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Una sociedad que entró en crisis. Reseña de "Octubre Chileno" de Carlos Ruiz

por 3 junio, 2020

Una sociedad que entró en crisis. Reseña de
La revuelta agilizó la rearticulación social y política. Empujando un proceso que vale la pena mirar: la reconfiguración del tablero político institucional actual, donde habitan representantes de la élite neoliberal, nuevas fuerzas de izquierda y derecha y viejos estandartes del periodo que termina.
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Al recorrer las páginas de Octubre chileno es fácil darse cuenta de que está escrito en caliente, de algún modo, la revuelta se vuelve libro con páginas que reviven el minuto a minuto de aquel octubre inolvidable, donde es fácil que se apriete el corazón y la guata. Con todo y evitando revelaciones innecesarias, leer Octubre chileno es estimulante: activa y tiene potencia de aumentar la capacidad de acción de este nuevo pueblo.

El neoliberalismo a la chilena, impuesto a sangre y fuego durante la dictadura y que ostentó durante largos años el no tener contrapesos efectivos ni dentro ni fuera de los gobiernos concertacionistas, se ha visto expuesto al escrutinio popular. Carlos Ruiz Encina señala lúcidamente, que la demora de los cambios -que se dan por venideros- depende de al menos, dos factores, 1) la porfía de las elites del abuso neoliberal y 2) el ritmo de la formación política de la presión popular que ha estallado y la posibilidad de establecer con ello una nueva correlación histórica de fuerzas.

En ese sentido las fuerzas sociales y políticas transformadoras están enfrentadas a la difícil misión de tomar el lugar correcto en este proceso. El nuevo Chile no tiene receta preconcebida, pero la historia reciente aporta elementos relevantes: el cambio no vendrá de una imposición estatal, no puede ser decretado ni controlado, vendrá de la fuerza social organizada y de su propio ímpetu creativo.

Sobre la porfía de las elites sobran ejemplos. El 9 de octubre de 2018, exactamente nueve días antes de la revuelta, Sebastián Piñera se refirió a Chile como “un verdadero oasis en una América Latina convulsionada”. No será un oasis para las grandes mayorías, pensemos en quienes no tienen agua en Petorca, en los despojos y la represión que vive el pueblo mapuche, en quienes están sobre endeudados, y en tantos otros y otras, pero lo cierto es que para algunos este país si ha sido tal. Tanto así que han podido hacer sus negocios sin necesidad de innovar y se han vuelto multimillonarios. No bastándoles aquello se han coludido recibiendo penas irrisorias, y han comprado a políticos para tener todavía más garantías del sistema. Han forjado su oasis a costa del Estado, a costa del trabajo de otros y han vendido y comprado básicamente todo. Pero la porfía va más allá, algunos incluso se atreven a decir que esto es asunto de razas, las mayorías molestas serían de una mala raza por cierto. El asunto del aprovechamiento es tan real que la mismísima Cecilia Morel señaló “y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás” a confesión de parte, relevo de pruebas. Pero el apetito desmedido no desapareció, sólo se vio contenido por la protesta, una vez que la pandemia obligó el repliegue, la voracidad empresarial y la necesidad de seguir profundizando este - su - sistema de privilegios y comodidades se ha vuelto a hacer notar. A brazo torcido han defendido el derecho de propiedad y el derecho de las empresas de ser salvadas por el Estado sin retribución alguna, dejando claro de que lado de la historia están. 

Sobre la constitución de fuerza política popular y la nueva correlación de fuerzas, no podemos ser tan concluyentes. Las nuevas condiciones que el pueblo movilizado ha construido son tierra fértil para el cambio, pero no bastan para parirlo. La hondura de la transformación neoliberal empezada en dictadura es brutal y para superarla se requiere una transformación de similar profundidad. Esta tarea requiere de la existencia de un periodo histórico de cambios, donde cada conquista se sume a la anterior y devenga en una nueva forma de relación social para las décadas siguientes. En esta labor titánica cobra sentido revivir el concepto de “bloque histórico”, entendido como el entramado de fuerza humana que materialice el anhelo de dignidad. Dicho bloque no puede tener otra génesis que la expresión política de este nuevo pueblo que “Octubre chileno” caracteriza tan bien. 

La revuelta agilizó la rearticulación social y política. Empujando un proceso que vale la pena mirar: la reconfiguración del tablero político institucional actual, donde habitan representantes de la élite neoliberal, nuevas fuerzas de izquierda y derecha y viejos estandartes del periodo que termina. Considerando la necesidad de un bloque histórico que materialice los cambios y con un proceso de reconfiguración andando hay que preguntarse qué hacer para mejorar las condiciones de existencia de un periodo transformador y evitar el anhelo elitario gatopardista de cambiarlo todo para que todo siga igual. 

En ese sentido las fuerzas sociales y políticas transformadoras están enfrentadas a la difícil misión de tomar el lugar correcto en este proceso. El nuevo Chile no tiene receta preconcebida, pero la historia reciente aporta elementos relevantes: el cambio no vendrá de una imposición estatal, no puede ser decretado ni controlado, vendrá de la fuerza social organizada y de su propio ímpetu creativo. Como reza el autor no hay atajos posibles. Habrá que acumular poder estatal también, pero aquello está lejos de ser un objetivo en sí mismo.   



Para que la frase “Si en Chile se estrenó el engendro del neoliberalismo, es muy posible que sea aquí también donde primero se lo sepulte” se haga realidad aún queda camino por recorrer, y para transitar ese camino el texto de Carlos Ruiz Encina es un brújula que vale la pena llevar consigo.

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