derechos de otras personas. De este modo, un límite claro a la libertad de expresión son estos discursos, resultando evidente que sus emisores no pueden resguardarse bajo el amparo de la libertad para emitirlos, no existiendo cabida para ellos en una sociedad democrática. 

De sobremanera, lo anterior es relevante cuando estamos ante sujetos que pretenden ocupar o detentan cargos públicos de elección popular, respecto de los cuales no podemos sino  exigir un actuar de acuerdo a la dignidad del cargo, y en el marco de sus deberes como funcionarios del Estado, cuya responsabilidad es respetar, garantizar y proteger los derechos humanos de todas las personas sin discriminación de acuerdo a los tratados internacionales de DDHH, además de nuestra actual carta fundamental y el principio de probidad administrativa que debe impregnar todas las actuaciones de los funcionarios del Estado.

Un claro ejemplo de lo que no debe hacerse está dado por los dichos del recientemente electo diputado Johannes Kaiser quién cuestiona abiertamente el derecho a sufragio para las mujeres, excusando su intervención como “sarcástica” a la hora de ser consultado, respuesta que no le permite explicar decenas de tweets misóginos en su cuenta personal, en los que también se ríe de las víctimas de violencia machista y llama a las mujeres que no han denunciado “cómplices de la violación”.

En este sentido, cabe recordar la llamada Paradoja de Popper en virtud de la cual, tolerar la intolerancia conducirá a la destrucción de la tolerancia. Los planteamientos de Karl Popper resuenan hoy más que nunca para mujeres y disidencias. Por lo que discursos como los del electo diputado son inaceptables y deben ser condenados sin miramientos.

El derecho a la igualdad política de las mujeres es consecuencia de una lucha que inicia en 1793 y que en Chile logra su cometido en 1949, lo que permitió a las mujeres sufragar en la elección presidencial de 1952.  De este modo los “sarcásticos” dichos del recientemente electo diputado ponen en jaque derechos que han implicado más de 200 años de lucha, no siendo tolerables en un Estado democrático. 

Se debe tener presente que la mujer hoy conforma una fuerza política y social. En 2020 el sufragio femenino fue de 3.977.810, superando la participación masculina en dichas elecciones. Por lo que la propuesta “sarcástica” priva del derecho a la participación electoral a casi 4 millones de ciudadanas.

Finalmente, los dichos de J.Kaiser, no deben ser considerados sólo de manera individual, poniendo también bajo el escrutinio público al candidato presidencial Kast y el resto de su sector, ya que ambos representan una política de extrema derecha. Entonces surge la inquietud sobre la realidad de su transformación progresista- la que incluyó la performance de retirar de su solapa el pin del partido republicano, - y sobre los riesgos que su gobierno importa a mujeres, disidencias, y otros grupos históricamente vulnerados. Cabe entonces preguntarse, ¿El cambio en el candidato es real o está la intolerancia disfrazándose de tolerancia para la carrera presidencial? 

Ante esta realidad la respuesta será siempre estar alerta y defender los derechos que tantos años de lucha costaron consagrar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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