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Sin el Arte y la Cultura la Seguridad Pública es un saco sin fondo

por 29 abril, 2015

Sin el Arte y la Cultura la Seguridad Pública es un saco sin fondo
Marcelo Fierro. Músico y concejal por Peñalolén
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¿Hasta cuándo concebimos la Seguridad Ciudadana o Seguridad Pública como un ente aislado que se combate en forma independiente al resto de las políticas sociales? Al hablar de seguridad nuestro subconsciente se inunda inmediatamente de herramientas de control como alarmas, cámaras, rejas e iluminación, pero nunca de Arte y Cultura.

Cada gobierno de turno le ha impreso un sello particular y distintivo a la Seguridad Pública y a sus respectivos programas implementados en el seno de la ciudadanía, cambiándoles el nombre, los enfoques, las cifras, pero todos apuntando a un mismo objetivo final: garantizar la tranquilidad y seguridad de las personas. Sin embargo, al comparar algunos ítem de la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) realizadas por el INE entre el año 2005 y 2013, podemos observar que la percepción de aumento de la delincuencia en el país se mantiene con un promedio de 76% de los encuestados y que 8 de las 14 causas de la delincuencia percibidas por la comunidad, no han sido resueltas por ningún Plan Comunal de Seguridad Ciudadana, impulsado por el Estado de Chile.

El Arte y la Cultura, entonces, deben jugar un papel fundamental en la transformación de una nueva sociedad, en la transformación del individuo. Cualquier plan de seguridad que se pretenda implementar desde el nivel central debe contemplar en su génesis la transformación de la persona, fortalecer su seguridad a través desarrollar sus habilidades sociales y artísticas, resaltar los afectos y sensibilidad por la vida y finalmente promover, orientar y contribuir a los planes de Seguridad elaborados por la propia comunidad empoderada, como un eje estructural en los procesos de cambios sociales, aquel que posibilitará en forma lenta pero absolutamente segura un avance inminente en la seguridad de todos

Este resultado permite dilucidar la poca efectividad que ha tenido en la población, en los vecinos, el Plan se Seguridad Ciudadana. Basta citar que en la misma encuesta del INE, el índice de victimización ha disminuido 12 puntos porcentuales en 9 años, pero se mantiene en un muy alto nivel la percepción del aumento de la delincuencia.

¿Qué hacer entonces en esta materia, si los números no nos favorecen ni contribuyen al mejoramiento de la calidad de vida de las personas? Es tiempo de profundizar y descender a la vida real, a la base de nuestra población, para confirmar lo que por todos es conocido: la extrema desigualdad en la que viven. Desigualdad que se aprecia no sólo en lo económico o de sus condiciones de vida, sino también en uno de los derechos humanos más preciados e invaluables de la vida como es la Educación, el Arte y la Cultura.

Para buscar el equilibrio y brindar tranquilidad a la población, debemos dar una mirada transversal a la transformación social y humana, que permita descubrir a la persona de carne y hueso que habita nuestro espacio común, con necesidades extremas y que en ocasiones pide auxilio para no decaer. No verlo así, significa obligarlos a abandonar la posibilidad de transformarse en un ser distinto, renovado, educado, consciente, solidario, social, voluntario, en un padre, una madre, un hermano o un hijo que desvela su sueño por una sociedad más justa, más honrada, más diversa, más dinámica, más humana.

El Arte y la Cultura, entonces, deben jugar un papel fundamental en la transformación de una nueva sociedad, en la transformación del individuo. Cualquier plan de seguridad que se pretenda implementar desde el nivel central debe contemplar en su génesis la transformación de la persona, fortalecer su seguridad a través del desarrollo de sus habilidades sociales y artísticas, resaltar los afectos y sensibilidad por la vida y finalmente promover, orientar y contribuir a los planes de Seguridad elaborados por la propia comunidad empoderada, como un eje estructural en los procesos de cambios sociales, aquel que posibilitará en forma lenta pero absolutamente segura, un avance inminente en la seguridad de todos.

Cuando la mirada sobre la elaboración de las políticas públicas tengan una orientación holística, integral, participativa y trascienda los estereotipos y arquetipos establecidos por dogmas, recién podremos pensar en las posibilidades reales de construir una sociedad más humana, más alegre, más solidaria, más participativa y más segura. De lo contrario seguiremos transitando entre políticas de estancamiento que amenazan con fisurar, en cualquier momento, el dique que terminará por inundar completamente nuestros sentidos, ahogando de paso los verdaderos cambios que espera nuestra sociedad.

Sin el Arte y la Cultura, la Seguridad Pública es un saco sin fondo.

 

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