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La obra podrá ver gratuitamente el miércoles 17 de diciembre en la Cineteca Nacional

Cultura - El Mostrador

Documental sobre Teatro callejero, explora la compleja relación entre escena y discursividad política

por 1 diciembre, 2014

Luego de una minuciosa investigación sobre el teatro callejero en Chile, el profesor y musicólogo Martín Farías realizó el documental “Más cerca de la luz”. “Muchas veces el teatro callejero ha sido visto como un tipo de teatro de segunda categoría, hecho por aficionados, cuando en la realidad es un trabajo tremendamente serio y que tiene el enorme valor de vincularse directamente con las personas en el espacio público”, asegura el realizador.
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Un documental sobre el teatro callejero entre los años 80 y la actualidad se estrena el próximo miércoles 17 de diciembre en la Cineteca Nacional del Centro Cultural La Moneda.

Se trata de “Más cerca de la luz”, del profesor y musicólogo Martín Farías. La obra, un proyecto Fondart, investiga sobre las diferentes compañías de teatro callejero en Santiago de Chile que, desde los años 80 hasta la actualidad, han intervenido las calles de la ciudad -con o sin permiso- captando la atención de los transeúntes, y en enfoca además experiencias de los años 90 y 2000 como el Teatro del Silencio, La Patogallina, Teatro Mendicantes y La Patriótico Interesante.

La obra tiene una duración de 65 minutos, en los que 12 actores y actrices entrevistados reflexionan en torno al quehacer del teatro callejero, sus principales problemáticas y desafíos, especialmente en el marco de los cambios políticos y sociales que ha vivido el país en los últimos 30 años.

Además discute acerca de las repercusiones sociales y artísticas del teatro callejero y el significado de hacer propio el espacio público. Las entrevistas se complementan con material de archivo fotográfico y audiovisual. Entre los entrevistados se encuentran actores como Horacio Videla, Ana María Montané, Cecilia Canto, Eduardo Irrazabal, Paulina Hunt, Renzo Briceño, Roberto Pablo, Rosa Ramírez, Sandro Larenas, Oxi Fernández, Ignacio Achurra y Gloria Salgado.

El sueo de pablo

La obra debe su título a una entrevista que dio el fallecido actor Andrés Pérez en el año 2000, “a propósito de que él volvió a hacer teatro callejero después de varios años”, explica el realizador. “Cuando le preguntaron cómo era volver a la calle, señaló: ‘Creo que el callejero está más cerca de la luz. Entonces, volver a hacer teatro callejero es retomar un camino diáfano’. Esta reflexión fue la que le dio el título al trabajo y también la que orientó la realización en términos estéticos”.

Poco valorado

Farías, que se ha especializado en la música popular chilena, en particular vinculada al teatro, no es un recién llegado en el tema. Ya ha publicado dos libros: “Encantadores de Serpientes: Músicos de teatro en Chile 1988-2011” (2013) y “Reconstruyendo el sonido de la escena: Músicos de teatro en Chile 1947-1987” (2014), ambas con editorial Cuarto Propio.

“La escasez de investigaciones acerca del teatro callejero chileno fue algo que me llamó la atención y que motivó la idea de realizar un estudio acerca del tema”, cuenta. “Paralelamente nos fuimos dando cuenta que varios de los protagonistas del teatro callejero pocas veces habían sido entrevistados y tenían testimonios muy interesantes que contar. Así se fue estructurando la idea de realizar una investigación cuyo resultado final fuera un documental que nos permitiera ver en primer plano a actores y actrices contando sus experiencias”.

mendicantes

A Farías le interesaba relevar la actividad teatral callejera como un tipo de teatro de gran importancia para las artes nacionales, “pero que ha sido escasamente valorado y estudiado”.

“Muchas veces el teatro callejero ha sido visto como un tipo de teatro de segunda categoría, hecho por aficionados, cuando en la realidad es un trabajo tremendamente serio y que tiene el enorme valor de vincularse directamente con las personas en el espacio público”, asegura.

Otro especialista, como el profesor universitario y dramaturgo César Farah, agrega que este movimiento estaba compuesto por “una serie de personas intentando articular un discurso que se sostenía en una relación profunda y compleja entre la escenificación, el montaje y la discursividad política -veladamente, la mayoría del tiempo-, para generar una puesta en escena que, dadas las circunstancias históricas, desarrollará una mirada, una voz y, por tanto, una reflexión sobre la coyuntura histórico-política de la época”.

