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BRAGA

“La muerte es mi única salida”: La pandemia silenciosa del suicidio adolescente en Chile

por 28 julio, 2022

“La muerte es mi única salida”: La pandemia silenciosa del suicidio adolescente en Chile
Si bien cualquier adolescente puede sufrir situaciones que lo o la lleven a tomar la decisión de terminar con su vida, si esta persona es miembro de la comunidad LGBTIQ+, tiene siete veces más riesgo de comportamiento suicida que personas heterosexuales y cisgénero, esto según el estudio Internalización del estigma en personas LGB: Análisis de su impacto sobre la salud mental. Según la Directora de Postgrados e Investigación, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado, Carolina Altimir, los adolescentes son especialmente vulnerables a presentar problemas de salud mental debido al periodo de la vida que están atravesando.
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El suicidio en personas entre los 15 y los 29 años es la segunda causa de muerte en el mundo, según la OMS. Aun así, estas cifras son probablemente una subestimación de los casos reales, debido a que muchas muertes pueden no ser reconocidas como suicidios debido a la sensibilidad que despiertan en el entorno.

“Siento que al hablar de esto con alguien le hago sufrir, no quiero hacerle eso a mis cercanos, ellos ya tienen sus propios problemas”... “Si le digo esto a mis padres ellos podrían morir (...) a veces digo que los "problemas" que tengo ahora son mi culpa, pero ¿Por qué cuando era niña? hace parecer que en verdad el problema fui yo todo este tiempo”, Javiera* 13 años.

Según explica en conversación con El Mostrador Braga, la Directora de Postgrados e Investigación, académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado Carolina Altimir, los adolescentes son especialmente vulnerables a presentar problemas de salud mental debido al periodo de la vida que están atravesando.

Ya que la adolescencia se caracteriza por la transición de la infancia, los desafía en distintas áreas de la vida. Por un lado, deben enfrentarse a construir y fortalecer su propia identidad (quién soy) y por tanto su autoestima. Deben tomar decisiones sobre hacia dónde quieren encaminarse, por ejemplo, qué van a estudiar. Van experimentando una creciente independencia y responsabilidad, con los costos que implica el dejar de ser niños/as.

Si bien cualquier adolescente puede sufrir situaciones que lo o la lleven a tomar la decisión de terminar con su vida, si esta persona es miembro de la comunidad LGBTIQ+, tiene siete veces más riesgo de comportamiento suicida que personas heterosexuales y cisgénero, esto según el estudio Internalización del estigma en personas LGB: Análisis de su impacto sobre la salud mental.

Según el Informe Bianual del Programa Hora Segura de Fundación Todo Mejora, el 38% de usuarios que solicitaron ayuda en su plataforma y tenían entre 10 y 14 años presentan situaciones de acoso o maltrato principalmente en espacios familiares donde se concentra gran parte de la inseguridad que viven. De ese total, un 59% señala vivir esto en su propia casa, superando al lugar de estudios que alcanza un 32%.

De los casos que viven acoso, el 71% reporta que la violencia proviene de un adulto, y al preguntar por la conexión con esa persona, más del 90% reporta que es alguien cercano, ya sea que viva en el mismo lugar (49%) o no (44%).

En simples palabras, adolescentes reciben más “bullying” por parte de los adultos de su núcleo familiar que de sus compañeros/as de la comunidad escolar.

“Esto se contrapone a la idea rígida y adultocéntrica resumida en el eslogan ‘no te metas con mis hijos’ que supone, erróneamente, que los niños estarán bien y seguros sin la responsabilidad comunitaria de velar por el bienestar de quienes pueden estar más expuestos a la violencia o sin posibilidad de defenderse”, explica en torno al estudio la directora social de Fundación Todo Mejora, Rocío Faúndez.

Factores de riesgo

Las señales de riesgo suicida en adolescentes en varios aspectos son similares para las y los jóvenes hetero como LGBTIQ+. La directora de la Escuela de Psicología UDP, Alemka Tomicic, explica que los factores tienen un carácter “acumulativo”. Por ejemplo, no todos los adolescentes de género masculino tendrán solo por el hecho de ser hombres un factor de riesgo de suicidio, sino que es una acumulación, entre ellos, la construcción de la masculinidad, que muchas veces establece roles de género, por ejemplo que varones ‘expresen menos sentimientos’ o que ser ‘muy femenino’ es malo.

Según Altimir, la depresión es el mas frecuentemente factor de riesgo asociado al suicidio, estudios en NNA muestran una prevalencia de trastornos mentales del 38% (4 de cada 10), con un 33% en adolescentes (12 a 18 años). En segundo lugar están los intentos de suicidio previos y la impulsividad, relacionada con la dificultad para manejar emociones, y las fluctuaciones del estado de ánimo, así como la dificultad para resolver problemas, lo que puede generar inseguridad, baja autoestima, y la sensación de no ser eficaz.

