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Escritora Natalia Berbelagua: el abandono paterno "afecta a la persona y su manera de vincularse con el mundo"

por 24 julio, 2019

Escritora Natalia Berbelagua: el abandono paterno “afecta a la persona y su manera de vincularse con el mundo”

Crédito: Benjamín Pérez

Polifacética, Natalia Berbelagua (Santiago, 1985) es autora de libros como Valporno (2011), traducido al italiano en 2016 por Edicola Ediciones; La bella muerte (2013), Domingo (2015) y el poemario La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (2016). Recientemente publicó la novela Hija natural (Emecé, 2019).
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“En esta construcción familiar no hay vida sin muerte, no hay muerte sin dramatismo, no hay paz sin tranquilizantes, no hay amor sin sufrimiento, no hay humor si no es negro”, fragmento de la novela Hija natural.

Natalia Berbelagua se caracteriza por desarrollar su trabajo en distintos ámbitos, ha escrito guiones para televisión y ha publicado columnas para importantes medios como El país de España. En esta entrevista es sobre su último trabajo, Hija natural (Emecé, 2019), que aborda el abandono paterno, los miedos, las angustias, el difícil camino a la adultez. Porque las heridas familiares, muchas veces y no sin humor de por medio, son herencias pesadas que afectan la personalidad y las decisiones futuras. 

-Esta es tu primera novela, ¿cómo surge Hija natural

Esta novela surgió por la necesidad de cambiar de formato. Del cuento me pasé a la prosa poética, que fue lo que trabajé en “Domingo”, y la poesía. Entonces cada vez me iba haciendo más mínima. Iba trabajando en formatos más pequeños y la idea que apareció necesitaba un espacio mayor. Hasta este momento no había publicado una novela y me parecía un desafío coherente con mi escritura, que es profundizar o ser un poco más superficial en la medida que la historia lo necesite. Hija natural me costó un montón hacerla realidad, porque trabajar en un formato de cuento o en un relato más fragmentario es casi como trabajar con otra parte del cerebro; hay que ser mucho más sintético, organizar las ideas de una forma muy concreta. En general trabajo las imágenes casi como si fueran poesía. Pero trabajar en esta narrativa, mucho más extensa, teniendo en cuenta que necesitaba muchos más personajes, no fue una tarea fácil. En un principio la novela llegó a tener casi trescientas páginas, era otra novela. La partí escribiendo hace cuatro años, tenía una muy buena primera parte hasta que apareció un párrafo nuevo y ese párrafo nuevo resquebrajó toda la estructura de la novela. Así, al final final, solo rescaté cerca de treinta páginas. Fue un trabajo de escritura, de edición grupal, de una necesidad personal de poner en palabras algo que tenía que ver con mi biografía, el abandono paterno, y que también había aparecido en un poemario anterior, La marca blanca en el piso…. Tengo la sensación de que las cosas que veo, las veo con esa narratividad. El rollo de ser escritor te agarra todo, ya no hay tanta separación entre lo que uno podría ser en el espacio de trabajo o fuera.    

Hijos naturales

-Por mucho tiempo en Chile, a los hijos nacidos fuera del matrimonio, se les llamaba “hijos naturales”, ya no existe esa denominación, pero sigue existiendo una herencia de ausencia y desarraigo, ¿cuánto de esa carga, de ese no reconocimiento social y familiar, pesa en una historia como esta? 

Antes de la ley, de 1998, había una clasificación que era muy precisa. Existía el timbre que decía “hijo natural reconocido por el padre”, “hijo natural no reconocido por el padre”. Entonces, desde el lenguaje había una necesidad de decir que estos hijos eran más aceptados que estos otros hijos, o este es el modelo correcto de familia. Creo que el libro, en particular, llega en un momento donde la discusión, incluso de género, va un poco para allá. Por pura casualidad, hace un par de semanas atrás empezaron a salir noticias que tenían que ver con el abandono del padre, con los hombres que no pagan la pensión alimenticia; y también porque esa figura del abandono y del rechazo desde la figura paterna, que es el Estado en cierta forma, llena de simbolismos, afecta a la persona, su manera de vincularse con el mundo.

-Obligaciones familiares que se trasmiten de padres a hijos. “Bolsas con piedras”, dices. A propósito de eso, ¿Cómo va lidiando la protagonista con esto, en la configuración de su personalidad y en las consecuencias de sus actos?

Creo que esos fragmentos del libro que mencionas no solamente aparecieron en la protagonista como ficción, sino que varios de esos momentos los viví yo, y también me lo contaron muchas otras personas. Como si el abandono fuera una situación repetitiva. Estaba la idea de un padre que abandonaba, que a su vez había sido abandonado y ese primero que había abandonado, también había sido abandonado. Es una larga cadena de abandono que tiene que ver con la historia del país. Es una cultura idiosincrática el abandono paterno. 