“El teatro callejero fue muy, muy profuso en esta época, yo lo recuerdo: un tipo de espectáculo que daba cuenta de la necesidad de hablar, de hacerse oír, de elevar una voz, por marginal que fuera, en una sociedad claramente sobrerregulada, reglamentada y llena de miedo. Una voz que permitiera un discurso alternativo al régimen, un discurso más real,  más concreto y más ilustrativo de lo que un pueblo fuertemente reprimido quería decir, hablar, explotar... No puede olvidarse que una dictadura es brutal, sangrienta y terrible, y sobrevivir en ella -como hizo el teatro callejero- sólo habla de una necesidad de producir un discurso vital, real y definitivo sobre la existencia vivida en esas circunstancias”, dice Farah.

Coraje y valentía

Algunos temas fueron apareciendo a lo largo del proceso de investigación y luego, en las entrevistas, también se instalaron como problemáticas e inquietudes, cuenta el realizador.

“Por ejemplo el tema de intervenir el espacio público, las implicancias de este tipo de acción, la relación con los permisos y autorizaciones para realizar este tipo de espectáculos, los lenguajes y estéticas que se utilizan en la calle y sus diferencias con el teatro de sala. Lo que nos interesaba más que hacer un recorrido histórico, era poner en diálogo las visiones de los entrevistados en torno a estas temáticas”, dice.

Específicamente hablando del teatro callejero hecho en los años 80, durante la dictadura, a Farías le llamó la atención de la labor de los actores de este periodo por “el tremendo coraje y valentía de llevar el teatro a las calles en un momento en que acciones como esa eran tremendamente peligrosas. Considero que en esa labor hay una convicción de acercar el teatro a las personas en las circunstancias más adversas que me parece muy admirable”.

teatrocallejero

El documental se destaca por incluir filmaciones de esa época, que fueron aportadas por el cineasta Orlando Lübbert. Éste había grabado a la compañía Teatro de la Calle, que dirigía el actor Juan Manuel Sánchez. “Es un material muy valioso y estamos muy alegres de poder incluirlo en el documental”, señala Farías.

Cosas que nadie se atrevía a decir

Una de las que trabajó en esa compañía fue la actriz Ana María Montané (Melipilla, 1960), que estudió con Fernando Cuadra y Fernando González.

“Era joven, con inquietudes, y tenía ganar de hacer algo diferente, que la gente sonriera, que se detuviera por unos segundos a escuchar, cosas que nadie se atrevía a decir y por eso decidimos salir a la calle”, cuenta. Trabajó con Sánchez y Humberto Correa, entre otros, desde el año 1981.

Existía “la necesidad de expresión de tener historias que contar y que alguien debía escuchar”, recuerda otro actor de esa época, Roberto Pablo. El público era “incrédulo, burlón, pero se fue acostumbrando y se hizo parte”.

“Nuestro quehacer teatral se centró en la palabra”, explica Montané. “Teníamos que actuar y muchas veces arrancar, y con ropa de calle era más fácil. Nos confundíamos con el público, al principio fue así. Hacíamos pequeños cuadros de diez a quince minutos, de situaciones cotidianas nos reíamos de todo el mundo, y con humor era más fácil tirar tallas pesadas. La gente se reía, pero, a la vez pensaba y nos preguntaban después si no nos daba miedo… cuando se tiene la juventud uno es más irreverente”.

La actriz recuerda que la recepción del público siempre fue muy buena. “Nos esperaban, piensa que esto era en los 80, partimos el año 1981, época difícil... muy difícil. Para qué te cuento la primera vez que caí presa, dio colitis… Pero el deseo de estar en la calle era mayor, la necesidad de ese público de escuchar lo que nadie se atrevía a decir, era maravilloso”.

la patriotica

“Cuando nos llevaban presos, yo peleaba todo el rato con los pacos, no me callaba nunca”, agrega.  “Era un caso, me negaba a pagar multa y los mandaba a comprobar domicilio, o bien le decía a alguna persona que llamara a un abogado amigo que siempre nos ayudaba, Alejandro Hales. Él llamaba a la comisaria y nos soltaban”.

Pablo recuerda que era como jugar “al gato y al ratón”. “La micro de los pacos se retiraba cerca de la siete de la tarde, hora en que ya debíamos empezar, pero a veces eran más las ocho y no se iban. Apenas se movía la micro se empezaba a armar el espacio y el público se preparaba para  observar”, recuerda.

Añade que en algunos casos el público los ayudaba cuando venían las detenciones, “a mimetizar a los actores, siempre y cuando no tuvieran maquillaje o vestuario característico. Por eso usábamos vestuario negro y con muy poco elementos”. Aún así, Pablo a veces usaba elementos en altura, como banderas gigantes, mascarones, zancos, fuego e instrumentos. Por eso, “en muchas oportunidades nos quitaron nuestras cosas, instrumentos, cajas redoblantes y baquetas”.