El contexto familiar de trastornos mentales, abuso de sustancias, comportamiento suicida en familiares, conflictos directos con los padres, violencia, y ausencia de comunicación y desatención de las necesidades de comunicación de los jóvenes; estresores psicosociales desencadenantes, como pérdidas de vínculos en el grupo de pares, la muerte de amigos y el rechazo de compañeros, el acoso escolar, el ciberacoso, el abuso mental y físico/sexual y los problemas disciplinarios; La imitación del comportamiento suicida, observado en alguien cercano en edad y en el estado de ánimo o la situación de fondo en que se encuentran, o alguien a quien admiran; la disponibilidad de medios para llevar a cabo el suicidio, por lo que restringir la disponibilidad física de los medios para cometer suicidio (así como el acceso a información detallada de Internet sobre los medios y métodos para suicidarse) puede ser importante en las estrategias de prevención.

“Siento que mi progenitora me hace la vida imposible... y que gran parte de mis problemas psicológicos son provocados por ella... Le importa poco lo que siento, ella jura que no tiene problemas con que me gusten los chicos... pero se nota de lejos. Cuando le dije que salía con un chico se volvió loca... me hizo sentir asco y odio hacia mí mismo (...) También hubo una vez que me dijo que no merecía respeto por ser gay -en esa ocasión se me había olvidado lavar los platos- fue un episodio fuerte, cuando me lo dijo sentí hambre.. fui y comí dos paquetes de galletas, pan y como un litro de leche... me llenaba la boca con galletas, sentía arcadas y aún me seguí metiendo más comida hasta que decidí parar y me senté en el suelo de la cocina y estuve pensando mucho rato sobre todo lo que tragué... y hubiera seguido comiendo... pero no quería que me retaran después por haber comido mucho”, Matías* 14 años.

Disparidad en la salud mental

Los factores de riesgo de comportamientos suicidas en adolescentes LGBTIQ+ suman a los anteriores algunos elementos debido a la existencia de una “disparidad en la salud mental”. Estas son, según Tomicic, aquellas diferencias que se explican más bien por condiciones de discriminación, violencia, incluso barreras de acceso a la salud mental por el hecho de tener una identidad sexual diversa.

En concreto, Altimir detalla en el caso específico de la comunidad LGBTIQ+ el bajo apoyo por parte de la familia, grupo de pares, escuela y comunidad, lo que incluye desconfirmación de su orientación e identidad de género. Es más, “los adolescentes LGB+ que experimentan rechazo familiar son ocho veces más propensos a intentar suicidarse, demostrando que el apoyo y aceptación familiar es un factor que protege frente a estas conductas”, comparte la académica UDP.

Otro factor de riesgo observado en las disidencias en general es la homofobia y el estigma internalizados, con sentimientos de desagrado y rechazo hacia sí mismos, de “tener algo malo”, y de ser una decepción para los demás. En este marco, “el comportamiento suicida seria una manera de destruir este aspecto no aceptado de sí mismo”, puntualiza Altimir.

A esto se suma, evidentemente, el impacto del estigma social hacia la diversidad, La alta prevalencia de síntomas de ansiedad y depresión. Las personas LGBT se enfrentan a diversas barreras al acceso de los servicios de salud, por temor a hablar de los problemas mentales, o a no ser tomados en serio, no ser comprendidos, miedo a ser descubiertos por sus padres o madres, y dificultades económicas.  

Un problema grave, ¿alguien hace algo?

La Fundación Toda Mejora nace hace diez años, justamente para promover un mensaje de esperanza en quienes no logran visualizarse vivos en su adultez. Esto se debe a la experiencia de acoso, maltrato que viven cientos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, por su orientación sexual y expresión de género en su casa, viviendo con quienes no aceptan su identidad; en sus escuelas, a través de experiencias de violencia escolar, tales como bullying, ciberbullying, ciberacoso y también en centros de salud en donde no se atiende a sus requerimientos con perspectiva de género.

“Nos dimos cuenta de que desde la Fundación teníamos algo que hacer, esto implicaba no solamente promover un testimonio, inspirar a las personas a continuar con sus vidas, sino también empezar a establecer estrategias de intervención que permitan responder necesidades”, explica el Director de Sostenibilidad de la Fundación Matías Trujillo.

Dentro del espectro social en el que pueden abordar, les parece importante hablar de salud mental y prevención del suicidio, ya que las personas de la comunidad LGBTI+ viven en un permanente estado de alerta o de sensación de victimización, lo que implica que su salud mental se va deteriorando a largo plazo.

“Respecto a los hitos o logros importantes que hemos tenido en estos diez años, yo diría que hay varios”, puntualiza Trujullo. El primero de ellos tiene que ver con el lanzamiento de la Hora Segura, que corresponde a la primera línea de ayuda en Chile. Por mucho tiempo, la única que hablaba en tema de diversidad sexual y de género con NNA.