“Bolsas con piedras” expresa, por una parte, una especie de humillación que se lleva a cuestas como un peso; y por otra, sentir que hay demasiadas expectativas puestas encima, porque cuando hay figuras que no están (claro, hay familias donde no está ni el padre ni la madre, ni nadie cumple ese rol, que son los casos más dramáticos) y un abuelo o un tío, cumple ese rol, se genera un cargo de deuda, porque en teoría no debería hacerse cargo. Los padres deberían amarte incondicionalmente, lo que no siempre ocurre. 

Volviendo a la idea de la repetición, de cómo el abandono se repite, en el caso de la novela la protagonista inventa que el papá muere en un accidente de avión como la primera ficción, la primera forma de vincularse con este padre que no está, y luego tiene que seguir repitiendo la historia. Y ese es el motor del libro, que aparece en la primera parte: quiero contar esta historia y va a ser la última vez que la voy a contar. Hay una idea, desde donde me narro yo, desde donde me reconozco cuando los otros no me reconocen.  

El trauma sin hilo narrativo

-En términos escriturales, tu novela no parece obedecer a secuencias lineales, más bien a fragmentos, o quizá recuerdos, anécdotas, bestiarios de infancia, ¿esto fue así desde el principio, o fue mutando?

Eso se mantuvo. En ese tiempo había leído un ensayo, La mujer temblorosa de Siri Hustvedt, donde la escritora contaba que le había tocado dar una charla al poco tiempo de la muerte de su padre y se puso a temblar muy fuerte, le empezaron a dar unos espasmos mientras estaba hablando frente al público, que eran psiquiatras y neurólogos, y no sabía por qué le había pasado eso. Luego, empieza a organizar una historia para explicarse a sí misma todos los puntos de vista posibles (médicos, psiquiátricos, emocionales). Cuando leí este texto me llamó mucho la atención que en general el trauma no tenía hilo narrativo. El trauma es el trauma, aparece. Y va a aparecer una y otra vez. Entonces quise trabajar eso en el libro. Trabajar con los recuerdos, trabajar las memorias de la protagonista pero siempre volviendo a este punto. 

-Muchos personajes de tu novela, incluyendo la protagonista, se automedican para paliar dolores de diversa índole. ¿Buscabas reflejar una realidad similar a lo que pasa en nuestro país con el tema de la salud mental?

Chile es un país donde el fármaco cumple una función clave. Yo creo que ya en diez años más el país está para que le empiecen a echar fluoxetina al agua potable. La crisis de la salud mental es muy potente. Por otro lado, la automedicación es como una especie de abandono y de desdén contigo mismo pero, al mismo tiempo, como una sanación entre comillas. Yo vengo de una familia muy buena para los fármacos en general. Se habla de fármacos muy frecuentemente. También experimenté con los fármacos en alguna época. En la novela, el tema del fármaco es importante porque mantiene adormecida a la familia. Están pasando cosas muy potentes, durísimas, como la muerte del abuelo, la posibilidad del suicidio de la hermana chica, y el fármaco es el que mantiene la estabilidad, aminora la tensión. Sin el fármaco, tal vez, la historia hubiese hecho crisis mucho antes. 

Violencia de género

-En una lectura de género, los roles masculinos no quedan bien parados. ¿Crees que es más difícil aproximarse, de manera positiva, a la masculinidad heteronormada dados los recursos culturales a los cuales están expuestos hoy en día? 

Si este libro hubiera sido más largo, si se contara lo que pasó después de la última parte, tal vez la visión de los hombres hubiese cambiado. Hija natural habla solo del proceso donde la figura masculina completa está en crisis; y la protagonista como mujer de cierta edad también está en crisis. Creo que ahora en adelante me gustaría hablar de las oscuridades personales de hombres y mujeres, porque si lo piensas también la mamá es una mujer súper ambivalente en la novela. 

-La protagonista vive su niñez y adolescencia con miedo, miedo a un contexto hostil y salvaje, a la violencia de género, ¿crees que narrativas como Hija natural ayudan a reflexionar respecto a un problema de honda urgencia?

Todas esas historias se dieron de manera natural, y yo te diría que esa parte en particular es más bien autobiográfica. Esas historias son reales y pasaron a principios de los 90. En ese tiempo había una cierta naturalización del horror, porque quizá veníamos de la dictadura, un horror que había permanecido, que era como una constante, por tanto no destacaban mucho más frente a otras historias. Ahora existe una conciencia suficiente para decir que la desaparición no es normal, que una mujer sea violada por cuatro hombres y que su papá por todo el resto de su vida vaya a dejarla a la micro, te habla de una ferocidad, de una brutalidad social muy potente. Eso es la realidad, es así. No creo que haya un afán reivindicatorio de mi parte, sino que creo que mientras más real sea una historia hay más posibilidad de emocionarse, y para mí es más interesante trabajarlo desde la honestidad.

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