En otras ocasiones, estos mismos elementos los salvaron. “Como no conocíamos el armado de los dragones chinos, los realizamos artesanalmente. Las cabezas eran de cartón  y telas y cuando llegaban los pacos a detenernos, las cabezas y cuerpos de los monstruos marinos no cabían por las puertas de las micros, así que nos echaban sin poder llevarnos”, agrega.

Fue una época complicada, pero a la vez muy gratificante, según Montané. “Hacíamos el callejero, luego nos íbamos a alguna peña, luego a un solidario, a distintas actividades clandestinas. A veces no te niego que pasamos susto, pero era muy bonito”, señala.

Para Pablo también era una época de contrates. Por un lado podían ser “denostados, descalificados por los propios colegas”. Y por otro, ser invitados a eventos como el Festival Internacional de Teatro Comunitario (Entepola) y actuar en ciudades como Asunción (Paraguay), Sao Paulo (Brasil) y Berlín (Alemania).

Las enseñanzas

Para Montané, el teatro callejero en los 80 sirvió, entre otros, para abrir los ojos a mucha gente que creía ciegamente en la dictadura. “Fuimos importantes, fuimos valientes a pesar de las amenazas, y estuvimos ahí, nadie nos contó, vivimos del callejero, hicimos de la calle nuestro quehacer diario. Todos los días estábamos esperando para poder actuar”.

lapatrioca

Pablo cree que la enseñanza que dejó fue que la cultura variable transversal a todos actividad del ser humanos porque es capaz de transmutar. “Cuando hacíamos teatro callejero en la década de los 80, no sabíamos lo que estábamos construyendo. No nos dimos cuenta hasta muchos años después que fuimos sembradores y cultivadores de la belleza natural y cotidiana. Ahora con el tiempo podemos observar los resultados”.

El actor lamenta, sin embargo, que las autoridades hayan “omitido, invisibilizado esta variable del la historia del teatro y no lo reconocen como un nicho en particular y la historia nacional del teatro chileno la convierte en una anécdota, en algo transitorio, sin valor”.

Con la llegada de la democracia, “al parecer perdimos el rumbo inmediato, como los ancianos al enfrentarse a un computador y al internet. No estábamos preparados para el cambio o al menos creíamos que se reconocería el trabajo y se  permitiría  compartir la experiencia. Nos sobrepasó y anonadó el sinnúmero de colegas que aparecieron pos llegada de la democracia mostrando sendos y abultados currículos y contando anécdotas que deberían ser las llaves que les abrieran las puerta de los escenario, los cuales muchos aun usufructúan de esos espacios”.

Hoy, muchos de aquella época están dirigiendo y enseñando a otros. “Los menos emigraron a otros sueños y todavía seguimos tejiendo utopías. En mi caso me llamaron para ser parte de una nueva perspectiva de política cultural en Recoleta”, concluye.

Comparación con la actualidad

¿Cómo se compara el teatro callejero actual con el de los 80? “Creo que lo que más ha cambiado es el contexto”, responde Farías. “En los 80 era un momento de muchísima represión, y por lo mismo el teatro callejero se enfrentaba con muchas dificultades. Algunos espectáculos eran cortos para lograr terminar la obra antes de que detuvieran a los actores”.

Agrega que hoy en día las cosas han cambiado un poco y por lo mismo es posible plantear nuevos desafíos. “Hay compañías que cuentan con mayores recursos para realizar sus montajes y el apoyo permite que los grupos logren desarrollar trabajos muy elaborados, con mayor complejidad en términos de uso del espacio público”.

“Sin embargo no quisiera dar la impresión de que en los 80 las cosas eran precarias y hoy son grandiosas. Ya en esos años había grupos muy vanguardistas en términos estéticos, haciendo cosas muy novedosas y aplicando un ingenio admirable para sortear las dificultades que enfrentaban”.

 

Ficha técnica

Dirección: Martín Farías

Producción: Tamara Capino

Investigación: Martín Farías y Eileen Karmy

Cámaras: Martín Farías y Eileen Karmy

Sonido: Eileen Karmy

Montaje y postproducción: Green Producciones

Diseño: Otro aire comunicaciones

Duración: 65 minutos

Idioma: Español

Subtítulos: Portugués, inglés y francés.

 

Estreno

Fecha: Miércoles 17 de diciembre a las 19:30 hrs.

Lugar: Cineteca del Centro Cultural La Moneda, Plaza de la Ciudadanía N° 26, Santiago Centro.

Entrada: Liberada

 

 

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