El segundo logro tiene relación con apoyar directamente a padres, madres adultos responsables, profesionales de la salud y la educación en temáticas que son tremendamente o que son muy poco exploradas en Chile. En una investigación que desarrolla Todo Mejora junto a Unesco, da cuenta de que menos del 1% de las mallas educativas de los futuros profesionales de la educación contiene algún tipo de conocimiento en torno a convivencia escolar o sexualidad humana.

En este sentido, “nos damos cuenta que los futuros profesionales de la educación y al mismo tiempo los que hoy día están en el aula, no cuentan con herramientas para poder lidiar con las experiencia de violencia que se dan dentro de la escuela. En este sentido, la Fundación ha sido pionera en desarrollar estudios inéditos, tanto en la Encuesta Nacional de Clima Escolar el año 2016 y la Encuesta de Percepción de Docentes que tienen el año 2019. Un estudio que desarrolla junto a la Universidad Adolfo Ibáñez para medir el impacto de la pandemia en salud mental en población infanto juvenil LGBTIQ”, explica.

Estos estudios están siendo utilizados por el Sistema Internacional de Derechos Humanos, entiéndase Unesco y Unicef. En tercer lugar, la Fundación ha promovido representaciones mediáticas libres de sesgos. “Hace un año atrás apoyamos tanto programas de televisión como telenovelas chilenas. Justamente en la construcción de personajes que no repliquen o que no fomenten estereotipos, sino más bien que permitan visualizarse como una vida plena, a todas las personas que somos parte de la comunidad LGBTI+”, puntualiza.

Todo ello con el fin de lograr levantar datos relevantes que van a contribuir al desarrollo de políticas y programas públicos en esta materia.

“En un principio la reacción fue dividida, mi madre horrorizada, súper estresada porque su hijo era gay, pero por otro lado mi papá lo tomo con calma y me dijo, que estaba todo bien que seguiría siendo su hijo. Pero después empezaron a conversar entre ellos y quedaron como en mutuo acuerdo, que ‘Dios’ sería capaz de cambiarme.... pero en realidad, intenté darles a entender que siempre he sido así... Y de ahí todo oscuro, que les hago daño por ser así, que han llorado mucho por la decisión que tomé, que no suba cosas a las redes, que tengo que respetarlos a ellos, que ellos están mal por mi decisión de ser gay, y eso me frustra porque digo ‘Hey, ¡Su hijo soy yo! No las otras personas ni el qué dirán’ pero no entienden”, Joaquín*, 16 años.

Plan Nacional de Prevención del Suicidio

En el país mueren 11 personas por cada 100 mil habitantes por daño autoinflingido. Según estudio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en las Américas hay más de 7 suicidios por hora.

Ante esa situación, la experta Alemka Tomicic recuerda que desde el 2013 Chile cuenta con un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, que ha sido un esfuerzo importante, pero “aún quedan cuestiones por mejorar y tal vez lo más importante, ampliar el alcance del seguimiento y el registro que se hace de los suicidios en el país”.

Tomicic enfatiza en que no solamente sirve estar haciendo un registro de cuándo ocurren y de caracterizaciones generales, sino hacer indagaciones más específicas respecto a zonas, a las trayectorias que quizá personas que lamentablemente se han suicidado han tenido. Y por supuesto, eso requiere presupuesto.

La falta de presupuesto impide mantener un sistema, un registro permanente en esta línea, más específico para producir conocimiento. “Pienso yo que considerando que el suicidio adolescente y el suicidio en general es parte y es manifestación de un concierto mayor de problemáticas de salud mental en Chile, que se han hablado mucho desde la pandemia y que han estado muy, muy presentes, digamos, en el debate nacional. Yo creo que lo más importante es aumentar el presupuesto en salud mental”.

Tanto para adolescentes hetero como de la comunidad LGBT es importante tener en cuenta que atraviesan una etapa particularmente vulnerable, y que actitudes de incomprensión, juicio y critica solo los puede aislar y perjudicar más.

Lo que hace falta

En términos de políticas publicas o iniciativas particulares, la prevención del suicidio adolescente pasa por comprender la generación de programas de promoción de la autoestima y la autoeficacia, el fortalecimiento de los vínculos familiares y comunitarios, y la construcción de redes de apoyo entre los adolescentes. Esto tiene estrecha relación con una política activa de fomento de la salud mental (incluido el presupuesto publico destinado a esta) y de derechos de niños, niñas y adolescentes, de crecer en un ambiente sano física y emocionalmente.

Específicamente, entender que los jóvenes LGBTQ no son intrínsecamente propensos al riesgo de suicidio debido a su orientación sexual o identidad de género, sino que están expuestos a un mayor riesgo debido a la forma en que son maltratados y estigmatizados en la sociedad. Es importante llevar a cabo iniciativas de políticas publicas de aceptación e integración de la diversidad sexogenerica, fomentando el desarrollo de espacios de afirmación LGBT en las comunidades.

De manera más individual, se puede partir mostrando una actitud acogedora hacia los jóvenes LGBT, hablar con ellos de forma respetuosa sobre su identidad, utilizar correctamente su nombre, pronombres, y apoyar su expresión de género.

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